“España, mañana, será dominicana”, de Antonio R. Naranjo; “La independencia fiscal de Cataluña restará 3.000 millones en ingresos tributarios al Estado”, de Carlos Reus; “El ‘procés’ que vuelve: fracasos, inestabilidad y falta de inversión”, de Cristina Rubio; y “El fracaso del PP con Ciudadanos y los eternos complejos de la Derecha” de Federico Jiménez Losantos

(Viñeta de Nieto en ABC el pasado día 27 )
ESPAÑA, MAÑANA, SERÁ DOMINICANA
Artículo de Antonio R. Naranjo publicado en El Debate el pasado día 27
¿Qué tendrá Punta Cana que allí acaban todos y todas? Un viejo dirigente socialista madrileño se tiró varios quinquenios denunciando el «urbanismo depredador» de Gallardón y de Aguirre, para mudarse poco después a uno de esos infiernos especulativos, quizá para infiltrarse y poder contarle luego a la Resistencia la tortura de vivir en una casa baja, rodeada de sierra, con piscina y más silencio que en una rueda de prensa de Pedro Sánchez con preguntas sobre Begoña Gómez.
Ese contraste entre lo que se dice y lo que se hace y lo que se denuncia y lo que se disfruta forma parte del genoma de esa izquierda cínica que por las mañanas prohíbe la prostitución en el Congreso y por la noche se va de lumis con Tito Berni, que no es categoría pero tampoco anécdota: no ha habido caso de corrupción sonado en el PSOE, desde los ERE hasta Roldán, que no culmine con largas noches de blanco satén acariciadas por samaritanas cargadas al erario público.
Ahora el urbanismo salvaje para los demás y grato para uno mismo se ha desplazado a Punta Cana, que empieza a ser para socialistas corruptos lo que Argentina para nazis huidos, salvando las distancias: un lugar donde disfrutar de una vida de incógnito, sin miedo a que el despliegue de recursos de dudosa procedencia tenga por respuesta la justicia internacional reclamada por Baltasar Garzón para todos, con la excepción de sus amigos.
Allá en la República Dominicana confluyen, con distintos papeles, Koldo García, Luis Rubiales, Javier Hidalgo, Víctor Aldama, José Bono, Pedro Sánchez y Begoña Gómez, cada cual con una excusa más o menos presentable.
No hago saco común, al menos de momento, entre quienes son sospechosos formales de guardar allí dinero turbio y quienes tienen una extraña afición a viajar en cuanto tiene cinco minutos y una invitación endeble. Pero la coincidencia y la acumulación de esbirros de la misma familia solo puede parecerle secundaria a quienes formen parte de ella.
Porque Sánchez ha viajado a la República Dominicana con una frecuencia llamativa, su esposa también, con él y sin él, y allí han anidado el mafioso de las mascarillas, el rescatado de Globalia y el besucón de la Federación. Puede ser una casualidad, pero también un indicio: sería la primera vez que se reúnen todos los pastores y no hay una oveja muerta.
Una buena manera de salir de dudas sería obteniendo respuestas a las preguntas que al menos unos pocos nos hacemos, impulsados por una mezcla de decencia intelectual y sentido común que al parecer otros emplean en perseguir a la mujer de Feijóo, sin duda mucho más peligrosa que la tribu de expertos en intermediaciones, compraventas, rescates y derroches asentada en las inmediaciones de la Moncloa.
¿Quién viajaba en los aviones del Estado rumbo al Caribe, más allá del Rey, el presidente y algún alto mando militar? ¿Cuántos de los turistas accidentales del listado enumerado en este artículo tienen allí propiedades, acciones, cuentas o cualquier otro bien?
A nadie sin tacha debiera costarle responder a estas sencillas cuestiones. Incluso podría verlo como una liberadora oportunidad de acabar con rumores, despejar sospechas, resarcir honores y marcar distancias con quienes no tengan la conciencia igual de tranquila. Si es su caso, señor presidente, ya está tardando en desmontar el meme que corre como la pólvora: «España, mañana, será dominicana».
