Recuerdos de La Palma

Por Javier Pardo de Santayana

(Imagen reciente del volcán de la isla de La Palma)

Ahora que la atención de los españoles está centrada en ella no puedo por menos de evocar aquellos días. El caso es que La Palma es un rincón de España con el cual durante cierto tiempo mantuve una relación profesional, y que mi primer contacto resultó fallido. La culpa fue de un fuerte viento de costado que ponía en peligro cualquier aterrizaje, así que cuando éste estaba a punto de iniciarse fue preciso abortarlo, y resultó imposible seguir el programa tal como estaba previsto y que consistía en acompañar a la autoridad militar de las Canarias aprovechando su regreso a Tenerife tras de asistir a unas fiestas patronales conocidas sobre todo por incluir en su programa un curioso “baile de los enanos”.

La principal anécdota del hecho fue que el regreso de la citada autoridad castrense se resolvería con la inmediata petición de un helicóptero, aparato que es menos dependiente que el avión en lo que se refiere al viento. Y que el ofrecimiento de este medio a las autoridades civiles afectadas tan sólo encontraría una respuesta positiva por parte del obispo, que aquella misma tarde tenía pendientes unas confirmaciones.

O sea que mi primer contacto con la Isla Bonita no resultó demasiado interesante, por lo cual bien puede comprenderse mi satisfacción ante la segunda oportunidad que algo más tarde surgiría y que finalmente llegó gracias a una visita programada a una compañía de operaciones especiales que practicaba la supervivencia en sus laderas.  Entonces sí tuve ocasión de vivir aquella parte de Canarias en toda su dificultad y su belleza y pude ver como la laurisilva – esa vegetación exuberante propia únicamente de los archipiélagos macarónicos – tapizaba las laderas del antiguo volcán que hizo emerger la tierra de entre las aguas, tan abruptas que el helicóptero se veía obligado a ascender moviéndose en zigzag pues para él sería excesivo intentar abordar por derecho las alturas.

Por otra parte, a medida que ascendíamos la perspectiva sobre el paisaje circundante se iba ampliando dramáticamente de tal forma que, mientras por un costado se sentía la perturbadora cercanía de los árboles que cubren la falda de la montaña, por el otro crecía gradualmente la inmensidad entrevista del océano e iban surgiendo una a una las demás islas del archipiélago canario: allá enfrente, Tenerife, más allá, Gran Canaria, y hacia el sur, el Hierro y la Gomera.

Pero eso no era todo, pues estando ya a punto de coronar la cumbre nuestra vista captaba allá abajo las edificaciones blancas del observatorio del Roque de Los Muchachos, vigía del espacio en la amplitud de un cielo azul y transparente.

Les confiaré las impresiones que entonces recogí en mis notas:

“Luego el helicóptero supera el borde afilado del gran cráter y el suelo desaparece ante nosotros y surge allá, en lo más profundo de la enorme hondonada, el legendario parque de la caldera de Taburiente, un amplísimo circo cubierto de espeso arbolado y abierto hacia occidente como si una parte de las paredes del gran volcán se hubiese colapsado para hundirse luego en el océano.

Y nuestro helicóptero va perdiendo altura con la precaución de no dejarse arrastrar por las engañosas corrientes que se entrecruzan y rebotan en las abruptas paredes del enorme cráter, y sobrevolamos la feraz llanura litoral rodeando luego la costa para buscar con la vista el pequeño volcán de Teneguía – tan reciente que en su día fue para nosotros una noticia en un periódico – para volver luego, contorneando de nuevo la isla, hacia Santa Cruz de La Palma”.

Así que ahora, cuando recuerdo aquella atractiva llanura litoral que ante nuestros ojos se abría como una promesa de vida, de felicidad y de riqueza, y ahora la veo ferozmente herida por los brazos de un volcán ardiente que extiende hacia las aguas su voluntad asesina, no puedo por menos de llorar su suerte y la de tantos desgraciados como se  enamoraron de ella.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

Lo más leído