Una vida premeditadamente dura y exigente

Por Javier Pardo de Santayana

(Vuelo nocturno)

¡Cómo curte el aprendizaje del vuelo! Ahora que veo a los jóvenes tan apegados al confort, tan exigentes de los placeres urbanos, tan reacios a no hacer otra cosa que lo que en cada momento les apetece, y también muchas veces tan descontentos consigo mismos y con los demás, me parece cada vez más formidable la fuerza y el atractivo moral del sacrificio. Pienso entonces en mi propia juventud, y me doy cuenta de lo pronto que tuve que dejar mi casa, y que desde los dieciocho años hube de ejercitarme en le responsabilidad del mando y en la tensión del liderazgo. Recuerdo mi preocupación por formarme en la austeridad y la renuncia, el salto de la cama a una hora desusada para formar a diana, las duchas de agua fría, el paso adelante para asumir todo tanto cuanto pudiera significase riesgo o fatiga, el estudio sin resquicio de relajación, la convivencia normal con el peligro… Y doy gracias a Dios por una vocación que se ha entrelazado de forma tan íntima con el ideal de una vida de servicio.

En tal sentido, el aprendizaje del vuelo aporta una tensión permanente y a veces exige mucho de la voluntad. Por ejemplo, en la introducción al vuelo instrumental, cuando atado en el asiento posterior de la avioneta, encerrado entre cortinas que no permiten la visión exterior, te sientes sometido a movimientos desconcertantes que vapulean tu cuerpo y confunden tus sensaciones hasta el punto de provocarte el vómito, que has de tragarte para poder seguir adelante, sabiendo que aún queda mucho de lo mismo. En el momento más caótico, los aparatos de medida se disparan y empiezan a girar enloquecidos. Entonces es cuando escuchas decir “Es tuyo” por el interfono. Y haciendo de tripas corazón, intentas estabilizar el avión y hacerle volar por instrumentos.

En cuanto a la introducción al vuelo nocturno el sistema es distinto. El instructor te ordena mirar al suelo e inicia un zarandeo que acaba por hacerte perder el sentido de la orientación. Cuando te devuelve el mando te encuentras con una perspectiva curiosa: todo cuanto ves frente a ti es oscuridad salpicada de luces. El problema es que no sabes lo que son las luces del suelo y lo que son las estrellas…

En todo caso, levantarse a las cuatro de la mañana parece algo contra natura. Pero todavía resulta más antinatural desayunar a las cuatro y media o cinco de la mañana – vistiendo ya el mono de vuelo – unos huevos revueltos con bacon, un tazón de leche con cereales, un plátano, tostadas y alguna que otra bollería. Y sin embargo era obligado hacerlo cada vez que a mi grupo le correspondía el mencionado horario, pues se consideraba muy importante hallarse bien alimentado para enfrentarse diariamente con el aire.

Del “mess” pasábamos al autobús, y aún en la oscuridad nos dirigíamos a la línea de vuelo. donde cada uno se sentaba con su instructor y éste explicaba las nuevas maniobras y hacía las advertencias necesarias. Luego recogíamos el paracaídas y el “dispatcher” nos asignaba un avión, cuya matrícula solíamos anotarnos en el dorso de la mano. Así que llegábamos al aparcamiento cuando el sol despuntaba y pasábamos la inspección prevuelo para asegurarnos que los depósitos estaban a tope, los tornillos seguros, y los cables y otras partes en condiciones de seguridad.  Así que a las seis de la mañana uno ya estaba listo y en el aire.

NOTA: De los seis alumnos españoles, reconvertidos luego en pilotos de helicóptero por razones que requieren una larga explicación, solo sobrevivimos tres. Los otros tres fallecieron más tarde en España en dos accidentes de vuelo.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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