Artículo en: https://www.eldebate.com/opinion/20240327/espana-manana-sera-dominicana_184834.html
LA INDEPENDENCIA FISCAL DE CATALUÑA RESTARÁ 3.000 MILLONES EN INGRESOS TRIBUTARIOS AL ESTADO
Artículo de Carlos Reus publicado en El Economista el pasado día 25
Cataluña perdería a la unidad de lucha contra el fraude fiscal con la creación de su Agencia Tributaria. Los inspectores de Hacienda alertan de la incostitucionalidad de los planes de Pere Aragonés. La autodeterminación tributaria catalana que plantea la Generalitat al Gobierno restará más de 3.000 millones de euros a la recaudación procedentes de la lucha contra el fraude fiscal. La Asociación de Inspectores de Hacienda advierte de la incapacidad de una Agencia Tributaria Catalana (ATC) para perseguir las actividades ilícitas, especialmente las cometidas por las multinacionales y los grandes patrimonios. Una labor -que a nivel estatal- generó unos ingresos extraordinarios de 15.332 millones de euros en 2022, claves para enderezar la estrategia de reducción del déficit público iniciada tras la pandemia. Un 20% de esa recaudación adicional procedía de actuaciones llevadas a por la delegación de la Agencia Tributaria en Cataluña.
El presidente de la Generalitat, Pere Aragonés, propuso hace días una reforma de la ley de financiación autonómica para permitir a Cataluña la gestión y recaudación de todos los impuestos en su territorio para después transferir una parte de los recursos al Estado. Para ello, el líder de ERC, prepara la creación de su propia Agencia Tributaria. Aragonés hace referencia al acuerdo de investidura que convirtió a Sánchez en presidente. En él, el socialista se comprometió a explorar la cesión del 100% de todos los tributos que se pagan en Cataluña, a través de un Consorcio que servía de nexo de unión entre ambas administraciones.
«La ATC tendría que requerir la colaboración de la Agencia Estatal para realizar prácticamente cualquier inspección, porque no podrá verificar operaciones realizadas fuera de Cataluña, ni elementos materiales sitos fuera de la comunidad autónoma, ni requerir información de contribuyentes no establecidos en Cataluña», relata el documento presentado en la Asociación de la Prensa de Madrid. En concreto, los inspectores de Hacienda prevén que -de llevarse a cabo- la nueva agencia catalana se vería obligada a encargar los trabajos de inspección a efectivos de la Agencia Tributaria, lo que alargaría los plazos «en perjuicio de los derechos de los contribuyentes».
Fraude de multinacionales y grandes patrimonios
La labor sería más precaria incluso en el control sobre las multinacionales, «ya que la explotación de la información y las actuaciones de control debe ser ejercida con carácter nacional», alerta en informe. En la actualidad existen 124 multinacionales en España que facturan más de 750 millones de euros anuales, y que tienen 14.700 filiales, de las que 9.800 son extranjeras.
Lo mismo ocurriría con los grandes patrimonios. Con la creación de una Agencia Tributaria catalana, la Generalitat perdería a la Unidad Central del Control de Patrimonios Relevantes, el equipo de inspectores encargados de detectar y actuar ante las irregularidades fiscales cometidas por las rentas más altas, y que depende del ministerio de Hacienda. Con ellos, Cataluña perdería toda la información y el censo que esta unidad lleva desarrollando desde 2018, y que permite una persecución eficaz. Solo en 2022, las actuaciones contra aquellos con altas capacidades económicas generaron como resultado deudas liquidadas por importe de 546 millones de euros en 1.130 expedientes.
Es más, los inspectores han explicado que existen tributos, como el caso del IVA, en los que su naturaleza hace imposible una gestión descentralizada del mismo. «Es más, las tendencias internacionales en este impuesto abogan cada vez más por una gestión en un solo país miembro y el reparto de recaudación entre los Estados», remarca la asociación.
Inconstitucional
Al margen avanza el encaje legal de la propuesta de Aragonés. Los inspectores de Hacienda alertan de su inconstitucionalidad, ya que derriba los principios de igualdad, de prestación de servicios mínimos esenciales y de solidaridad, que recogen la carta magna. «Esta independencia fiscal para Cataluña es inconstitucional», ha advertido la presidenta de la Asociación de Inspectores de Hacienda, Ana de la Herrán, durante una rueda de prensa.
