La momia de Lenin.PD

LA HISTORIA Y SUS PROTAGONISTAS

La momia de Lenin

El de Lenin probablemente sea el cuerpo mejor embalsamado de la historia.

A pesar de que las momias egipcias han conseguido llegar hasta nuestros días tras miles de años, el «lider del proletariado» se conserva tras más de noventa años como si aún estuviese vivo.

Y no es para menos, pues un equipo de científicos se dedica en exclusiva, noche y día, a conservarlo.

La rutina de una momia
Vladímir Ilich Uliánov, más conocido como Lenin, fue uno de los políticos y líderes más importantes de la modernidad.

Tanto para sus detractores como para sus defensores, el papel de Lenin en la historia está claro y es irrebatible. Tanto es así que, a pesar de su voluntad de ser enterrado junto a su madre, su cuerpo se convirtió en un símbolo. Tras morir, en 1924, Stalin obligó al Politburó a embalsamar y exhibir su cuerpo como símbolo para todo el proletariado.

«Solo será por tres días», decían.

Y ahí lleva la momia un siglo. Dejando un poco de lado las consecuencias políticas que su momificación, lo cierto es que su paso de vivo a embalsamado está llena de historias.

Tras su muerte, bajo la presión de Stalin, se creo el «Comité para la Inmortalización». Este grupito se encargó de seleccionar la que sería la fórmula mágica que conservaría el cuerpo del líder a lo largo del tiempo. Aunque en un principio se consideró la idea de congelar el cuerpo para poder resucitarlo en el futuro, cuando la medicina pudiera curarle su misterioso mal, finalmente se decidió convertirlo en una simple momia. Bueno, simple no.

Y es que un equipo de hasta seis científicos se dedicaban en cuerpo y alma a conservarlo. En el propio mausoleo de Lenin se encuentra un laboratorio.

Todos los días el cuerpo es sacado unos minutos antes de la exhibición y rociado con una mezcla especial que lo humedece y protege. Se coloca entonces en el sarcófago de cristal y a prueba de balas.

La momia de Lenin.

Esta otra obra de ingeniería rusa protege al cuerpo de Lenin de cualquier mal, incluyendo el oxígeno y la temperatura. No es para menos, ya que el cuerpo de Lenin ha sido disparado, tratado de ser golpeado e incluso volado por los aires. De hecho, tuvo que ser evacuado durante la II Guerra Mundial hasta Siberia, con sus científicos y todo. Cada año, el cuerpo de Lenin es extraído y trabajado durante dos meses en el cual lo bañan en una solución especial, le cambian en traje y reparan cualquier daño que haya podido sufrir.

El equipo científico encargado (conocido como «El grupo del Mausoleo») consta de anatomistas, biólogos y bioquímicos, entre otros. Aunque al final, con el tiempo, la momia no sea más que un conjunto de tejidos coriáceos preservados por la mezcla de químicos. De hecho, poco a poco los polímeros plásticos van sustituyendo el tejido original. Así, el cuerpo de Lenin va siendo cada vez menos cuerpo y más maniquí. Eso sí, parece más vivo que nunca.

El cuerpo de Lenin, un símbolo
Lo que me resulta más curioso es cómo una personalidad puede llegar a convertirse en un símbolo hasta el punto de no dejar que «muera» realmente. El cuerpo de Lenin es un ejemplo perfecto.

La cantidad de recursos y esfuerzos puestos en la conservación es increíble.

El equipo de seis científicos, actualmente, no solo se dedican a Lenin sino que trabajan también con el cuerpo del líder vietnamita Ho Chi Minh y los norcoreanos Kim Il-sung y Kim.

El equipo de científicos se dedican también al cuerpo del líder Ho Chi Minh y los nor-coreanos Kim Il-sung y Kim Jong-IlJong-il. Pero en el caso de Lenin, la cosa todavía va a más. Y es que al líder del proletariado, tras su muerte, se le extrajo el cerebro y se mandó a un eminente neurocientífico, Oskar Vogt, que lo estudiara.

El objetivo era localizar las células en el cerebro que originaron el genio de Lenin. Ni que decir tiene que no las encontró (a pesar de que publicó un artículo al respecto). Pero se creó el Instituto del Cerebro de Moscú solo para tal fin. Los trabajos de Vogt no fueron bien recibidos por la Unión Soviética, ya que no eran lo suficientemente satisfactorios.

Y es que Lenin era ya el símbolo intocable y endiosado que ha sido hasta fechas recientes. Algo gracioso si tenemos en cuenta que al propio Lenin parece que le asqueaba terriblemente el reconocimiento personal. Así lo declaró en más de una ocasión.

A Lenin le molestaba que lo consideraran un genio y tuvieran tantas deferencias sobre él. En su opinión, era algo que iba en contra de toda su lucha. O eso dicen sus biógrafos. Sería muy interesante saber qué opina sobre el hecho de que su cuerpo haya costado tantos esfuerzos en ser momificado.

La dedicación en la momificación del cuerpo de Lenin es, como poco extraordinaria. A día de hoy ya no se sufraga con fondos públicos y, mientras tanto, cada vez son menos los visitantes del mausoleo.

Hay quién ha pedido que se deje descansar, de una vez, al pobre Lenin, que ya está bien. Quién sabe, puede que el cuerpo del dirigente sea enterrado en 2024, tras cien años de servicio, en San Petersburgo, por fin. Pero mientras tanto, ahí sigue. Más «vivo» que nunca.

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