Según parece el mundo sigue igual

Por Javier Pardo de Santayana

(Los talibanes en el gimnasio del palacio presidencial)

Veo unas imágenes curiosas: primero la de un grupo de desmañados talibanes montados en los coches de choque y disfrutando como niños. Luego paso a ver otro grupo parecido en el que otros cuantos barbudos se muestran manejando los variopintos aparatos de un gimnasio moderno. Y lo que en ambos casos predomina es el asombro infantil de quienes parecen descubrir un mundo ajeno y antes prohibido que nunca tuvieron a su alcance mas del que ahora disfrutan con un aire como de atrevimiento alborozado.

Buena escenificación de lo que está ocurriendo: del asombro que nos produce constatar la existencia de un mundo primitivo que está a años luz del nuestro, y sin embargo ya fue capaz de sacarnos los colores. Lo haría por primera vez, como en un gesto significativo, precisamente al comenzar el nuevo siglo. Y a falta de medios propios exhibiendo la perversa astucia de aprovechar los propios del contrario, para lo cual sólo tendría que contar con unos pocos hombres dispuestos a inmolarse. O sea que, para mayor recochineo, la faena les saldría gratis.

Quiere esto decir que las dos imágenes que traigo a colación en este artículo pueden fundirse en una sola: la que de alguna forma representaría la impúdica debilidad de un mundo que se atreve a pretender poner un hombre en el planeta Marte pero es incapaz de domeñar a unos señores que se quedaron parados en la Historia. Afganistán es una buena prueba de ello, como lo son también los coletazos de un comunismo que todavía mueve el rabo incluso en nuestros propios lares pese al desprestigio que sufrió al terminar el siglo XX, cuando pudo concebirse la esperanza de un triunfo clamoroso del modelo de organización política y social de aquello que llamamos Occidente.

El caso es que llegamos a creernos que la globalización que se produjo tras la confrontación del siglo XX entre dos bloques opuestos e irreconciliables tendería a igualar las soluciones adoptadas en favor del modelo occidental de libertad y buen gobierno, dentro del cual resultaría totalmente impensable por su anacronismo cualquiera que supusiera, por ejemplo, ocultar el rostro a las mujeres o privarlas de vivir su vida plenamente.

Ahora habrá que ver hasta qué punto los afganos aceptan sin rechistar el retornar a su pasado después de haber probado algo mejor. Mas suponemos que el dominio de los talibanes volverá a ser tan excluyente y tan estricto que no admitirá el menor relajamiento. Es decir que lo más probable, por no decir lo más seguro, será que nuevamente se paren los relojes y que el país retroceda de nuevo varios siglos.

Lo cual quiere decir que no se han roto demasiados moldes y que la historia se repite: que tanta tragedia y sufrimiento para poco ha servido realmente, y que las turbulencias del pasado siglo bien pudieran repetirse con la particularidad de que quizá ya los occidentales no contemos con la absoluta superioridad moral de antaño. A lo que habrá que añadir el indudable desprestigio que hoy marca su pasado liderazgo. Habrá que ver, por tanto, si el pensamiento occidental, admitido hasta ahora como propio por las instancias internacionales, seguirá o no siendo un modelo obligado para ellas.

O sea que el siglo XXI ya raramente será un siglo de esperanza en el que la organización sociopolítica responda a los niveles de lógica adquiridos y desarrollados por la ciencia o a la natural evolución de nuestra convivencia conforme a los avances de los tiempos. Por el contrario, según parece volveremos sin remedio a los vicios y males de costumbre como si nada se hubiera aprendido; como si empezáramos.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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