La verdad resulta sospechosa cuando abundan las mentiras

La Compañía Nacional de Teatro Clásico no consigue una buena versión del clásico

La verdad resulta sospechosa cuando abundan las mentiras
Montaje de la obra por la CNTC

La Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) basa la temporada que se inicia en el montaje de ‘La verdad sospechosa’, de Juan Ruiz de Alarcón, por parte de su directora, Helena Pimenta. Una apuesta escasa y deficiente que remite con nostalgia a los tiempos de su anterior director, Eduardo Vasco. Es un montaje decepcionante. La CNTC se suma a la crisis creativa que parece asolar de nuevo al teatro español tras una década de esperanzas. Lástima, porque esta comedia de hace cuatro siglos es de plena actualidad en una sociedad que ha convertido la mentira y el infundio, el cotilleo y la cháchara faltona, en actividad tan cotidiana como respirar.

Una obra señera del siglo XVII es ambientada en el XIX sin que venga a cuento, sumida en una escenografía ‘low cost’ de muros cuadriculados inviables e imposibles, destruida en su principal valor, un texto en verso de valor incalculable, y convertida en un guirigay de aspavientos, carrerones, gritos y absurdo frenesí que podría juzgarse producto de una sobredosis de estimulantes.

Un equipo técnico probado en mil batallas, sucumbe sin resistencia. Un elenco sólido, bien urdido en sus partes principales, apenas se hace entender oralmente y debe recurrir a los peores trucos del oficio. Tal desencuentro no puede ser sino responsabilidad directa e inexcusable de la directora, Helena Pimenta. Quien como además es directora de la CNTC desde 2011, comete falta doble a nuestro humilde parecer y nos preocupa doblemente.

Juan Ruiz de Alarcón escribió y estrenó esta obra capital del teatro barroco hispano entre la segunda y la tercera décadas del siglo XVII. Había nacido en México, morirá sin cumplir los cincuenta, víctima de insultos crueles y denuestos vergonzosos por parte de Quevedo, Lope y los demás prohombres de la villa y corte. Esta su mejor comedia formaba parte del impulso regenerador del conde-duque de Olivares, valido de Felipe IV, para sacar al imperio español de la deriva de corrupción y despilfarro en que ya embarrancaba. Corneille se inspiró en La verdad sospechosa en su ‘Le menteur’, y Goldoni hizo lo propio para su ‘Il bugiardo’.

Un rico preboste de estricta moral descubre escandalizado que tiene un hijo mentiroso compulsivo. Este Don García en llegando a Madrid cae enamorado de una dama cuya identidad equivoca, dando lugar a un complejo entramado argumental de equívocos que el montaje jamás consigue aclarar. Anécdota frágil, similar a la de tantos y tantos textos dramáticos de la época, simple pretexto que sirve para enhebrar un texto de antología.

‘En la boca del que mentir acostumbra, es la verdad sospechosa’, dice Tristán, el personaje gracioso, justo antes de que caiga el telón. Y es lo que ocurre hoy día en lo colectivo, que toda afirmación de los medios de comunicación es sospechosa de entrada, porque a mentir acostumbran desde el mismo momento en que empezó la transición simulada que condujo a la democracia mendaz. Año de gracia de 1975, pronto cuarenta años de régimen engañoso mantenido por una sociedad mentirosa a más no poder.

Ignacio García May, autor de la versión, ha dado con el meollo por el que aquel indiano jorobado nos había avisado con tanta antelación: ‘Lo que nos concierne aquí es el brutal cambio de paradigma: en la actualidad, como recuerda constantemente el Dr. House, todo el mundo miente. También esto está comprobado por la ciencia: se calcula que decimos en torno a cuatro mentiras diarias. ¿Cuántas veces se despide alguien de nosotros asegurando que «nos llamará» y luego no nos llama jamás? ¿No es común (sobre todo en el teatro) declarar públicamente que algo nos ha gustado cuando en realidad nos ha parecido horrendo? Hay muchos tipos de mentira, y hasta hablamos de «mentiras piadosas» para justificar algunas de ellas. Pero todas parten del mismo parámetro: el íntimo desprecio hacia el lenguaje, la conciencia, completamente equivocada, de que «las palabras se las lleva el viento»‘. Bien por García May. Mal que Pimenta se haya quedado en un montaje de tres al cuarto, indigno de la subvencionada CNTC, encargada por los poderes públicos de mantener encendida la llama de nuestros clásicos.

Y es que estamos de nuevo en situación parecida a aquella, solo que hoy no es siglo de oro sino el siglo del plástico. ‘Es lógico que el Siglo de Oro se interesase por la mentira: al fin y al cabo, una mentira no es más que una forma de apariencia y ya sabemos lo mucho que esta cuestión preocupó a los artistas del XVII. Y como el teatro de esa época es el teatro de la palabra por excelencia, forma y fondo encontraron en esta cuestión el tema perfecto. La verdad sospechosa es, sin duda, la cumbre de cuantos títulos trataron la materia de la ‘mendacio’ en los escenarios barrocos. En una primera lectura parece tan sólo la enésima versión cómica del cuento de Pedro y el lobo: el embustero al que, llegada la hora de la verdad, nadie cree. Pero enseguida descubrimos que Ruiz de Alarcón, un dramaturgo espléndido, no se ha contentado con esto y ha formulado cuestiones muy serias. La más importante: ¿Qué es mentir en un ámbito donde la mentira ya no es la excepción, sino la norma? ¿De verdad tenemos nosotros, en la desdichada España de 2013, una respuesta convincente a esta pregunta?’, pregunta García May. La tenemos, se puede responder. Hay que volver a lo básico, a lo auténtico, a lo real.  Hay que moralizar, educar, exigir y responsabilizar a esta desnortada sociedad nuestra. Hay que volver a los valores. Hay que dar ejemplo y exigir decencia. Punto y seguido.

