Por Carlos de Bustamante

(Soldado. Acuarela de Padilla en todocoleccion.net)
Tenía el teléfono en la mano para llamar a mi compañero Luis Esquiroz, autor de “Chascarrillos militares”, con intención de pedirle permiso para difundirlos en nuestro blog, cuando me llega la noticia de su, no por esperado, doloroso fallecimiento. Descansa en paz Luis y haz llegar por la `nube´ a este otro soldado, roto también y estropeado, la venia para difundir entre amigos y compañeros comunes la alegría de tus chascarrillos, fruto de una intensa vida militar dedicada por entero a tu vocación de montañero. La que viviste con total entrega a la enseñanza que nos fue propia con los soldados de reemplazo.
Montañeros los tuyos, hasta convertirlos -a semejanza de nuestros Tercios de Flandes- en los mejores soldados del mundo en la Infantería española. Te leo, amigo Luis, con la añoranza de no haber sido montañero como tú y tantos otros compañeros de promoción. Elegí mi primer destino a tierras africanas y después de tres años en la prodigiosa XAÜEN o Chauen, la rápida familia numerosa (nos vinieron hijos a pares) y el curso de gimnasia en la escuela militar de Toledo, me impidieron solicitar destinos de montaña. No obstante, el imponente TITSHUCA (¿) en Xaüen (Atlas medio) satisfizo mis ansias de montaña.
Al poco tiempo de llegar al Regimiento África 53, contemplé con asombro cómo donde esperaba poco menos que desierto, era un paraje cuasi selvático. Al agrego de los farallones del gigante del Atlas medio crecían infinidad de pinos salgareños, cedros del Atlas, robles andaluces… e infinidad de especies vegetales entre nieves perpetuas, delicia de los macacos que abundaban entre ellas.
Dando por supuesto que los tenientes recién incorporados estarían impuestos en materia topográfica, el coronel jefe del regimiento ordenó a dos de ellos dibujar una vuelta al horizonte desde la cumbre del cuatro mil.
Tomamos caminos diferentes para la ascensión. Mi amigo íntimo y compañero en el trabajo encomendado, eligió el más fácil para llegar a la cima donde la nieve se hace río sin perder su limpieza y su blancura.
Bueno, entrando ya en los “Chascarrillos militares”, de momento incluyo hoy nada más los preámbulos que el propio libro a folleto contiene:
Semblanza del autor Luis Esquiroz Medina, coronel de Infantería
La firma Vicente Carretero Royo, también coronel de Infantería y reza:
“El coronel D. Luis Esquiroz Medina posee los diplomas de Esquí-escalada y Carros de Combate.
Artista polifacético al estilo de Leonardo da Vinci, lo mismo maneja los pinceles, el lápiz o la plumilla, que trabaja la madera noble en tallas de Santos Patronos; o acaricia el hierro en sentida forja, casi siempre soleada en lo litúrgico. Humanista y caballero, narrador. Es narrador incansable, poco conocido fuera del ámbito de las Unidades de Montaña. Investigador nato, aficionado a la heráldica y uniformología, asiduo lector de libros viejos, y sabedor de cosas raras.
Forofo del armamento, su entretenimiento y mejoramiento. Además, y por inventor de artilugios como ayudas a la instrucción, ha recibido, por su trascendencia, felicitaciones merecidas de los más conspicuos conocedores de la especialidad.
Colaborador de las revistas Guión y otras. Hoy aquí lo presentamos como Costumbrista.
Introducción del autor
A continuación figura una introducción del propio autor de “Chascarrillos militares”, Luis Esquiroz Medina:
“Llevado por mi cariño a las TROPAS DE MONTAÑA, y a instancias de mi buen amigo lleidatano Jaume Bernadó i Tomás, recopilé para un folleto, un pequeño extracto de estos Chascarrillos junto a unos apuntes de mi trabajo sobre la Historia de los Cazadores, que, bajo el título de Chascarrillos Militares, los Cazadores, fue publicado en edición reducida y y numerada (200 ejemplares) por la entidad bancaria `La Caixa de Barcelona´ como homenaje al Ejército el día de la Pascua Militar de 1990.
Los hechos que dieron pie a estos Chascarrillos, simples anécdotas de ingenuas vivencias acumuladas a lo largo de mi vida militar y familiar en el transcurso de los años, yo no digo que fueran, o no fueran, y si fueron, tal vez no lo fueron exactamente como aquí se narran; pero lo que sí quieren ser, es el fiel reflejo de unas Unidades, que, con sus virtudes y sus defectos, lo dieron todo al servicio de su Patria y cada día miran al peligro cara a cara, sin darle importancia ni pedir nada a cambio.
¿Qué menos podemos hacer que recordarlas?
PREAMBULO PARA LA EDICION DE CHASCARRILLOS MILITARES, LOS CAZADORES.
(Por el que fue su coronel jefe):
Un soldado roto y estropeado nos va a deleitar con remembranzas militares. ¿Quién con más títulos? Se trata de un anecdotario castrense en el que la ironía fina, gruesa, o muy gruesa, se desliza entre las apretadas líneas que contienen.”
(Continuará D.m.)