Estos del norte no son tan civilizados

Por Javier Pardo de Santayana

(Parcial de la acuarela de Dolores Barberán, en Facebook)

La noticia acaba de ser publicada en un diario, mas no puedo resistirme a comentar sobre ella. Procede de Dinamarca, país europeo donde se supone que los ciudadanos, y no digamos gente tan sensata como deben ser los médicos, serán muy rigurosos, disciplinados y  sensatos en su comportamiento personal y público. Recordemos que incluso está catalogado como d,el grupo de los serios. No como – por ejemplo – España.

Y sin embargo, vean ustedes lo que allí sucede a veces. El caso es que, por lo que hoy nos cuentan, alguien se extrañó del parecido de ciertas personas que no guardaban relación alguna, y que en el proceso de buscar la causa se descubriría que compartían padre, pequeño detalle que ignoraban. Y el padre sería precisamente – aquí viene lo chusco – el propio ginecólogo que trataba a las madres respectivas.

Pero no vayan ustedes más allá. Así que no imaginen escenas no existentes, porque al parecer la razón de este desaguisado siempre tuvo un carácter económico, ya que el papel que desempeñó el galeno consistiría en sustituir lo que oficialmente debería aportar un joven voluntario anónimo por lo aportado por él mismo para de esta manera embolsarse limpiamente los dineros previstos al efecto. Y supongo que, al hacerlo por primera vez con éxito, el ginecólogo se lanzaría ya a explotar definitivamente el éxito. Y así repetiría la maniobra tantas y tantas veces como para engendrar nada menos que 21 descendientes directos uno a uno, desconozco si todos de distintas madres o incluso de alguna repetidamente. Claro que esto tendría lugar cuando los avances de la ciencia en lo que se refiere a la fecundidad de las mujeres estaba comenzando y resultaba complicado mantener en secreto un tratamiento que por su naturaleza requiere mantener ciertas reservas.

Así que cuando se descubrió aquel inusitado, curioso y evidente parecido entre dos personas sin relación alguna de familia y se empezó a tirar del hilo a partir de aquel primer asombro, también se puso en evidencia que el imperfecto control de entonces acabara siendo aprovechado por algún desaprensivo para su personal enriquecimiento, al menos como refuerzo de ganancias,que es lo que sucedió con el propio tocólogo citado y con otros dos profesionales como él. De forma que resultó evidente la necesidad de poner orden en un timo favorecido por el escaso control que se venia manteniendo.

Y así fue como se irían descubriendo más y más casos similares. Aquel que, tal como dije, salió a la luz a partir del increíble parecido de dos personas cuyas familias respectivas carecían de conexión alguna. Y así también la posibilidad cierta de aplicar un empleo delictivo a los avances de la ciencia en materia de tratamiento de determinados problemas importantes relacionados con la fertilidad y la familia: interesantes adelantos iniciados allá en la década de los 70 del pasado siglo con un empuje extraordinario pero también, como vemos, generadores de problemas tanto de control como de protección de unos procedimientos de obligada reserva susceptibles de ser aprovechados por determinadas conductas delictivas nada menos que por los mismos ginecólogos.

El problema, además de incluir unas grandes dificultades para su esclarecimiento, tropieza con las dificultades lógicas de una investigación que aborda un asunto que afecta no sólo a las familias sino también a unos profesionales que tradicionalmente cultivan un sentido moral imprescindible para el recto ejercicio de las actividades con que ejercen su carrera. Dificultades a las que se suman determinadas circunstancias como la destrucción por el paso del tiempo de algunas de las clínicas, la pérdida de datos importantes y las dificultades propias del especial carácter de un problema que es impropio de un país civilizado.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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