La publicidad, los españoles y la juerga

Por Javier Pardo de Santayana

(Desfile de la colección 2021-2022 de Valentino)

Siguiendo un concurso televisivo de éxito en el que el simple observador puede medir su acierto en el manejo del idioma, tengo ocasión de leer una sencilla frase sometida a su descubrimiento por los participantes en directo. Dice algo así como “¿por qué será que los anuncios de perfumes tienen siempre un tratamiento tan siniestro?”

Y me veo a mí mismo preguntándolo, pues siempre me he planteado una pregunta parecida ya que desconozco a qué santo puede venir esa tendencia a presentar hermosas y atractivas mujeres con gesto de contenido sufrimiento y en un ambiente equívoco cuando en realidad debiera situarnos en la satisfacción y la alegría que suele suscitarnos la belleza. Choque brutal éste entre las actitudes que esperábamos y la elegida por unos publicistas que nos hacen cavilar sobre el tipo de circunstancia en la que se supone suelan vivir esas espléndidas mujeres que, pese a todo, parecen disfrutar de la tristeza en un ambiente equívoco en el que raramente surge una sonrisa. Y  fíjese usted en la casualidad que parece existir cuando en relación con el placer y la tristeza nos llega la noticia de que cierto joven eligió ser objeto de desprecio y mofa – y hasta de intenso sufrimiento – como modo de incitación sexual “apetecible”.

También me viene a la memoria aquel anuncio que acabaría diciendo algo así como que las verdaderas mujeres buenas son “las malas”, eslogan ciertamente impresentable y que supongo que oído por los jóvenes de ahora puede mover a las peores intenciones en su relación con el sexo femenino. Y sin necesidad de llegar a tal extremo basta con contemplar el gesto de seriedad y casi sufrimiento que exhiben las modelos al exhibir la ropa en los desfiles, es decir en una situación que cualquiera imagina gozosa y agradable aunque no sea más que por lo generosamente con que suele ser recompensada.

Así que tengo la impresión de haber llegado a un punto en el que las defensas morales se nos han debilitado ya en un grado máximo. He ahí, como ejemplo significativo, la nueva publicidad de Cocacola, una bebida muy propia del gusto de los niños, en la que se muestra el asombro de algunos de éstos ante el comportamiento en la intimidad de su predecesores: momentos cuya innecesaria exhibición ante los más pequeños supongo que acabará siendo imposible de evitar.

En suma, incitaciones y detalles que al repetirse continuamente ante los ojos y los oídos de los televidentes llegarán necesariamente a influir en nuestro subconsciente, contribuyendo así a la formación del pensamiento y la conciencia de la gente de cualquier edad. Como contribuirá también poderosamente a una confusión de los valores y del sentido de la vida con el atractivo adicional de lo prohibido y la facilidad de acceso a los programas pornográficos; algo que “en nuestros tiempos” no existía como ahora, mas que, aún de haber existido, habría tropezado con una extendida y arraigada formación religiosa labrada en las familias y en la escuela.

O sea que en vez de avanzar estamos reculando, como reculamos también, tal como estamos revelando, al tomar como bandera de nuestro progreso la autoría de los famosos “botellones”, es decir, de una impresentable muestra de mala educación y desenfreno que es desgraciado paradigma de un estilo de vida sin sentido y de un invento que, además de constituir un evidente mal ejemplo, aterrará seguramente a muchos padres europeos mientras ya de entrada hace sufrir a las familias españolas todos los fines de semana sin que, según parece, exista ni siquiera el menor  deseo de evitarlo.

Pues incapaces de ponernos serios, y pese a que la amenaza afecta a la salud y condición moral de muchos miles de españoles, no ha merecido mejor reacción de nuestros gobernantes y de esta sociedad enferma de falta del sentido del mal y del pecado – si. del pecado – que la de algún lamento acongojado por el perjuicio que el famoso virus ha causado…¡a la vida nocturna de nuestros compatriotas!

RS: Cabe recordar que uno de los frutos de los famosos “botellones” fue la muerte de una niña de tan solo doce años como consecuencia de una excesiva ingesta del alcohol.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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