Ortega y Zaugg pasan por El Retiro

Primavera, Parque del Retiro y el arte más polémico, un paseo sin rival

Ortega y Zaugg pasan por El Retiro
Cuestiones de percepción - Palacio de Velázquez

El Museo Reina Sofía presenta en el Palacio de Cristal del Parque del Retiro la instalación ‘El cohete y el abismo’, del creador mexicano Damián Ortega , mientras el vecino Palacio de Velázquez hospeda desde hace un mes el arte conceptual del suizo Rémy Zaugg bajo el título de ‘Cuestiones de percepción’. Ambos exponen por primera vez en España. Diferentes pero igual de sorprendentes, ambos plantean enigmas abiertos que el visitante puede responder de mil maneras, entre el interés y el desprecio.

Con la percepción como epicentro de su trayectoria de cinco décadas, el color y el lenguaje son los instrumentos prioritarios que Zaugg (Courgenay, 1943 – Basilea, 2005) utiliza en las alrededor de 130 piezas que se exponen. Trata de indagar en la percepción que tiene el espectador de la obra de arte en función del espacio expositivo en que se halla. Arte conceptual, arte que ya no refleja el mundo sino que quiere generar frías y puras ideas.

En la sala central del Palacio, el visitante ocasional, el curioso impenitente, el turista despistado y el amante de  fuertes emociones visuales se encontrarán frente a la serie De la ceguera, que provoca un impacto poderoso. En ocho cuadros de gran tamaño dispuestos en el gigantesco recibidor, el texto y el fondo se definen en un contraste de color estridente con un mensaje común: “Schau, / Im Augenblick / Bin Ich Blind, / Schau” (Mira, / ahora soy ciego, / mira.). Es como una ceguera momentánea, un sinsentido infinito, estas ocho enormes telas con únicamente la misma frase en diferentes colores. Zaugg quiso detectar los límites de la percepción visual: contaba -nos dicen- que al observar en su estudio estos cuadros juntos, cada uno neutralizaba el efecto colorido simultáneo de los demás, pero sin provocarle ninguna impresión desestabilizadora. Con ello dedujo que mediante una separación entre ellos el observador se hallaría en una “incertidumbre interrogativa”. ‘Tenía la impresión de que eran ellos los que me observaban de cerca y desde todos los ángulos”: la relación del lugar y la obra se complementarian. Quizás el lector entiende lo que decimos, que es poco más de lo que nos dicen los organizadores, y quizás le pique la curiosidad. La impresión es en todo caso potente.

la serie forma parte de su producción última. Los años noventa suponen un importante punto de inflexión en la obra de Zaugg ya que irrumpe con decisión el color y la producción industrial se consolida frente a las prácticas pictóricas convencionales. De la ceguera (1994-1997), está escoltada por dos series semejantes, El mundo ve (1993-2000) y De la muerte (1998-2002/2005), y son los trabajos en que se concentró hasta su fallecimiento a los 62 años: superficies de aluminio pintadas con sprays industriales. Sobre ellas es serigrafiada la frase para después aplicarle de nuevo al conjunto de la superficie una capa de esmalte, que pulirá una y otra vez hasta conseguir calidades impecables. Cualquier referencia a lo pictórico es desterrada con esta nueva estrategia, pretendidamente impersonal. A diferencia del soporte tradicional –lienzo sobre un bastidor–, el aluminio es un material duro que está presente en la vida cotidiana y admite esos colores agresivos que en adelante va a utilizar. De esmaltar los cuadros se encargan planchistas de automóviles, mientras que la impresión recae en manos de serigrafistas. De nuevo el taller del pintor, pero en nuestra época un taller que tienen que parecer de reparación de automóviles más que el de Rubens o Tiziano. El trabajo artístico ya no es la fabricación del cuadro sino la creación del concepto,  y Zaugg se concentra en los textos, en los colores y en la tipografía. A partir de mediados de los noventa el aluminio será ya el único soporte empleado.

Frases de colores. Dicen que un nuevo capítulo en las relaciones entre la mirada y el cuadro. Si anteriormente la riqueza formal permitía un estudio en la pintura, los cuadros de aluminio producen una reacción opuesta. La mirada resbala sobre la superficie. No es retenida por ella sino repelida. El ala derecha del Palacio de Velázquez muestra, en la sala anexa lo que puede considerarse el alma de la exposición, la obra ’27 esbozos perceptivos de un cuadro’ (1963-68), una serie que constituye un desglose detallado de los elementos del cuadro ‘La casa del ahorcado’ (1872-73), de Paul Cézanne; pero no mediante una re-representación ni una copia de la obra impresionista, sino equiparando las funciones del pincel y la del lápiz, sucesivas descripciones escritas a mano en un cuaderno de los distintos aspectos del cuadro, las fachadas, los árboles, el camino, el azul del cielo. Zaugg la guardó, quizás bajo siete llaves. Quince años después desempolvó el conjunto y comprobó que había estado trabajando de la misma manera todo el tiempo desde entonces, impulsado por la misma inquietud analítica.

La identificación entre pintura y escritura llegará a mediados de los ochenta a través de la tipografía. Y la tipografía será la obra, lo que contenga el cuadro: el paisaje, el retrato, el bodegón, el todo.

