Salzillo, en el Nacional de Escultura de Valladolid

Por José María Arévalo

(La Inmaculada concepción, de Salcillo)

La obra del artista murciano viene a Valladolid, al Palacio de Villena, tras casi dos décadas en que se celebró la primera monográfica de este autor, bajo el título ‘Salzillo. El instante detenido’, una exposición que, hasta el 23 de agosto reúne un total de 26 obras. El murciano, hijo de Nicolás Salzillo y de la murciana Isabel Alcaraz, nació en el seno de una familia de artistas y pronto se convirtió en uno de los maestros del periodo Barroco.

La exposición reúne figuras cargadas de gran realismo donde se puede disfrutar en directo de tallas como Santo Domingo de Guzmán o San Francisco de Asís y una Inmaculada concepción pisando un orbe rodeado de nubes y ángeles sobre una sencilla peana moldurada. La muestra pone especialmente el foco en el proceso creativo del artista, incidiendo en tipologías desarrolladas por él, como la imagen de vestir, las tallas procesionales o las esculturas de pequeño formato de carácter devocional.

La exposición de la obra del murciano tiene lugar casi dos décadas después de la última gran muestra monográfica dedicada a este artista, en 2007 en el Museo Salzillo de Murcia. El comisario de la actual muestra es Miguel Ángel Marcos, conservador del Museo Nacional de Escultura y responsable de su departamento de Colecciones. Diferentes museos e instituciones civiles y religiosas y otras de coleccionistas particulares se suman a las aportaciones del museo Salzillo. Además, figuran las dos únicas obras de este artista que se conservan en Castilla y León. Se unen también tres importantes obras de la parroquia de Santiago Apóstol de la localidad murciana de Lorquí.

Francisco Salzillo y Alcaraz (Murcia, 1707 – 1783) fue autor de innumerables tallas –Ceán Bermúdez le atribuía de forma exagerada 1.792 obras– para conventos y templos murcianos, incluyendo importantes pasos para cofradías como la de Nuestro Padre Jesús Nazareno o la del Prendimiento, así como un rico Belén con más de medio millar de figuras, es protagonista de una de las grandes exposiciones que se celebran en 2026 en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, con la muestra “El instante detenido”.

Uno de los maestros del barroco desembarca, así, en Cadenas de San Gregorio, donde el centro estatal conserva tallas como un Santo Domingo de Guzmán, un San Francisco de Asís y una Inmaculada concepción pisando un orbe rodeado de nubes y ángeles sobre una sencilla peana moldurada. Vuelve para ser protagonista, como ya lo fue hace más de una década, en el tercer centenario de su nacimiento, con “Testigo de un siglo”.

Hijo del escultor de origen napolitano Nicolás Salzillo y de la murciana Isabel Alcaraz, Francisco nació en el seno de una familia de artistas de la que fue su miembro más destacado y en la que algunos de sus hermanos también practicaron esa actividad. A los 20 años, muerto el patriarca, se haría cargo de su taller –abandonando, al parecer, sus estudios eclesiásticos en el Convento Dominico de Murcia–.

La imaginería murciana estrenaba el siglo XVIII con renovado vigor, tras una centuria previa marcada por la mediocridad, gracias al empuje de maestros como Nicolás de Bussy o el citado Nicolás Salzillo. Aquellos, como el francés Antonio Dupar, fueron los referentes más cercanos del artista. Murcia, además, vivía un tiempo de prosperidad.

En ese ambiente de actividad artística irrumpió con fuerza la figura de Francisco Salzillo. Su vida y su obra alcanzaron pronto gran fama y fueron difundidas gracias al estudio realizado por Ceán Bermúdez en 1800, tan sólo diecisiete años después de la muerte del escultor. Los historiadores de la época de la Ilustración difundieron la imagen de un escultor plenamente identificado con el medio cultural y religioso que lo rodeaba y alabado por un público sencillo que se conmovía fácilmente y que pronto lo elevó a la categoría de genio. La imagen de genio aislado, no exenta de un halo romántico, le presentaba como un hábil artesano reducido a su ámbito local sin contacto con el exterior. En 1945, José Sánchez Moreno reivindicó su justa dimensión, muy alejada de ese tópico, en Vida y obra de Francisco Salzillo.

