Por Javier Pardo de Santayana

(Hablando del tiempo, sin problemas)
Uno se pregunta cómo puede ocurrir que una aventura que para mí se inició en noviembre del año 2008 – es decir. hace ya catorce años – dando lugar así a la publicación de más de mil cuatrocientos números a razón de dos cada semana, encuentre ahora problemas para mantener su normal ritmo.
Uno imagina, por ejemplo que habrá determinadas circunstancias personales que han cambiado, sobre todo el tiempo disponible, pero descarta esta razón por cuanto su situación sigue siendo la misma. Cierto es que hemos acumulado más de una decena de años, lo cual me pone ahora en el trance de entrar en los noventa de mi vida, pero tal cosa no debiera haber hecho sino conceder más experiencia. Cierto que la vista sí que se me ha complicado últimamente, y que el continuo cambio de gafas de lejos y de cerca me está complicando la existencia, mas sin pasar de cierto hartazgo por ahora. Por otra parte no se puede atribuir mi actual dificultad para seguir el ritmo habitual a un cambio generalizado del ambiente en el sentido de haber abandonado una situación ya de por si conflictiva para pasar a otra de mayor tranquilidad y paz, puesto que de haber este sucedido lo habría más bien sido en el sentido opuesto.
Y, efectivamente. de esto debe tratarse efectivamente puesto que lo que se percibe en nuestros días es una tal acumulación de despropósitos que uno se siente saturado a la hora de abordar cualquier problema. Y esto bien haya podido ser la causa de una especie de paralización a la hora de seleccionar un tema abordable, que tal es la abundancia de retos que se nos presentan actualmente. Por otra parte, nuestros actuales gobernantes se han ocupado de blindarse de tal forma que decir la verdad sobre el pasado corre el riesgo de convertirse en un acto punible, que para conseguirlo ya se han preocupado en establecer previamente incluso leyes a medida de sus intereses de partido y, sobre todo, personales.
Este proceso y sus primeras consecuencias, que se produjeron más o menos coincidiendo con el nacimiento de este blog, ya nos proporcionaron en su día cierta oportunidad para escribir artículos referidos a la evolución de nuestra sociedad en este nuevo siglo; una oportunidad que según parece ha sido debidamente aprovechada. Mas es el caso que la cosa ya ha evolucionado de tal forma que cada vez resulta más incómodo decir determinadas cosas en un ambiente hostil a la libertad individual y a las verdades.
Pues es un ambiente como éste aquel que hoy se nos ofrece. Un ambiente que se caracteriza por una agresividad ante la crítica que pone ya en peligro la espontaneidad y que amontona ante nosotros los problemas dificultando enormemente cualquier iniciativa critica. Y no solamente por las posibles reacciones “oficiales”, sino por la naturaleza misma del ambiente en que nos desenvolvemos, de tal forma que el primer problema con que nos encontramos es elegir donde empezamos, es decir, donde hincamos el diente a cualquier tema aunque se trate simplemente a hablar del tiempo.
Sí señores: éste es el mundo en que hoy vivimos. Un mundo en el que no nos encontramos cómodos y cuya complejidad parece superarnos, porque al entrar en este muevo siglo que tanto prometía, lejos de aprovechar debidamente los avances conseguidos al término del anterior por nuestros predecesores – y en ocasiones por nosotros mismos -, hacia la paz y el orden por no decir hacia la simple lógica, nos hemos dedicado a destruirlos de tal forma que en tan sólo veinte años hemos creado ya una situación amenazante.