Ante un cambio total del panorama. II

Por Javier Pardo de Santayana

(Edificios devastados en Kiev)

No sé si nos damos cuenta suficiente del cambio que estamos viviendo; un cambio que trasciende incluso el acontecimiento de una guerra inesperada. Un cambio cuya naturaleza y cuyas dimensiones no percibimos debidamente en cuanto a su naturaleza, sus efectos o sus dimensiones. Y que de tal modo participa e influye en nuestra circunstancia, que necesitará todavía mucho tiempo para llegar a ser mínimamente manejable.

Me refiero a la entrada en juego de una posibilidad de dimensiones nuevas propiciada por la globalización que se produjo a finales del siglo pasado: una globalización asequible y efectiva que puso a la humanidad en contacto relativamente sencillo y permanente, por no decir al alcance de cualquiera, o sea en una situación de “empoderamiento”, como ahora se dice; situación que está al alcance de cualquiera y que puede cambiar con cualquier motivo y en cualquier momento. Hasta tal punto es esto así, que hasta los niños tienen la posibilidad de utilizarlo siempre que no se pongan obstáculos expresos, lo cual permite la utilización por cualquier persona de cualquier información posible y en toda circunstancia. Ocasión ésta que, como es de suponer, no dejará jamás de ser aprovechada, cualquiera que sea la circunstancia concreta que observemos. Y, naturalmente, en esto cabe todo, desde lo importante a lo superfluo, desde lo interesante o lo banal, y también desde lo positivo hasta lo negativo, como también desde lo bueno hasta lo malo. Y en cualquier situación imaginable, puesto que siempre habrá quien se interese y quien de alguna forma intente aprovecharse.

Partiendo de lo cual lo raro será que eso sólo funcione siempre según un mismo enfoque. Así que no deberá extrañarnos que en una considerable parte de los casos no haya personas u organizaciones que utilicen las facilidades que se ofrecen. no para contribuir a la felicidad propia o ajena tal como nosotros mismos deseamos, sino que muchas veces lo probable será precisamente lo contrario, es decir que la situación sea utilizada con el fin de fastidiar a un prójimo molesto.

Y esto es precisamente lo que ahora está ocurriendo cuando observamos sus efectos en el complejo panorama de este superconectado siglo XXI, como es el aprovechamiento de todas las posibles circunstancias tanto para impulsar el bien como para orientarlo al mal aprovechando el fácil acceso a cualquiera de las posibilidades que nos ofrece un tiempo como el que vivimos: cuando todavía es demasiado pronto para poderlas dar un destino favorable.

Éste es el caso, por ejemplo, de una de las razones que están en trance de complicarnos la existencia en estos días de confusión en que nos encontramos; cuando el futuro está aún en juego y los actores principales se hallan tomando todavía posición en el tablero y en trance de mostrar – y a veces ocultar – sus bazas o sus intenciones. Y actuando en dos planos simultáneamente: el de lo que pretenden revelar y en el de lo que intentan encubrir.

Situación ésta en la que se abrieron camino ya como “fake news” – es decir, como “noticias falsas” elaboradas según planes previamente establecidos – determinadas informaciones y noticias de aparente interés con las que se pretende crear estados de opinión elaborados con fines aún no explícitos pero tendentes a favorecer los fines del informante o a desorientar directamente al adversario o a la competencia.

No es de extrañar, por tanto, la situación en que estamos sumidos actualmente en los campos estratégico y político y en el curso de esta transición inacabada hacia un modelo nuevo que modificará sin duda los esquemas de distribución y despliegue del poder a que nos llevarán irremisiblemente las últimas perturbaciones de aquel esquema heredado del pasado siglo que ya empieza a parecernos superado.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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