Además, el análisis recuerda que todos los intentos del Ejecutivo catalán por levantar una agencia tributaria propia han sido derribados por la justicia. «La Constitución no ampara un régimen fiscal especial aplicable sólo en una determinada Comunidad Autónoma, en este caso Cataluña, por mucho que quieran decir que este territorio tiene una singularidad fiscal», afirman el documento.
EL ‘PROCÉS’ QUE VUELVE: FRACASOS, INESTABILIDAD Y FALTA DE INVERSIÓN
Artículo de Cristina Rubio publicado en El Mundo el pasado día 25
Las elecciones del 12-M, las segundas en tres años, agravan un desgobierno crónico. Cataluña vive sumida en el desgobierno desde el inicio del procés: las últimas elecciones que se celebraron cuando tocaba fueron en 2010 y auparon a la Convergència de Artur Mas al poder. Desde entonces, la política catalana se ha convertido en un vodevil a expensas del desafío independentista. Una inestabilidad que perdura a día de hoy, a las puertas de los nuevos comicios del 12 de mayo convocados por ERC, los segundos en apenas tres años, y a los que Carles Puigdemont ha decidido presentarse bajo el mantra de «culminar el proceso independentista».
Un procés que ha generado desgobierno y falta de inversiones en la última década: la legislatura que ha terminado esta semana ha sido la más larga desde la época del tripartito a pesar de que solo se ha prolongado tres años. El mandato de Puigdemont, por ejemplo, se terminó a los dos (2015-2017), igual que el de Quim Torra (2018-2020) o el de Artur Mas (finales de 2012-2015). Y la fuga de sociedades a raíz del referéndum ilegal aún no se ha revertido con un saldo negativo de 4.500 empresas perdidas.
Tras el desafío de 2017, ni el post 1-O ha servido para dar dar continuidad al Ejecutivo de la Generalitat, sumido en mil y una batallas internas entre republicanos y neoconvergentes de la mano de Quim Torra y Pere Aragonès, los dos últimos presidentes. Tras el convulso mandato de Torra, que terminó condenado por desobediencia, Aragonès pasó a asumir de forma interina la presidencia de la Generalitat hasta las elecciones de 2021, con las cuentas de 2020 prorrogadas y en plena resaca de la pandemia. Una provisionalidad que se alargó unos meses por la incapacidad del independentismo de pactar. El acuerdo llegó in extremis (en mayo de 2021) y provocó la reedición del gobierno entre Junts y ERC, con los republicanos por primera vez al frente de la Generalitat.
Eso sí, el Govern de Aragonès no duró demasiado y descarriló apenas un año y medio después: Junts dio un portazo y salió de la Generalitat en octubre de 2022 después de severas crisis internas. La mesa de diálogo y la sombra alargada de Puigdemont desde Waterloo dejaron a ERC con 33 escaños (de 135) al frente de un Ejecutivo en histórica minoría.
La decadencia que había empezado con Torra y prosiguió con Aragonès y Junts estalló con los republicanos en solitario: nunca antes un president había gobernado con tan poco poder y sin ningún aliado en el Parlament, una anomalía que se ha visto reflejada en la gestión del día a día.
A nivel económico, Cataluña ha dejado escapar varios grandes proyectos en los últimos años bajo la batuta de ERC -la ampliación del aeropuerto de El Prat, el complejo de ocio del Hard Rock o incluso los Juegos Olímpicos de Invierno de 2030- y sólo ha conseguido aprobar la mitad de los Presupuestos planificados (2022 y 2023), con la consiguiente pérdida de inversión añadida.
Tras el fracaso de la negociación de las últimas cuentas con los comunes que ha desembocado en el adelanto electoral del 12-M, la Generalitat deberá mantener el mismo nivel de gasto que en los Presupuestos del ejercicio prorrogado, que en 2023 ascendió hasta los 41.025 millones de euros. Sin embargo, para este año estaban planificados más de 43.600 millones, por lo que el Ejecutivo se quedará sin poder gastar esos 2.600 millones añadidos en 2024 para hacer frente a la sequía o a la crisis educativa actual. Eso sí, mientras tanto afrontará las segundas elecciones autonómicas en tres años.
