Iconoclastas en el centenario de Annual

Por Carlos de Bustamante

 (Carga del río Igan, por Augusto Ferrer-Dalmau)

Me cabe el honor de ser hijo del que fuera en Melilla durante la guerra de África (1921) teniente Manuel de Bustamante y Sánchez. Recién salido de la Academia y con 21 años, fue destinado al Regimiento de Artillería en Medina del Campo. Poco tiempo después y al mando accidental de su batería se le envió a Melilla.

Después del desastre por traición de Annual, la españolísima ciudad corría un peligro inminente de exterminio por las tropas rifeñas del sanguinario Abd el-Krim.  El teniente Bustamante, al mando accidental de su batería, apoyó con el fuego a la columna legionaria del comandante Franco.  Por esta y otras muchas acciones de bélicas, siempre en apoyo de Franco y la Legión, se la denominó “Batería Legionaria”.  Cuando la guerra se lo permitía, jefe y oficial compartían tienda de campaña.  Y sobre grandes cajas de munición artillera, escribían ambos a sus respectivas novias. Matrimonio con ellas en cuanto finalizó la campaña.

Cuando uno de mis hermanos estuvo destinado en la guardia del   Generalísimo Franco, aun sin prebenda alguna, le denominaba `el hijo de Manolito´.

Antes de transcribir el épico relato de Eduardo García Serrano, me permitiréis, amigos, unas breves consideraciones del que, con la heroica escuela africana, fue quien primero derrotó al que poco tiempo después sería enemigo público número uno del mundo civilizado:  el comunismo marxista-Leninista.

Son de sobra conocidas las cualidades logísticas, tácticas y estratégicas para la guerra del que pronto sería el general   más joven   en edad y prestigio de Europa. Menos conocidas   son, sin embargo, otrs virtudes y cualidades que poseyó en grado sumo. Fue tal su arte de bien mandar que pronto se hizo querer y respetar; no solo por las tropas propias, sino en la terrible guerra africana, ¡incluso por el enemigo!

Porque lo avalan propios y extraños, no por casualidad fue importante el contingente de tropas del Magreb que combatieron a sus órdenes en nuestra guerra civil o, pese a quien pese, `de Liberación´. Abundante sangre mora regó nuestros campos de batalla en el bando Nacional; y no en el comunista como hubiera sido más lógico tratándose de enemigos encarnizados pocos años antes. Por si esto fuera poco, mora fue la escolta personal en los desplazamientos del  caudillo  por pueblos y ciudades de España o en los grandes eventos multitudinarios.

Cumplido el deber de gratitud, os dejo mis amigos con García Serrano, que escribe   bajo el título “Nadie gritó en Melilla ¡A mí la Legión! para salvar al comandante Franco”:

“La traición repta en el olvido viscoso que ensucia Melilla con la retirada de la estatua del comandante Franco, consumando la vileza que colma la villanía perpetrada contra el soldado que salvó a Melilla de las fauces de la horda rifeña.

Tras el pavoroso Desastre de Annual, once mil muertos sobre el campo de batalla y miles de prisioneros torturados con la paciente crueldad musulmana, Melilla ya tenía la gumía en el cuello y el cañón del fusil en la frente. Hace cien años Melilla aleteaba como un ave sacrificial en las manos de Abd el-Krim: en la derecha la muerte, en la izquierda la violación y la esclavitud. Para las hordas rifeñas Annual era el preludio, Melilla el epitafio de su victoria escrita en los cascos de sus monturas y en las babuchas de sus guerreros. El destino de Melilla era un mandato coránico: un matadero y un burdel. Los hombres, a filo de cuchillo desde el vientre al gaznate, las mujeres y los niños, a los prostíbulos de Mahoma, desde el Magreb al Éufrates, y la ciudad al saqueo y al pillaje de la soldadesca rifeña.

Hace cien años las campanas de Melilla no doblaron ni tocaron a rebato, gritaron ¡A mí la Legión! hasta desgarrar el bronce de sus gargantas. El grito de Melilla mudó, en la alquimia de la corneta militar, en el toque de zafarrancho de combate del Credo Legionario. El comandante Franco, al mando de la I Bandera del Tercio, acudió al fuego. Él y sus hombres volaron sobre sus alpargatas en una marcha jamás igualada por ninguna infantería del mundo, más de cien kilómetros en apenas treinta horas. Las águilas, los galgos y los bucéfalos del comandante Franco buscaron con sus bayonetas al enemigo. Lo encontraron agazapado en su ferocidad. Combatieron como falangistas espartanos, lucharon como los legionarios de César, se batieron como los veteranos del Gran Capitán y como los lobos ibéricos de la Guerrilla contra los mariscales franceses. La I Bandera de la Legión desplegó todo el valor y toda la velocidad, todo el coraje, toda la inteligencia estratégica y toda la brillantez táctica de su comandante, el legendario Francisco Franco, al que hasta sus enemigos de la horda musulmana consideraban un Aquiles bendecido por la Baraka de Alá, bautizado con el fuego de los dioses de la Guerra.

Para ganar el Laurel de la Victoria y arrancar Melilla de las fauces de Abd el-Krim, la I Bandera de la Legión tuvo que llegar, como ordena el Credo Legionario, al cuerpo a cuerpo, el éxtasis del combate de Infantería, en el que sólo medio metro de acero te separa del cuerpo del enemigo y ves cómo la vida se le derrumba a tus pies mientras el alma se le escapa por los ojos. Y das gracias a Dios por haber sido más rápido y más certero y gritas “Santiago y cierra, España” buscando otro sarraceno al que ensartar para impedir que los campanarios de Melilla se convirtieran en minaretes de Alá.

Así salvó el comandante Franco a Melilla en aquel agosto atroz de 1921, pocos días después de la catástrofe de Annual. Cien años después, los traidores que gobiernan en Melilla han arrancado la estatua del soldado que libró a la ciudad de la matanza, del saqueo y de la esclavitud. Ni una sola voz se ha alzado, como un campanario de dignidad, para gritar ¡A mí la Legión! en defensa del comandante Franco. Con la consumación de esa felonía, cada vez que el sol ilumine la ciudad, Melilla brillará, como el resto de España, como brillan las escamas de un reptil.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

Lo más leído