Asombroso despiste

Por Javier Pardo de Santayana

(Tras la invasión de Ucrania)

Quien haya estado al tanto de las cosas que he escrito sabrá perfectamente mi preocupación por lo que podía suceder en el futuro habida cuenta de la situación en la que nos encontrábamos allá por el 2014. Saben ustedes que ya entonces me mostré preocupado por lo que pudiera suceder a partir del momento en el que los chinos alcanzaran a los norteamericanos en el papel de líderes, situación ésta que bien podría producirse alrededor del 2020 según estudios realizados por la Unión Europea,  alrededor del 2030 conforme a las previsiones de la OTAN,  o del 2020 según los cálculos de nuestro Ejército de Tierra.

Pues bien, a la vista de lo que ahora está ocurriendo – incluido el increíble proceder del presidente ruso – no puede dejar de sorprenderme el increíble grado de ignorancia en que nos han cogido. Ignorancia que bien podría haberse evitado si se hubiera iniciado un estudio prospectivo a fondo cuando aun quedaban diez años por delante para sacar conclusiones, y en consecuencia anticiparse a aquellos cambios de carácter estratégico que, como los que se están produciendo en estos días, nunca debieran cogernos por sorpresa.

Por ejemplo, si lo hubiéramos efectuado seguramente nos habríamos detenido a valorar el hecho de que el presidente ruso es un antiguo miembro de la KGB, o sea de la agencia de inteligencia y policía secreta soviética – es decir, de lo más influyente y significativo del régimen soviético. Algo que debe dejar huella indeleble en quienes fueron forjados en sus principios esenciales y cuya condición era perfectamente conocida por el presidente ruso, obligado a tragarse la derrota e incluso la condena del sistema. Así que cualquier análisis a fondo de su personalidad y, dentro de ella de lo que más pudiera motivarle, nos llevaría con seguridad a suponer como más que probable la existencia en su violentado subconsciente de un soterrado deseo de venganza.

Y seguramente habríamos supuesto también como probable cierto interés por restablecer de alguna forma el esplendor antiguo de los rusos aprovechando algunos vientos favorables, como pudiera ser evidente y creciente desprestigio de Estados Unidos, cuya solidez había sido puesta a prueba – por no decir puesta en ridículo – por los ataques terroristas a las Torres Gemelas y al Pentágono. O por el fracaso de aquellas intervenciones militares con las que arrastró al fracaso a sus socios europeos.

Todo lo cual había causado ya un perceptible desprestigio de la marca Occidente, donde además, aquella luminosa iniciativa de los europeos que construían un futuro de paz y de progreso juntos se desmoronaba también – casi sin quererlo – por la estúpida salida de un Reino Unido detenido en la nostalgia de su antigua grandeza. Todo lo cual podía ser aprovechado por un personaje probablemente resentido para recuperar algunos de los muchos territorios que antes pertenecieron a la Unión Soviética, un objetivo para el que, perdido ya el respeto a los norteamericanos, probablemente contaría con la aquiescencia de unos chinos en el fondo compañeros comunistas y en pleno estreno de su condición de nuevos grandes líderes no especialmente interesados en poner pegas a estos actos de revancha o añoranza.

Muchas de las consideraciones que ahora expongo me parecerían ciertamente lógicas en la mente de cualquier experto en el análisis, amén de imprescindibles ante un futuro entonces aún no definido que habría exigido mayor esfuerzo de definición y estudio por parte de Occidente para prever lo que podría ser nuestro futuro y así orientarlo más eficazmente. Por cierto ¿se han fijado ustedes en que esta nueva situación que nos afecta a todos nadie ha siquiera mencionado a Naciones Unidas para preguntarse si ha mostrado un mínimo interés por lo que está ocurriendo? Porque si no es por situaciones como éstas, dígame usted por qué otras cosas podría interesarse. Asombroso, ¿no es cierto?

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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