Hablando de cristianos auténticos

Por Javier Pardo de Santayana

(Valle de los Caidos)

A estas alturas de la vida mi improbable lector debe tener perfectamente claro que una de mis fuentes de inspiración a la hora de escribir suele ser mi natural asombro ante los gran frecuencia con que observo que los españoles no se asombran ante determinadas circunstancias que lo exigen. Y esto es lo que hoy domingo me ha surgido de forma natural durante el desarrollo de la misa en este pueblo cántabro en que vivo. Mirad estas palabras: “El que quiera venir conmigo que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga…”, y “El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí la salvará…”

Estas palabras resonaban en mi mente cuando el sacerdote inició la lectura de la homilía del domingo, cosa que llevó a cabo con gran acierto y brillantez. Nada pues que comentar especialmente sin alargarme en este artículo. Pero es el caso que las exigentes frases del citado evangelio de este día habían ya desencadenado mi conexión con algo que en aquel momento se me venía a la memoria y que a partir de entonces echaría en falta.

Será demasiado imaginar quizá, pero me pareció que la disertación del párroco  bien merecía ser culminada con algún ejemplo de fidelidad a la Fe que simplemente conectara con la actitud mostrada por sus compatriotas en términos históricos. Es decir, con la cita de alguna actuación ejemplar que refrendase la autenticidad del cumplimiento de aquellas palabras por algunos ejemplares españoles, singularmente por el hecho de que la persecución religiosa no sólo no es cosa del pasado tal como quizás pudiera parecer, sino que sigue sucediendo en nuestros días hasta el punto de exigir un seguimiento que se sigue practicando y cuyos resultados son ciertamente sorprendentes en términos numéricos, por lo cual lo que debiera a mi juicio resaltarse al recordar este evangelio es ya de entrada lo poco que parece preocuparnos la situación de tantos cristianos como ahora sufren la amenaza, la prisión o la muerte en muchas partes de un mundo definitivamente ya globalizado; de aquí que una de las principales conclusiones que debiéramos sacar en nuestros días es que debemos orar con más frecuencia por nuestros hermanos perseguidos  que se hallan casi abandonados por nosotros. Pero a la hora de sacar consecuencias pastorales que se deduzcan directamente en nuestro caso parece pregunta obligada la de cómo reaccionaríamos nosotros ante la presión de una amenaza-. Yen esto hay que reconocer que casi ni siquiera entramos.

Y sin embargo no sería nada verdaderamente ajeno a la situación en que vivimos, en primer lugar por que ya estamos viviendo en nuestro propio caso actual no pocas circunstancias de persecución aunque no sea estrictamente con peligro de muerte o daño físico. Mas, sobre todo, porque para encontrar situaciones en las que a los cristianos españoles se les plantee el durísimo dilema de escoger entre perder la vida o salvarla renegando de su fe, no es necesario retroceder en la historia más allá de los cercanos tiempos de nuestros abuelos y en muchos casos de nuestros propios padres. Y, como lo que ocurrió en aquellos tiempos debiera ser cosa de todos conocido, y por añadidura deja bien clara la categoría moral y religiosa de nuestros antecesores más cercanos, no deja en absoluto de extrañarnos que su ejemplo no sea citado por las generaciones nuevas como recurso natural – y uno diría que obligado – en ocasiones como la que nos ocupa, ya que así nos lo atestigua el imponente número de quienes se mostraron firmes en la fe y así dieron la vida sin renegar de ella. Que fueron, nada menos que 18 obispos, 4.184 sacerdotes, 2.365 frailes, 281monjas, y 184 seglares: Un total por tanto de más de 7000 personas, todas los cuales “cargaron con su cruz y le siguieron”. O sea que en esto sí batimos récords.

De ahí que a mí me extrañara que su ejemplo no saliera de forma natural y lógica en la boca de un sacerdote español al hilo de su prédica. Como que tampoco se mencionen y se conozcan estos números cuando precisamente nos anuncian la aprobación de una ley de la “Memoria Histórica”, ya que no sé como se puede hablar de cosa parecida sin incluir tan relevante dato.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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