Por Javier Pardo de Santayana

(Cabras. Acuarela de Kathy Rennell en Etsy.com)

Este verano ha sido el de los animalitos, un tema que supongo traerá al pairo al improbable lector de estos recuerdos, mas que dedico a mi dilecto compañero Carlos, quien, como hombre que conoce bien el campo, apreciará que toque estas cuestiones aparentemente tan banales.

El caso es que nuestro hijo anda tramando – y ha dado ya algunos pasos iniciales – para dotar de mayor vida animal a nuestra finca “montañesa”. Claro que él ha sido cazador con título oficial durante bastantes años en Sudáfrica, Zimbabwe y Mozambique, lugar este último donde tuvo ocasión de gobernar un coto de gran extensión lindante con el famoso Parque Kruger, y además ha ejercido de juez de pruebas hípicas incluidas las de un campeonato del mundo. Tampoco le han faltado ocasiones de manejar y de atender a los caballos durante los muchos años de monta   frecuente y mientras tuvo uno a su servicio – primero el “Zipi» y luego el “Zape” . Quiero decir con ello que a lo largo de su vida pudo desarrollar cumplidamente la afición que siempre tuvo por los animales y demostrada desde niño cuando echaba una mano a nuestro vecino del pueblo montañés desde el que ahora les escribo.

Pero no ha sido hasta ahora cuando se ha decidido a dar algunos pasos adelante y crear un buen ambiente natural precisamente cuando echamos de menos el bullicio de la naturaleza, antes sonora y abundante gracias al acompañamiento de una multitud de pájaros hoy tristemente desaparecido tras de la tala de los grandes sauces. Así que lo primero que hizo fue montar unos cuantos comederos, que sólo empezarían a ser debidamente visitados hace unos días por un humilde carbonero común. Después ha reservado un amplio espacio de la finca para poblarlo de pequeños animales empezando por un par de deliciosas cabritillas – una rubia y otra moteada – a las que ha dedicado una pequeña casa infantil en que jugaron hace tiempo nuestros hijos y sus primos. Y no crea usted que resulta tan fácil que tomen confianza con nosotros, sobre todo porque tenemos dos perritas sumamente inquietas y un impresionante rodesiano que es de los tres el más tranquilo. Ya me he referido a él en este espacio y pude revelar que a su nombre, que es el “Santo” corresponde a su carácter. caracterizado por sus sorprendentes rasgos de bondad y de excelente educación en contraste con su gran tamaño y sus indudables posibilidades de arrollarnos.

Por el momento, el único peligro actual proviene de las dos pequeñas tekle, a las que vamos educando poco a poco para que no molesten a las pequeñas cabras, y también para evitar que me partan un dedo como estuvo ya a punto de ocurrirme una vez que traté de separarlas de su presa. Que dos puntos me dieron en urgencias. Por de pronto las dos, que se muestran siempre juntas, han hecho ver su gusto por determinados alimentos vegetales, como la col rizada, las ramas del avellano y las hojas de las enredaderas que trepan por la tapia. Cosas que les ofrecemos junto con los mendrugos de pan que las echamos para ganar su confianza, además, naturalmente, del pienso ad hoc que nos marca el reglamento.

Luego, si no nos vemos forzados a cambiar nuestro programa, vendrán, conforme a lo previsto, unas simpáticas gallinas que habrá que acomodar conforme a la costumbre, y quizás, aunque nos están entrando dudas, un borriquillo enano al que nuestro hijo ya echó en su día el ojo. Y aún le he oído aventurar la idea de acoger a unos erizos que ahora suelen surgir de vez en cuando y parecen encontrar cobijo en el jardín. Son de cuando en cuando descubiertos por las perras  y trasladados al otro lado de la tapia. Supimos de su existencia por los ladridos que oíamos de noche pues su descubrimiento provocaba un entusiasmo desmedido.

En fin, toda una historia a nuestro alcance que habrá que disfrutar de alguna forma.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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