Quizá necesitemos nuevas voces

Por Javier Pardo de Santayana

 (Tercer avión que llega de Afganistán)

Advierto a mi lector que este artículo recoge simplemente observaciones sugeridas por la situación y algunos acontecimientos nuevos de este verano que ahora acaba. Un verano sui generis fruto del especial carácter de unos últimos meses que todos quisiéramos ver de transición a otros mejores.

Meses contradictorios entre el peligro y el relajamiento, en los que hemos intentado convencernos de que esto es ya otra cosa; que, aunque conscientes de que en el fondo todo ha seguido más o menos igual que meses antes, el dolor y la muerte habían relajado su amenaza. Seguimos, sí, a vueltas con los números y porcentajes de contagiados y de defunciones: de datos que poco importan ya a los que ya nos dejaron.

Pero como es verano, y hace sol y las playas han acabado finalmente por llenarse, los vivos hemos adquirido una actitud más positiva. Y eso que la información sobre el famoso monotema es poco menos que caótica, pues en un mismo minuto podemos oír cosas opuestas: tan pronto son noticias que transmiten un mensaje tranquilizador en apariencia como otro francamente preocupante, así que nuestra conclusión acaba siendo que verdaderamente nadie sabe nada. Y así nos preguntamos qué ocurrirá cuando comience el curso: si volveremos donde estábamos o volveremos a un mundo diferente.

Con eso estábamos hace solo unos días cuando para mayor confusión nos llega la noticia de un auténtico desastre que no nos afectará directamente, mas que seguramente cambiará nuestro futuro: el descomunal desastre afgano, esa derrota de Occidente que evidencia y culmina una tragedia de repercusión incalculable pero que de seguro está a la misma altura o mayor que la pandemia. Impresionante perspectiva ciertamente; algo como para parar el mundo el tiempo necesario para reflexionar sobre lo que nos ha ocurrido antes de seguir adelante con la vida.

Lo que parece claro es que nada será ya igual: que no habrá “nueva normalidad” sino una anormalidad más o menos permanente como la de gran parte del pasado siglo que nos obligará de nuevo a desandar lo andado y recuperar lo conseguido con un planteamiento nuevo tanto de nuestra convivencia en sociedad, haciendo compatibles la libertad y la dependencia mutua con una salud asegurada que nos permita vivir sin sobresaltos e intentando conformar un nuevo orden mundial, hoy otra vez patas arriba por el mal gobierno practicado en los comienzos de este siglo por una generación que, despreciando el esfuerzo de sus predecesores, no supo o no ha querido aprovechar los importantes avances avances que éstos se adquirieron. Esperaremos que lo intenten y lo hagan con sentido de realismo y de futuro aunque quizá ya sea demasiado tarde.

Todo lo cual exigirá un impulso decidido y firme para el que no bastarán los políticos al uso, que  simplemente se manejan con los habituales trucos y sistemas basados en las facilidades que les proporcionan los últimos avances tecnológicos que modelan las actitudes del gran público y actúan habitualmente entre la información y la mentira; aquellos que manejan los resortes psicológicos de las redes sociales hasta imponer en nuestras relaciones cotidianas las repetidas – casi constantes – expresiones de “la verdad es que”.

Quiero decir que quizá sea preciso que nuevamente surja, como antaño, un puñado de voces disonantes a la manera de las voces proféticas de antaño, al estilo de las que en su día propusieron nada menos que la construcción de Europa: voces como las de los Adenauer, De Gasperi o Monnet.

Aunque quizás fueron contraproducentes considerando que aquellos sueños luminosos y de  inspiración  cristiana han acabado como ustedes saben.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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