En este sentido, los departamentos de la Generalitat implicados ya han avisado que deberán revisar sus planes y dejar en barbecho algunos proyectos previstos por la falta de acuerdo político con los Presupuestos. Una situación que se agrava en el caso de Acción Climática: la consejería afronta la peor sequía de los Historia con las cuentas prorrogadas y deberá reorganizar varias partidas a nivel interno para poder sacar adelante los proyectos más urgentes y las ayudas a los afectados. O en Educación, con los peores resultados del informe PISA aún por enmendar. Una mala fotografía política, económica y social para exhibir en campaña.
Artículo en: https://www.elmundo.es/cataluna/2024/03/25/66007e2f21efa0e1678b4581.html
EL FRACASO DEL PP CON CIUDADANOS Y LOS ETERNOS COMPLEJOS DE LA DERECHA
Artículo de Federico Jiménez Losantos publicado en Libertad Digital el pasado día 24
En las pasadas elecciones generales, alguien convenció a Feijoó de que casi un millón de votantes del PSOE estaban dispuestos a pasarse al PP. La idea de que hay un PSOE bueno que puede votar al PP no responde a ninguna realidad constatable; y en el mes de julio se comprobó su falsedad. Ahora, alguien ha vuelto a convencer a Feijóo de que hay medio millón de votos del PSC que en su día migraron a Ciudadanos y que ahora votarían al PP. Nada lo demuestra ni las encuestas lo dicen, pero el PP se ha vuelto a creer el cuento de la lechera centrista, alimentado por su eterno complejo de inferioridad ante la izquierda. Y va camino de pegársela, una vez más.
En julio, la campaña «Verano azul», que acabó con la muerte del Chanquete electoral, pero no de los chanquetes sorayos que la hicieron, se centró en la busca de ese voto de izquierda a la que había que «seducir» con mucha moderación, diálogo, sentido del Estado y la macedonia de frases hueras y necedades genuflexas que los votantes del PSOE rechazan desde 2004 hasta, insisto, 2024. Nada altera la estupidez de los maricomplejines: ahora buscan la versión catalana de ese error: cambiar el perfil del PP en Cataluña para que lo vote el PSC. El resultado sólo puede ser más oxígeno para un Vox exhausto y conquistar lo que ya tenían: el voto de Ciudadanos. Para ese viaje, sobraban alforjas. Sólo pueden apuntarse un éxito: enterrar a Ciudadanos, que ya estaba muerto. Para el PP, nada; para Vox, muchísimo.
Los tres errores de la derecha en Cataluña
Antonio Robles, de cuyo libro Extranjeros en su país, acaba de cumplirse uno de esos aniversarios que celebramos en vez de llorar, ha publicado en LD un gran artículo basado en otro excelente de Ana Grau. Salvo el título, «La insoportable levedad…» que debería estar tan prohibido en los medios como la «crónica», o lo que sea, «de una muerte», o lo que sea, «anunciada», el texto clava el problema de fondo: la derecha española sigue creyendo que en Cataluña hay Izquierda y Derecha, cuando sólo hay separatistas y españolistas. A esto último le hacía asquitos también Rivera, y con la fuga de sus líderes, explica su desastre: perdieron como progres lo que no supieron defender como simples españoles.
Robles no es progre, es de izquierdas, que es todavía peor, aunque pase por más respetable. Pero tiene claro que el problema principal es el nacional, no de clase. El PP de Madrid, y su vieja sucursal catalana, sierva del pujolismo salvo en la época de Vidal Quadras, sigue errando y errante.
Los tres errores para Ana Grau que suscribe Robles, son el pacto del Majestic Aznar-Pujol, el fiasco del PSC que resultó más nacionalista que Pujol, y el éxito de Ciudadanos que ya había acabado en fracaso cuando el PP se puso a hacerle la respiración artificial. Llegó Carrizosa, regente de la funeraria, y le quitó el cadáver, condición asumida por Adrián Vázquez. Es difícil, salvo en la campaña de «Verano azul», hacer peor negocio que el PP.
