Una bella historia jamás contada. Y 8

Por Carlos de Bustamante

(Ahí yace el héroe anónimo. Medalla militar colectiva, 4 cruces rojas al mérito en campaña, etc etc…, mi padre)

Queridos amigos y probables únicos lectores:  podría continuar esta serie hasta un número demasiado elevado de artículos para vosotros, amigos y compañeros pacientes.  Renuncio por razones muy personales.  Sin embargo y porque conozco su bella historia, no renuncio al arduo intento de escribir una novela histórica sobre este jovencísimo teniente en la guerra de África y teniente coronel -siempre el más joven del Arma en cada empleo- cuando falleció a consecuencias de las once heridas, sufridas en cobarde emboscada durante nuestro glorioso Alzamiento Nacional.

Con mayor desenfado, no exento de seriedad, dedicaré este último artículo para relataros, mis amigos, algunas curiosidades de las que se   deducen importantes virtudes humanas y profesionales. ¡Ahí  es nada!

Sucedió en Beni Urriaguel, antes de la reconquista del importante enclave para la seguridad de Melilla en el Rif africano. Terreno reseco, abrupto y desértico, nuestras tropas habían de abastecerse allí de un elemento tan importante o más que las `jarcas´ de Ab-del Krim:  el   agua.   De Beni Urriaguel   al río Kert, además de la importante distancia, había que añadir el peligro de las peligrosas   kabilas, extremadamente belicosas que, adeptas a Ab- del Krim, se movían y combatían en terreno propio  y  pintiparado para la guerra de guerrillas que ejecutaban a la perfección.

Situada la batería del teniente en la vanguardia de las tropas legionarias del comandante Franco, recibían muy de cuando en cuando la visita de los acemileros legionarios con mulos cargados con pequeños barriletes del preciado líquido elemento.  En rigurosa hilera, los soldados artilleros formaban cola para recibir la ración de un jarrillo de agua distribuida   cuidadosamente. Ración del día.

Me   contó personalmente el sucedido su fiel asistente Honorino   Santaolalla: “Pase, pase usted primero, mi teniente”, le dijo al oficial un fornido artillero. Soldado de reemplazo del castellano Traspinedo.  Pueblo hoy tristemente famoso por los sucesos de todos conocidos Y es que el teniente, uno más en la cola, los labios resecos, esperaba con ansia, jarrillo en ristre, para recibir la ración diaria del `oro líquido´ que contenían los pocos barriles no agujereados por el fuego de los kabileños invisibles entre las peñas de lo más agreste del Rif.   -No artillero, no, le contestó el jefe de la batería con amplia sonrisa de gratitud. Para calmar la sed -añadió- tengo la misma necesidad que vosotros, y guardo cola como los demás, finalizó no sin recibir la mirada satisfecha del mocetón y de cuantos artilleros escucharon atónitos el magnífico diálogo.

Si yo te contara…. Parece que Honorino quería proseguir con lo vivido junto   a su jefe. Sin esperar la aprobación, y con la emoción patente en la nobleza de sus ojos, prosiguió:  al `desotro´ día, el comandante legionario, muy amigo de mi teniente, dicho sea de paso, ordenó el ataque sobre el monte   Arruit, desde donde el fuego artillero enemigo aterrorizaba a la población de Melilla e impedía la aguada en el río Kert. Bajo la lluvia de fuego de la fusilería   enemiga, que procedía de no se sabía dónde, los mulos que cargaban con las piezas, pronto pasaron a mejor vida.  La que, a poco   que lo fuese, de seguro sería mejor que ésta.  Ante tal situación -prosiguió Honorino el relato- mi teniente tuvo que ordenar la progresión de las piezas a brazo.  Y como si de Infantería se tratase, ordenó fuego a cien y doscientos metros de los rifeños que, sorprendidos, se desperdigaron en desbandada.  Momento que aprovecharon los legionarios del comandante Franco para atacar y vencer al enemigo que huyó aterrorizado. Beni Urriaguel y monte Arruit fueron de nuevo españolas.

Artilleros e infantes legionarios entraron triunfantes en Melilla.  La población en masa poco antes desmoralizada y en peligro apremiante por la barbarie rifeña demostrada en Annual vitoreó con entusiasmo al paso del desfile por la capital de las tropas victoriosas.

En la Orden de la plaza, se leyó con solemnidad la felicitación del general Berenguer al teniente de Artillería don Manuel de Bustamante y Sanchez, mi padre, por la heroica actuación al mando de su batería que hizo posible la toma de Beni Urriaguel, monte Arruit y la salvación de Melilla en peligro inminente.

Días después, -finalizó Honorino- y ante la batería en   impecable formación, se nos leía en la Orden la concesión, máxima después de la Laureada de San Fernando, de la MEDALLA MILITAR COLECTIVA.  La que desde entonces llevamos bordada en el banderín de nuestra Unidad y lucía, bordada también en la bocamanga de su uniforme nuestro jefe de batería:  teniente don Manuel de Bustamante y Sánchez.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

Lo más leído