Salzillo fue Inspector de la Inquisición de pinturas y esculturas religiosas en el distrito de Murcia. En 1755 el Ayuntamiento lo distinguió con el título de Escultor y Modelista de la Ciudad. En 1763 fundó en su propia casa una Academia particular, el precedente inmediato de la organizada por la Sociedad Económica de Amigos del País.

La muestra, mas allá de poder disfrutar de la obra barroca, incluye visitas guiadas por el comisario o una escuela de verano para niños y visitas temáticas durante el verano que estarán abiertas al público general. Cabe destacar que la exposición también cuenta con un catálogo científico en el que ha participado un grupo de especialistas cofinanciado por el Ayuntamiento de Lorquí (Murcia)

Salas

La muestra recoge todo su proceso creativo que siguió el maestro, hasta sus obras fundamentales finalizadas.

De las 26 piezas repartidas en seis salas del Palacio de Villena, con diversidad de formatos, desde pequeños bocetos que muestran ya la genialidad del artista a grandes conjuntos llenos de movimiento y sentimiento, dos no las firma Salzillo pero sí están relacionadas con su producción.

En la primera sala se aborda ‘El proceso creativo’ de Salzillo, en un recorrido que se abre con la escultura ‘Santa Ana enseñando a leer a la virgen’, obra adquirida en 1961 por el Museo Nacional de Escultura en el marco del proceso de incorporación de obras de Salzillo, una pieza que, sin embargo, en 1973 se descartó como propia del escultor murciano y fue finalmente atribuida a uno de sus discípulos, Juan Porcel. Esta obra ejemplifica las dificultades habidas para acotar la producción de Salzillo y también la inclinación que ya desde sus inicios ha tenido el museo por la obra del artista, en paralelo al afán por ensalzar la obra de la escultora Luisa Roldán.

En la misma sala, se reúnen diversos bocetos en pequeño formato, como los de San José con el niño, para dar paso después a una segunda sala centrada en el «leitmotiv» de la muestra, el «instante detenido», esa capacidad del autor de «detener y capturar el momento», con obras como ‘Virgen de la leche’, ‘Santa Clara arrebata en mística contemplación’ o ‘Cristo de la agonía’.

Bajo el título de ‘Ecos de obras perdidas’, en la tercer sala se hace una «pequeña reflexión» sobre las piezas perdidas del autor y su documentación, un contexto en el que se exhibe una imagen de la Inmaculada en pequeño formato realizada para el Colegio de la Purísima de Murcia en 1931, boceto de la monumental que se quemó.

En el siguiente espacio, se invita a apreciar la escultura del vestir, la «gran minusvalorada de la escultura española», tal y como ha indicado el comisario de la muestra, una expresión artística que simboliza «la gran obra total» y que alcanzó su máximo esplendor en los siglos XVII y XVIII, con Salzillo como un autor que decidía estas vestimentas. Entre las piezas expuestas, destaca la ‘Dolorosa de Lorquí’, que conserva su vestimenta original restaurada recientemente por el Instituto de Patrimonio Cultural de España.

En la quinta sala, se encuentra el espacio «más espectacular» de la muestra, dedicado a la escultura procesional, de la que Salzillo fue uno de los «mejores intérpretes». El escultor realizó para congregaciones gremiales imágenes como ‘San Roque con el ángel y el perro’ o ‘San Antonio Abad sometiendo al dragón’, presentes en una sala en la que también se encuentra una imagen de San Francisco de Asís, procedente de la Iglesia de San Sebastián de Villacastín (Segovia).

Esta sala acoge, asimismo, el paso del ‘Prendimiento’, prestado por la Cofradía de Jesús de Murcia y una de las «obras cumbres de la plástica española y europea», tal y como ha destacado Marcos, para explicar que la exposición concluye con una «vuelta de tuerca» al pasar de las grandes imágenes a un formato pequeño con imágenes devocionales en la última sala, con tres obras «excepcionales», como un busto de la Dolorosa, obras «fundamental» de la producción del murciano, y una figura del niño Jesús desnudo, que muestra la «habilidad» que el protagonista tenía para «tratar la anatomía infantil».

 

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Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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