La música, -‘de ida y vuelta’ como se ha acuñado en el flamenco-, es parte de lo mejor de la pieza, aunque se haya limitado a un piano en vivo y todo lo demás grabado, y aunque haya debido situarse en el romanticismo del XIX en vez de en el barroco del XVII como correspondería. Hay, por desgracia, poco que destacar esta vez en coreografía, iluminación y vestuario. La escenografía y la interpretación son los dos boquetes por los que el navío hace aguas. ¿Alguien podría defender esa espantosa cuadrícula angular donde los personajes flotan sin estar? ¿Alguien podría argumentar en favor de la línea interpretativa elegida, la de la exageración, el aspaviento, el grito, una aceleración alucinada que pretende llenar un vacío conceptual desgraciadamente muy real? Nombres que hemos alabado a menudo son obligados a encarnar personajes de guiñol, superficiales, caricaturescos. Obviamente espoleados por la directora, sobreactúan sin pudor. Fernando Sansegundo intenta alguna contención pero Joaquín Notario da voces altisonantes desde el mismo inicio. Rafa Castejón hace el protagonista, Don García, de forma muy plana y nada convicente. Peor está Marta Poveda como Jacinta.
                       
No es comprensible que el asesor de verso haya permitido estrenar con tan deficiente dicción y tan atropellada labia. Cuando no se entiende lo que se dice en el escenario, irrita y cansa. Parece imposible que el mismo equipo que hizo una excelente La vida es sueño en la temporada pasada en torno a Blanca Portillo (ver nuestra reseña), presente ahora un trabajo tan flojo.

Los montajes de Helena Pimenta de ‘Macbeth’ en 2011 (ver nuestra reseña) y ‘El sueño de una noche de verano’ en 2009 (ver nuestra reseña), ambos en los Teatros del Canal no nos disgustaron. Tampoco lo hizo su trabajo en ‘La noche de San Juan’, de Lope de Vega, en este mismo teatro Pavón hace ya cuatro años (ver nuestra reseña). Pero esta vez, sin razón que lo justifique, nos parece con sinceridad y todos los respetos que el espectáculo falla seriamente. Parlamentos más lentos, tono menos jocoso, eliminación de la cuadrícula… Aún puede mejorarse.

Como es norma en el teatro clásico español, lo esencial es el texto; lo accesorio, la trama, el argumento. Este texto bien leído puede soportarse con los actores sentados alrededor de una mesa. Pero si no se entiende bien, todo se derrumba. Debe representarse con total seriedad porque lo divertido de sus escenas se deduce claramente del texto y no necesita ser exagerado con gesticulación y aspavientos. Son verdades de perogrullo cuyo incumplimiento se reitera y reitera. Véase sin ir más lejos La dama duende (ver nuestra reseña) aún en la cartelera. Hubo un momento que parecía que habíamos aprendido por fin a representar nuestros clásicos. Fue en la etapa anterior de la CNTC. A la vista de lo visto últimamente estamos retrocediendo.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 6
Texto: 8
Adaptación: 8
Dirección: 6
Interpretación: 6
Escenografía: 6
Iluminación: 6
Vestuario: 6
Realización: 6
Producción: 6
Programa de mano: 7
Documentación a los medios: 7

Compañía Nacional de Teatro Clásico
Teatro Pavón
La verdad sospechosa, de Juan Ruiz de Alarcón
Del18 de septiembre al 8 de diciembre

Reparto por orden de intervención:

Tristán: Fernando Sansegundo
Don Beltrán: Joaquín Notario
Don García: Rafa Castejón
Letrado/Don Juan de Luna: Juan Meseguer
Jacinta: Marta Poveda
Lucrecia: Nuria Gallardo
Isabel: Pepa Pedroche
Don Juan de Sosa: David Lorente
Don Félix: Pedro Almagro
Don Sancho: Juanma Navas
Camino: Óscar Zafra
Paje/Vendedor: Alberto Gómez
Criada/Vendedora: Anabel Maurín
Vendedora: Mónica Buiza

Pianista: Miguel Huertas

ASESOR DE VERSO    Vicente Fuentes
COREOGRAFÍA    Nuria Castejón
SELECCIÓN Y ADAPTACIÓN MUSICAL, Ignacio García
ILUMINACIÓN    Juan Gómez Cornejo
VESTUARIO    Alejandro Andújar / Carmen Mancebo
ESCENOGRAFÍA    Alejandro Andújar
VERSIÓN         Ignacio García May
DIRECCIÓN    Helena Pimenta

Duración 1 h. 50 min.
Funciones: miércoles a sábados 20.00 h. Martes y domingos 19.00 h. Jueves 50% descuento.
Más información

Gira:
Sevilla (Teatro Lope de Vega): 15-19 de enero
La Coruña (Teatro Rosalía de Castro): 21-22 de febrero
Bilbao (Teatro Arriaga): 27 de febrero – 2 de marzo
Logroño (Teatro Bretón): 7-8 de marzo
Valladolid (Teatro Calderón): 9 – 11 de mayo
Gijón (Teatro Jovellanos): 23-24 de mayo
Santander (Palacio de Festivales): 30 – 31 de mayo
Mexico DF (Teatro Bellas Artes): Julio 2014.

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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