Chascarrillos militares. 11. El filántropo  

Por Carlos de Bustamante

Continuamos con el undécimo de los chascarrillos de Luis Esquiroz Medina, que titula “El filántropo”. Pero permitidme antes un comentario:

Chascarrillo éste donde los haya, me da pie para tratar un asunto que lo es por desgracia de plena actualidad. Se trata de los homosexuales en nuestra sociedad. Y por tanto en los Ejércitos. Como por vocación ya he dejado dicho que pertenezco a las FF.AA. Y éstas son parte de la sociedad española, pueden darse casos en la milicia tan `anormales´ como cuantos se dan en la sociedad de donde proceden y en este chascarrillo sólo se nombran. No se me alarme el personal, que ahora intentaré explicar mi punto de vista sobre `anormales. ´

Me pregunto y pregunto: ¿Es `normal´ la atracción sexual del macho sobre la hembra y viceversa tanto en la especie animal como en el género humano? La respuesta, salvo anormalidad, evidentemente es sí. Ergo si esta atracción no se diera entre quienes, hombres y mujeres, componen las filas del Ejército, o se diera entre personas del mismo sexo, sería una cosa rara, `no normal´: “anormal”. Quien dice en el Ejército, dice en la sociedad. ¿O no?  Pues eso.

Sin ningún esfuerzo, pese a la edad provecta en que procuro razonar antropológicamente, creencias aparte, aunque para el narrador incansable sean fundamentales, recuerdo los exhaustivos reconocimientos médicos. Prueba radicalmente necesaria de absoluta normalidad, para ingreso en la Academia General Militar.

Para mayor exactitud en el diagnóstico, el examen médico se componía de dos fases: si en la primera la anormalidad era evidente, el caballero aspirante quedaba ipso facto eliminado e incapacitado para presentarse a prueba alguna posterior.  Pasaban a la segunda aquéllos que la posible anomalía necesitaba una segunda revisión por dudas en algún miembro del inapelable tribunal médico. No se admitían por ejemplo los pies planos o cavos. por anormales.  Tampoco la más mínima protuberancia en el cuerpo, que no fuera normal. En fin, que cualquier caballero aspirante con la mínima anormalidad, por pequeña que fuera, quedaba inexorablemente excluido. Pues eso ¿O no?

Surgió la anécdota:  Si el que suscribe tenía alguna duda sobre aprobar todas las pruebas, en absoluto era ésta. En la primera fase cierto murmullo en el tribunal, puso un poco `mosca´ al atlético caballero aspirante.  Y razón tuvo para ello, puesto que fue llamado entre los de segunda vez…

No obstante, y para causar mejor impresión, penetré en la sala de reconocimiento más erguido que un gallo de pelea. Se repitió el murmullo.

Tal debió de ser la cara   de angustia en un cuerpo `en púribus´ que puesto en pie el presidente del tribunal se expresó así: “No, no, no se preocupe caballero aspirante, que sólo lo hemos hecho pasar, porque   nunca habíamos visto unos pies tan grandes”. Distendido   y aliviado, por el ambiente jocoso, me atreví a comentar con voz indisimuladamente   de abundantes decibelios: “cazador y campero hasta la médula, recorro   montes y morenas en zapatillas de esparto, así que, además de grandes, se me han esparramado”.  El tribunal dejó la seriedad para el siguiente.

Y vamos ya con el chascarrillo “El filántropo”:

“Tomando filiaciones en una llegada de reclutas, se encontraban como de costumbre varios escribientes de Mayoría a lo largo de las mesas del comedor, para que, así llegando los reclutas por varias hileras, el fichaje se hacía más rápido y fluido.  Por si tenían alguna duda y para mantener el orden, estaba un sargento; pero un sargento de aquellos que se hicieron toda la guerra del 36, y después pasaron un paquete de años en el empleo: fieles, cumplidores, tenaces, trabajadores, sufridos y cuanto de bueno se quiera decir…, pero poco cultivados.

Pues bien, al tomar los datos a uno de los muchachos recién incorporados el escribiente se encontró con la siguiente pega:

– ¿Oficio?

– Filántropo.

– ¿¡ Cómo dices…!?

– Filántropo.

El escribiente miró en la relación de oficios y no lo encontró por ninguna parte, en vista de lo cual gritó:

– ¡Mi Sargento! ¿Puede Vd. venir?

El Sargento se acercó preguntando al llegar:

– ¿Qué pasa?

– Que dice este muchacho que es “filántropo” y no viene en la relación de oficios.

– ¿Cómo dices muchacho?

Preguntó a su vez el Sargento, contestando el recluta silabeando:

– `Fi, lán, tro, po´, la misma palabra lo dice: Filos, amigo; Antropo, hombre, “Amigo de los hombres”.

El Sargento en una exploración inquisitoria lo miró de arriba abajo, y ante la duda de que aquel pollo pudiera estar intentando tomarle el pelo dijo al escribiente:

– ¡Ah, ya!, apunta: maricón”.

 

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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