Ataque a Amberes (1584). 2

Por Carlos de Bustamante

(Alejandro Farnesio, gobernador de los Países Bajos españoles)

Como podréis ver, mis amigos, ya por estos años (a casi 500 de nuestros días) Holanda era cuna de herejías y enfrentamientos contra la única religión verdadera.  Y ya por entonces y al estilo de la época, España derrochó valor y sangre española en su defensa. En cierto modo sangre de mártires que, abanderados del catolicismo, `al estilo de la época, ´ lucharon murieron y al fin vencieron a protestantes y calvinistas afincados en los países en liza con España.

A costa de un poco más de extensión me pete resaltar para mis amigos que en absoluto están reñidas las armas con las letras.   Fernando Martínez Laínez nos cita al maestre de campo y jefe de un tercio Fernando de Paz   como   gran escritor a la vez que extraordinario jefe de uno de los más afamados Tercios. Asimismo, el eminente escritor general Bermúdez de Castro cita a los tercios de Flandes como cuna de grandes escritores.  Tradición corregida y aumentada en nuestros días   con la   Asociación   Española de Militares Escritores. (AEME) Prolíficos no solo en escritos militares, sino en literatura varia de la que este mismo blog  es testigo  desde  hace no menos  de  veinte años….

EMPIEZA EL CERCO

La primera fase del asedio se inició a primeros de julio de 1584, con el corte de las comunicaciones entre Amberes y las ciudades de Bruselas, Gante, Termonde y Vilvorde. Acto seguido se pusieron guarniciones en los lugares estratégicos cercanos, principalmente en los situados a ambas orillas del río Escalda y comenzaron las obras de cerco. Al poco de empezar las operaciones de sitio, las tropas del marqués de Richebourg que recorrían la ribera del Escalda se apoderaron de Calloo (Kallo), importante punto estratégico donde se hallaba situado uno de los puentes principales sobre el mencionado río. Hacia el sur, había cuatro fuertes de notable valor para los defensores, cuya captura fue asignada al tercio veterano de Pedro de Paz y a tropas italianas. En uno de los fuertes, que opuso dura resistencia, su guarnición fue pasada a cuchillo y los restantes se rindieron o abandonaron sin mucho impedimento. Richebourg y el coronel Cristóbal Mondragón limpiaron de enemigos las dos orillas del Escalda y obligaron a los holandeses a interrumpir la navegación fluvial.

Pero las dificultades para los sitiadores no habían hecho más que empezar. Cuando Mondragón batía el fuerte de Lillo, importante para la defensa de la orilla derecha del río, los defensores rompieron los diques próximos y los españoles tuvieron que retirarse apresuradamente, aunque lo hicieron en buen orden y sin perder su artillería. El contratiempo solo sirvió para incrementar el empeño de Farnesio, que consiguió aislar totalmente Lillo, mientras Richebourg, en la orilla izquierda, se apoderó de los fuertes de Doel, San Antonio, Ter-Venten y Liefkenshock, lo que forzó al enemigo a abandonar también los fuertes de Den Oort y Saftingen. Con eso, toda la ribera izquierda del Escalda quedó en manos españolas, y a este éxito vino a sumarse la muerte de Guillermo de Nassau (Guillermo el Taciturno), príncipe de Orange, asesinado el 10 de julio de 1584 por Baltasar Gerard en la ciudad de Deft. La muerte del principal jefe protestante, uno de los creadores de la Leyenda Negra antiespañola y considerado hoy por los holandeses un héroe nacional, fue valorada por Farnesio como una inesperada ventaja, dadas las indudables dotes políticas y militares de Nassau. Otra importante acción en esta fase de la contienda se produjo con la mencionada toma de Calloo, necesaria para cerrar el bloqueo de Amberes. Siete compañías de infantes españoles cumplieron la misión de conquistar el lugar a costa de gravísimas pérdidas. Los atacantes intentaron un asalto por sorpresa, después de haber caminado toda una noche metidos en el agua, pero fueron descubiertos por el enemigo, que abrió fuego sin que los españoles pudieran responder por tener los arcabuceros mojada la pólvora y las mechas.

