Por José María Arévalo

No tenía yo noticia de las declaraciones de Javier Milei, el presidente argentino, que ha dicho que la caída de la natalidad se debe a la ley del aborto, que al parecer han levantado mucho debate en Argentina. Me lo contaba un mensaje de Amelia Bueno y todo el equipo de Ambulancia Vida, que vale la pena reproducir.
“Las feministas han salido en tromba a desmentirle” comenzaba el mensaje, añadiendo: “Más allá de las siempre discutibles formas de Milei, ¿tiene o no tiene razón? Si y no. Te explico.”
Directamente sí -continuaba-. Obviamente si prohíbes el aborto impulsas la natalidad y viceversa: si lo facilitas. En Estados Unidos han estudiado el impacto de la reversión de la sentencia de Roe vs Wade que convirtió el aborto en un derecho federal. Dejar de ser un derecho federal permitió que varios estados establecieran frenos como el latido fetal. Y eso produjo entre 1,7 y 2,3% más nacimientos según un estudio y entre un 3-4% según otro.
Por lo mismo, cabe afirmar que aprobar el aborto en Argentina en 2020 redujo la natalidad.
Pero la realidad es que la natalidad ya llevaba cayendo desde años atrás. Entre 2014 y 2020 la natalidad cayó en Argentina un 34% y el embarazo adolescente se redujo en un 55%. Es decir, que la caída importante de la natalidad venía de antes aunque el aborto la profundizara.
¿Qué es lo que en realidad está pasando? Que el avance hacia una sociedad individualista, narcisista, secularizada, que sólo busca el placer, que huye del compromiso, que descarta al débil, es un terreno muy hostil para la fecundidad.
El aborto es la guinda de ese penoso pastel. Porque permite concluir que la anterior pirámide de contra valores es la correcta: lo primero es mi desarrollo profesional, atarme con otra persona no tiene sentido y mi cuerpo está hecho para el placer. Por tanto, si me quedo embarazada lo que tengo que hacer es deshacerme del ‘problema’: no es el momento, no estoy preparada, no es el padre que quiero para mi hijo,…
Con esta ‘lógica’ , llegamos a la situación de España donde cerca de un 25% de los niños son abortados, ¡son privados del primero de los derechos, el derecho a vivir!
Por eso la batalla es cultural: la maternidad es un regalo, los hijos son un don, el sexo está hecho para la unión de los esposos y la vida es un regalo que hay que acoger.
Pero en esa batalla cultural, las leyes juegan un papel esencial. Porque envían señales pedagógicas que permiten construir o deconstruir. Considerar al bebé no nacido un miembro más de la familia es un mensaje muy positivo. Imponer el relato de que el aborto es un derecho sexual y reproductivo de la mujer es un mensaje muy negativo.
Esa es nuestra batalla Por eso estamos frente a los centros de aborto para decirle a las madres que no están solas, que podemos ayudarlas. ¿Qué necesitas para no abortar?
Pero además del ‘cuerpo a cuerpo’ tenemos que ganar el relato de las bondades de la maternidad, del regalo de la fecundidad, del don de la vida recibida. Como dice Ana Isis Simón, los padres y madres quizás no estén más contentos que los que no tienen hijos, pero sí son más plenos…
Y además, tenemos que pelear para que las CCAA implanten un protocolo provida que dé la enhorabuena a la mujer que se presente embarazada. Que el primer mensaje de un ‘bata blanca’ sea de acogida es fundamental…
Y desde luego, tenemos que ir avanzando hacia la protección del derecho a la vida del no nacido: desde el latido fetal hasta el #AbortoCero que es nuestro gran objetivo.