¿Cuál es el problema de fondo? No mantener un mismo discurso ideológico claro, al margen de las circunstancias y de las alianzas posibles o deseables. Por citar sólo a referentes del PP: el de Vidal Qadras, Cayetana y Alejandro Fernández, de oposición nada cordial al separatismo, sin hacer distinción entre Izquierdas y Derecha, porque en lo esencial son idénticos. Y ese discurso es el que llega a la base electoral del PP, Ciudadanos y Vox, que es exactamente la misma: la de la resistencia a la dictadura separatista.
Los detalles del pacto frustrado y la rendición del PP
Ahora que ha fenecido la posibilidad del pacto, que entregaba en bandeja la campaña a Vox, sabemos los detalles del mismo, que muestran la indigencia intelectual de los negociantes. No asumían las siglas de Ciudadanos, pero sí el horroroso corazón con las tres banderas, imagen perfecta del timo del trilingüismo, o timolingüismo, y regalaba a Vox la exclusiva de la bandera nacional, la que cuenta frente al enemigo común. Además, les daban tres puestos entre los doce primeros, de los once que les dan las encuestas, y dos en las listas europeas, para Vázquez y Poptcheva, no sabemos nada de Maite Pagaza.
Pero lo importante de esa negociación es el punto de partida de la otra parte, la naranja: cero escaños. En las catalanas y en las europeas: cero patatero, como el cosechado en todas partes. Si no es por un estúpido complejo de ilegitimidad ante los que los votantes ven como desertores y fracasados, no se explica tanta generosidad.
Para colmo, los bacterios de Génova 13 buscaban —y aún buscan— a un candidato «de amplio espectro», como los antibióticos, que atraiga a no se sabe quién: a Ciudadanos no le vota nadie; y el PSC, cuyos votos crecieron gracias a ERC, prueba de transversalidad, mantiene su línea separatista. Feijóo ha señalado que el PSC es el peor enemigo, pero ¿qué significa el cortejo a la novia cadáver de Ciudadanos sino el complejo ante el centro izquierda del PSC? Si Alejandro Fernández es insoportable para los cuarteles genoveses, haber pensado en Rivera y Arrimadas para hacer la campaña es una estupidez absoluta. Fantasías de un mundo anterior a Vox.
El voto está en PP, Vox y en los hartos de sectarismo
Conviene recordar que el PP tiene 3 escaños; Cs, 6; y Vox, 11. Las encuestas dan 11-13 al PP; 9-11 a Vox y 0 escaños, el 1% del voto, a Cs. ¿Con quién negociaba el PP salvo con sus fantasmas? Lo que correspondía a la gravedad del momento era ofrecer una alianza a Vox y a Ciudadanos, haciendo hincapié, naturalmente, en Vox, que tiene los escaños que le quitó al PP y alguno de los que no votaban y votaron al antiguo Vox, hoy muy disminuido. Con una excepción: Cataluña, donde los vaivenes y zigzagueos del PP le permiten mantener sus expectativas de voto. Sólo en Cataluña.
Lo urgente es crear un grupo parlamentario fuerte y español, o sea, PP y Vox, en el parlamento catalán, que vuelve a la república. Por tanto, aunque Vox haga, como en Madrid y Galicia, campaña contra el PP, en Cataluña el PP debe atacar a Sánchez y el separatismo, no a Vox. Y los que lo crean, lo votarán. Y los que no, no. Pero es más fácil que el PP recupere el voto perdido, hastiado o preocupado, sin hacer campaña contra Vox. El tiempo perdido con Ciudadanos era, en rigor, una campaña contra Vox, que ha acabado como el rosario de la aurora. ¿Ha aprendido alguien en el PP, empezando por su presidente, la amarga lección? Temo que no. Y no será porque la realidad no haya demostrado por enésima vez lo estúpido de sus complejos. Pero hay una Derecha que prefiere vivir en sus complejos antes que hacer frente a la dura realidad.