Preparando el futuro

Por Javier Pardo de Santayana

(El centro urbano de Huntsville)

Andaba esta mañana de un lado para otro de mi casa cuando, al entrar en el dormitorio tras de la ducha matutina, vi que la radio, sintonizada con la COPE como suele, transmitía la entrevista con un joven español activo y entusiasta que relataba una experiencia suya en Norteamérica. Y estaba ya en trance de vestirme cuando una palabra suya me hizo dar un respingo. Se trataba del nombre de un lugar geográfico que yo tenía como algo propio en el recuerdo, y cuya sola mención me trasladaba ahora a un momento tan intenso de mi vida que me permitió vivir un hecho histórico.

Se trataba, en efecto, de la mención de Huntsville, Alabama, lugar donde en mis tiempos se ubicaba la principal escuela norteamericana de misiles, inmediata también a otro lugar señero: al Centro Espacial llamado “George Marshall”: nada menos que el lugar en el que entonces se desarrollaban los preparativos necesarios para poner en la Luna a un ser humano. Ya relaté hace tiempo en este mismo blog de los Foramontanos que en dicha escuela trabajaban nada menos que el alemán  Werner von Braun y su selecto equipo de sabios y de expertos, y que desde el aula mía de clase podía oír con frecuencia l ruido de las pruebas del cohete “Saturno”.

Pero la novedad de hoy consistía en otra cosa: la posibilidad sobrevenida de conocer la situación actual de aquel lugar histórico en donde conocí e hice amistades sumamente interesantes con algunos miembros del equipo: esto es, aprovechar el programa de la COPE para conocer los cambios experimentados por Huntsville y su conexión con el espacio. Y por lo que pude ver en el escaso tiempo disponible, puesto que cogí el programa radiofónico empezado, además de seguir allí instaladas las más importantes organizaciones militares relacionadas con estos asuntos, en Huntsville se ha ampliado el atractivo museo ya existente relativo al espacio y,  en relación con él toda un sistema de educación y estímulo orientada sobre todo hacia la gente joven, y consistente en la celebración de tres tipos de lo que llaman ”campamentos” con los que se ofrece la atractiva ocasión de conocer e incluso de experimentar determinadas particularidades del vuelo en el espacio. Tres son las distintas duraciones existentes, que van desde un programa que dura solo un día y un segundo de un fin de semana, a un tercero de una semana entera que si no me equivoco sería el elegido por nuestro compatriota quien por cierto según tengo entendido obtuvo la mejor puntuación de su personal grupo.

Se ve que esta experiencia, iniciada en 1982 y por la que si no me equivoco ya han pasado cerca de los ochocientos mil jóvenes y adultos, además de ampliar el conocimiento de los norteamericanos respecto a lo que podríamos llamar “la aventura del espacio”,  permitirá quizás perder parte del lógico temor a lo desconocido, difundir una mayor aceptación del hecho, y por qué no, generar algunas nuevas vocaciones. En suma favorecer un ambiente de conocimiento y aceptación de nuestra convivencia con el espacio en que vivimos.

Que éstas son por lo que pude percibir, algunos de los objetivos perseguidos, y obtenidos en lo que respecta a nuestro compatriota, que parecía contento y orgulloso de haber experimentado una inmersión en un futuro que solo fue experimentada anteriormente por una selecta minoría, y que como vemos ya se empieza a extenderse gracias, entre otras razones, al entusiasta impulso de ésta y a la visión de esa “Ciudad científica” de Huntsville, Alabama.

Así se las gastan los norteamericanos, conscientes de la obligación que reconocen de mirar lejos y de hacer algo concreto por preparar y por salir indemnes de lo que se nos avecina, esto es de  un futuro que nos obliga a prepararnos con tiempo y a sentirnos relativamente cómodos ante un reto esencial para la humanidad del siglo XXI. Más vale, por tanto, acostumbrarse a hacer del espacio circundante un lugar donde la raza humana se sienta más cómoda y segura. Por lo pronto ya estamos tratando de evitar el peligro de colisión con un meteorito, que no es es cosa banal.

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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