Otra bella historia jamás contada. Y XII

Por Carlos de Bustamante

(Puente en Quintana del Puente)

Cuando, gobernador militar en Palencia, acudí un día a Quintana del Puente. Visité exprofeso-en inspección oficial- la Colonia Infantil  General Varela, dependiente del Ministerio de Defensa. La chiquillería inundaba galerías y grandes espacios interiores del imponente edificio, reformado del que fuera Sanatorio. El gorjeo de los niños no impidió que visitara el Centro con un nudo en la garganta.  Nudo que se desató en lágrima viva cuando entre la maleza del cementerio semiabandonado busqué y encontré `la lápida´.  Sucedió el fin de esta bella historia jamás contada:

l que fuera sanatorio, colonia infantil General Varela es hoy un edificio abandonado al saqueo y pillaje. ¡Hasta las tejas se están llevando de la imponente mole!  Y allí vivió dos años penosos don Manuel de Bustamante y Sánchez, mi padre.   Allí vivió y murió allí.

Mª Eugenia Alonso-Muñumer, mi madre, acudía a Quintana del Puente, no menos de dos veces por semana.  Volvía con la satisfacción de que la mejoría- completa, dijeron los médicos- prosiguió durante todo el primer año de estancia en este centro.   Con muy poco que ver en un pueblo que no llegaba a las mil almas, mi padre solía dar grandes paseos por el monte de robles y encinas inmediato al sanatorio entretenido en observar la abundante caza que ajena a peligro, incluso se detenía a su paso. Identificado con la naturaleza castellana, vivía feliz pensando en el próximo regreso a casa

Pero un día volvieron las decimillas y la tos. Muy frío el clima en esos pagos, diagnosticaron en principio los médicos un ligero resfriado.  El regreso de mi madre a casa después de una visita, fue triste y con mucha intranquilidad. Nos lo ocultó cuanto pudo, pero los desplazamientos diarios le delataron. Hubo de confesarnos la verdad: resfriado, sí, pero con radiografía preocupante. Herida ligeramente sangrante en los pulmones. La   tos siguió persistente y los médicos dijeron a mi madre la verdad:  heridas abiertas y estado preocupante.

A partir de entonces, la enfermedad causada por las heridas de guerra en el criminal atentado fueron la única razón del empeoramiento progresivo. Nuestra madre apenas   estaba con nosotros en Valladolid. Las secuelas que   tuvieron su inicio en el año 1943 en Ronda, fueron a peor durante todo el año 1944 en Quintana del Puente.

Las Navidades de este año 44, fueron muy tristes para todos, especialmente para nuestra madre que se esforzaba a más no poder para aparentar la tranquilidad que en absoluto tenía.

El mes de febrero de 1945 lo pasamos solitarios en casa.  Sólo el 4 de marzo por la mañana volvió nuestra madre.  Nos besó y abrazó uno por uno. Durante esa noche, el héroe africano y de nuestra guerra contra el comunismo marxista había fallecido en paz y gracia de Dios.  Tenía 44 años y nuestra madre 40.   Era el 4 de marzo de1945.

Sus últimas palabras, que anticipo de cuando nos lo contó nuestra madre, fueron textualmente las que escribo como colofón de quien murió como vivió; fueron:

“TE OFREZCO, SEÑOR, ESTOS SUFRIMIENTOS Y MUCHOS MÁS QUE QUIERAS, SEÑOR, MANDARME, POR LA SALVACIÓN DE MI MUJER Y DE MIS HIJOS”.

 

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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