Por Javier Pardo de Santayana

(Así son los cazas que España mandará a Bulgaria en plena tensión con Rusia- Noticia de El Español)
Quizá mi improbable lector se haya acordado ahora de un par de artículos míos en los que me permitía recordar el que escribí hace ya más de diez años bajo el título de “Nubes en el horizonte” para una revista especializada en temas relacionados con la seguridad y la defensa, y cuyo nombre era “Atenea”. Con él trataba de llamar la atención de los expertos sobre la necesidad de que trataran de aventurar cuáles debieran ser las precauciones que convenía tomar ante un futuro previsible de grandes cambios en el panorama.
Ya para entonces se había producido un hecho transformador de tan previsible trascendencia como fue el osado ataque terrorista del 11 de septiembre del primer año de este nuevo siglo contra varios objetivos, todos ellos norteamericanos, incluidas las Torres Gemelas neoyorquinas y el mismísimo edificio del Pentágono.
Todo tendría lugar en el seno de un contexto extraordinariamente preocupante, como era el del creciente poder que entonces ya desarrollaba una China políticamente comunista pero con la habilidad de combinar tal condición con importantes rasgos inspirados en los principios del comercio de Occidente. Parecía importante, por tanto, plantearse cuándo y en qué condiciones se produciría el momento en que este país alcanzaría a los Estados Unidos en el liderazgo. Y, naturalmente, en este estudio tendría que salir también a colación el desarrollo de un tercer actor imprescindible, que era, naturalmente, Rusia, país éste que aun habiendo dejado de ser una “unión de repúblicas soviéticas”, conservaba todavía un enorme poder y mantenía en su política a personas formadas en los principios comunistas.
Pues bien, al parecer poco se ha hecho en estos años anteriores, y ahora nos llega una noticia que nos hace retroceder en apariencia nada menos que al punto de partida, que no es otro que el de la amenaza de una segunda Guerra Fría; Y no parece que estemos especialmente preparados para abordarla, puesto que ni hemos sido siquiera capaces de aprovechar estos años que debieran haber sido de estudio y prospectiva.
El caso es que algunas de las garantías que en su día teníamos al parecer han sido despreciadas, así que ahora nos encontramos retomando situaciones que creímos afortunadamente superadas. Tanto es así que parece sorprendernos que mientras China progresa en el “ranking” de los líderes y se hace con la influencia más activa en África mediante un plan perfectamente organizado que echa fuera del continente a Norteamérica, los rusos. es decir, los terceros pretendientes al disputado liderazgo, transforman sin recato el panorama estratégico planteando sin recato una situación más de su estilo, lo que quiere decir amenazándonos con volvernos ya de entrada al siglo XX.
Y lo hacen amenazando a quienes entonces éramos sus pretendidas víctimas con el despliegue militar que necesitarían para completar la recuperación definitiva de un territorio que en su día habían integrado en la llamada “Unión Soviética” y del que ahora ya habían recuperado nada menos que una de sus partes más interesantes: la estratégica isla de Crimea. Lo cual bien puede dar idea de que su voracidad no tiene límites. Momento este, pues, en que nos podemos hacer una perfecta idea de lo que para nosotros significa el problema que se nos presenta como responsables miembros de la Organización Atlántica, ya que hemos de responder como españoles a nuestra condición de socios responsables en un momento en el que el hacerlo interfiere en el gobierno mismo para partirlo en dos.
Que éste es uno, si no el más el penoso de los efectos discordantes de una situación caótica a la que nos han conducido los tejemanejes de sumas y de restas en que se nos han convertido muchas de las más importantes decisiones políticas, hoy frecuentemente contrarias a la lógica.