Un vídeo de casi una hora de duración está dedicado a las explicaciones que los expertos deducen de su obra; en otro de 22 minutos de duración le vemos de espaldas pintando un paisaje nevado en lo alto de los Alpes sirviéndose de una brocha y un bote de pintura blanca de los de pintar paredes; y en un tercero, el artista fuma un cigarrillo mientras observa una performance de Abramovich y Ulay. El Catálogo es muy serio, incluyendo textos del mismo Zaugg y de Ignasi Aballí, el artista conceptual barcelonés al que el Reina dedicó una muestra el pasado año (ver nuestra reseña).

DEL CONCEPTO A LA INSTALACIÓN

Por su parte, Damián Ortega (México D.F, 1967) en su primer trabajo en España ha desarrollado un proyecto en tres vertientes, inspirándose en un poema de Vicente Huidobro de 1919 titulado ‘Altazor o el viaje en paracaídas’. Quiere reflejar la tensión contradictoria entre la ascensión y la caída, haciendo alusión a la historia de la arquitectura y la ingeniería modernas. En el centro del edificio ha colocado ‘Torre Latinoamericana’, una reproducción en piel impresa de este emblemático edificio de la capital mexicana, inspirado en el Empire State Building de Nueva York, invirtiéndolo y convirtiéndolo en un péndulo colgado de un cable de acero desde el punto más elevado del Palacio. La Torre es en ahora un gran reloj de arena que dibuja sobre el suelo su movimiento oscilante. Nos dicen que el proceso de recoger la arena y de volver a llenar el receptáculo forma parte del proyecto y recuerda la labor de Sísifo, cuyo castigo le obligaba a empujar una gran piedra una y otra vez. No lo vimos.

A su derecha, el segundo componente del tríptico ‘El cohete y el abismo’ es un Titanic en escultura blanda de lona que mide trece metros, suspendido del techo, dibujado con lápiz de cera y tinta de plotter, y posado a medias sobre el suelo, como un ángel caído.

Finalmente, a la izquierda, el tercer elemento de la plural instalación lo constituye ‘Los pensamientos de Yamasaki’, dedicado al gran proyecto urbanístico Pruitt-Igoe (San Luis, Misuri, 1954-1955), de este arquitecto americano de origen japonés, aclamado como uno de los proyectos urbanísticos de vivienda pública más relevantes de la posguerra en Estados Unidos, iniciado en un momento de optimismo económico, y revelándose pocos años después, sin embargo, como una gran decepción por su rápida decadencia: nido de marginales, nunca habitado del todo, fallido en muchos aspectos, en los años setenta, sus treinta y tres edificios fueron demolidos por decisión del gobierno federal, convirtiéndose en paradigma del fracaso de la arquitectura moderna. La propuesta fabula la reacción del arquitecto ante su fracaso mediante citas periodísticas (y de Gilles Lipovetsky), y objetos de la época adquiridos de segunda mano. Resulta interesante, más allá de la vacuidad de la mayoría de las instalaciones, aunque deja de lado un hecho que a nosotros nos parece el más relevante: Minoru Yamasaki después de esta mala experiencia tuvo otra aún peor, incomparablemente peor. Fue el autor de las torres del World Trade Center en Nueva York derribadas traumáticamente en el descomunal atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001. El complejo fue diseñado a principios de la década de 1960 por el estudio de Minoru Yamasaki y Asociados, de Troy (Míchigan), y el Emery Roth e Hijos, de Nueva York. Las Torres Gemelas, de 110 pisos cada una, cuando fueron inauguradas en 1973 eran el edificio más alto del mundo. Yamasaki murió de cáncer en 1983. Se libró al menos de presenciar este segundo derribo de sus creaciones arquitectónicas.

Añadido.- Damián Ortega y Rémy Zaugg. Este, concienzudo intelectual a más no poder que dedicó su vida a dilemas elevados; aquel, joven emprendedor que trabaja en la superficie de las apariencias chocantes. Suizo y mexicano respectivamente, por si tal detalle añade algo.

Calificación de las Exposiciones (Zaugg y Ortega) (del 1 al 10)
Interés: 7-7
Despliegue: 8-6
Comisariado: 7-7
Catálogo: 8-n/e
Explicación al visitante: 8-8
Documentación a los medios: 8-8

MUSEO REINA SOFÍA

Palacio de Cristal, Parque del Retiro
Damián Ortega. El cohete y el abismo
5 de mayo de 2016 – 2 de octubre de 2016
COMISARIO: João Fernandes
COORDINACIÓN: Soledad Liaño
-Encuentro con Damián Ortega. En conversación con Peio
Aguirre. Viernes 6 de mayo, a las 19.00 horas
Auditorio 200. Edificio Nouvel

Palacio de Velázquez. Parque del Retiro
Rémy Zaugg. Cuestiones de percepción
31 de marzo de 2016 – 28 de agosto de 2016
En coproducción con Museum für Gegenwartskunst, Siegen (Alemania)
COMISARIO: Javier Hontoria
COORDINACIÓN: Patricia Molins
Estuvo en el Museum für Gegenwartskunst, Siegen (Alemania), del 1 noviembre 2015 al 6 marzo 2106.

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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