El ser humano y su inquietante entorno

Por Javier Pardo de Santayana

(Bajada de lava del volcán en La Palma)

Quizá el efecto más trascendente de la entrada en actividad de un volcán de nuestro entorno sea las consideraciones que suscita respecto a nuestra propia circunstancia.

Y es que, en efecto, esto hace que caigamos en la cuenta de cómo vivimos nuestra condición de seres vivos y pensantes desde una actitud simplista y engañosa que en cierto modo se parece a aquélla en la que viven otros seres más simples que nosotros.

Así descubrimos y hacemos pasar ahora a un primer plano de nuestro pensamiento determinados datos y detalles que han sido normalmente despreciados, como es por ejemplo algo tan esencial y tan primario como nuestro planteamiento en relación con donde estamos ubicados. Pues entonces caemos en la cuenta de que vivimos en uno de aquellos diminutos puntos luminosos que se podían observar de noche en el espacio. Como también que nos encontramos situados al borde de un abismo, y que nos salva solamente el hecho de ser atraídos por una fuerza sin la cual  estaríamos flotando simplemente en el vacío. Recuerdo haber vivido esta impresión extraña cuando siendo aun muy joven me bañaba de noche en un bello lago de Alabama y constaté que entre mis ojos y mis propias manos mediaba más materia que entre mis ojos y cualquier estrella. Nada menos.

Esta realidad se revelaba impresionante principalmente por el hecho sorprendente de que coexisten en un mismo entorno dimensiones totalmente diferentes, como de mundos diferentes que se dirían difícilmente compatibles y aún mucho más coexistentes en una misma experiencia personal, pero que, sin embargo podemos percibir personalmente sin otros medios que nuestra limitada y modesta capacidad humana.

Así que ahora, ante la aterradora presencia de un volcán en erupción que indefectiblemente nos recuerda nuestra escasa capacidad de reacción ante su inmenso poder de destrucción y de amenaza, no podemos por menos de caer en la cuenta de que vivimos permanentemente autoengañados actuando como si nuestro planeta fuera efectivamente plano a efectos prácticos y los seres humanos nos desplazáramos por una superficie que dejaría permanentemente abajo el gran misterio de lo desconocido, misterio del que habitualmente no queremos saber nada porque se nos antoja insoportable, pero que forma parte nada menos que de nuestro hogar en el espacio. Tan es así que se permite revelárnoslo precisamente en estos días asomándose sonoramente a la placidez de una “Isla Bonita” paradigma de la tranquilidad y la buena acogida para mostrarnos  una realidad perturbadora: la coexistencia con nosotros de un espacio de apariencia siniestra que es ignorado por los hombres y donde ha poco reinaba la oscuridad más absoluta. Un lugar en el que un fuego implacable acechaba permanentemente nuestras vidas y donde se ocultaban fuerzas ansiosas de romper los límites de su confinamiento para así liberarse definitivamente llevándose de paso todo por delante.

Mientras tanto, allá afuera, en contraste abismal con tan agresivo panorama, se encontraban los  hombres y su mundo diverso y matizado en sus múltiples facetas. Un mundo rico en su explotación de los restantes seres vivos y de la multiplicidad de recursos disponibles, pero extremadamente débil y desconectado de las poderosas fuerzas naturales. Que así es el panorama de lo que consideramos el habitat del hombre: esa especie a la que pertenecemos y cuya realidad desconocemos tanto.

Un mundo que además vive su vida  alegremente, sin ocuparse ni preocuparse por la amenaza que bajo sus pies tan misteriosamente se le oculta.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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