A pesar de las bajas, se consiguió ocupar las posiciones enemigas combatiendo al arma blanca, hecho este que suscitó la admiración de todos, incluido el propio Farnesio, quien acudió a comprobar el resultado de la pelea y dio las gracias a los asaltantes por el sufrimiento y el valor demostrados. El revés de Mondragón ante el fuerte de Lillo dio un nuevo impulso a los planes del príncipe de Parma, que decidió entonces la empresa más audaz de su carrera militar: construir un puente sobre el Escalda entre Calloo y Oordux para cerrar por completo el río a la navegación, y de esta forma impedir que los sitiados recibieran refuerzos de hombres, armas y provisiones. De nuevo, Farnesio expuso su proyecto al consejo de guerra y otra vez la mayor parte de sus miembros lo consideró imposible a causa de las dificultades que era preciso superar, entre ellas las mareas y la enorme cantidad de obreros y materiales que se necesitaban para la empresa. El príncipe de Parma los escuchó a todos, pero una vez más siguió adelante con su propia idea. A principios de agosto de 1584, para proteger a los trabajadores que construían el puente, Farnesio mandó levantar dos fuertes en ambos extremos del puente: el San Felipe y el Santa María, y tomó precauciones para evitar ataques desde el fuerte de Lillo, que quedaba al norte y algo alejado de la obra.

MUERTE DE UN MAESTRE

Mientras proseguían los trabajos del puente, Farnesio decidió atacar la plaza de Termonde, desde la que se podían enviar ayudas a Gante y Amberes. El ataque se inició con intenso fuego de artillería, pero los de Termonde respondieron con sus cañones sin amedrentarse y causaron numerosas bajas al tercio de españoles que mandaba el maestre de campo Pedro de Paz. Iniciado el asalto, una bala de cañón se llevó la cabeza del jefe español y de tres capitanes de los cuatro que mandaban las compañías. El resto de la tropa sitiadora vivaqueó a la vista de la plaza, sin que los asediados se atrevieran a seguir hostigando a los vencidos en este encuentro, que quedaron a la espera de refuerzos. Como Farnesio no podía enviarlos, tuvieron que retirarse sin que el enemigo les atacase. Las crónicas cuentan que todo el ejército español lloró la muerte de Pedro de Paz, a quien los soldados apodaban «Pedro de Pan» por su bonhomía, un hombre al que Farnesio tenía en alta estima y que destacaba por su intrepidez y el ascendiente sobre la tropa. El general Bermúdez de Castro señala: [Alejandro Farnesio] le fue encumbrando desde alférez y encomendándole las comisiones más difíciles; buen cristiano, caballero, inteligente, dulce en el trato, arrogante en la figura, hercúleo, este gallego reunía todas las cualidades para mandar. Era, además, un soldado escritor, como muchos españoles de los tercios, y su último libro fue un relato testimonial del desastre de la Armada Invencible que sirvió de referencia a muchos autores extranjeros de su época. El único fracaso en esta fase de las operaciones fue el ataque a la importante plaza de Termonde, encrucijada que unía Malinas, Gante y Amberes.

Como la sorpresa resultaba imposible, porque exigía caminar de noche a través de marismas cuya profundidad se desconocía, el asalto, que resultó adverso, se produjo frontalmente y a plena luz del día, sin conocer que la guarnición había sido reforzada con regimientos de mercenarios ingleses, escoceses y franceses. El 14 de agosto, tras duros combates, los españoles se apoderaron de los fuertes próximos a la muralla de Termonde, que solicitó capitular tres días después. Farnesio se mostró magnánimo con los defensores de la ciudad, donde quedó una guarnición de tres compañías de españoles, y solo les impuso una modesta contribución de guerra. A la caída de Termonde siguió la de Vilvorde, que pidió capitular en cuanto sus habitantes vieron los preparativos del asedio. Un poco más tarde le tocó el turno a Gante, un poderoso feudo calvinista que estaba sitiado desde hacía meses. Tras infructuosas peticiones de socorro a Amberes y a las provincias protestantes rebeldes, los de Gante se sublevaron y las autoridades calvinistas de la ciudad pidieron capitular y firmaron la rendición el 17 de septiembre. Los ganteses tuvieron que pagar 200.000 florines y, como en el caso de Termonde, en la ciudad se instaló una guarnición española y se restauraron las iglesias católicas, pero la ciudad conservó sus franquicias y privilegios comerciales. Aun así, el culto protestante fue prohibido y a los calvinistas se les dio un plazo de dos años para abandonar la ciudad.

(Continuará  si Dios es  servido).

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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