Bodas de sangre, por supuesto «lorquianas»

Una gran producción del CDN para confirmar al dramaturgo Pablo Messiez

Bodas de sangre, por supuesto "lorquianas"
Bodas de Sangre - Teatro María Guerrero

Cada cuatro años el Centro Dramático Nacional programa unas Bodas de sangre, que van camino de convertirse en ese habitual Tenorio hasta ayer mismo. Ahora toca al dramaturgo Pablo Messiez presentar su versión del drama rural, y lo hace con una extraordinaria puesta en escena y algunas convencionalidades a la moda de concepto, de mensaje y de estética. A la parte de su generación domesticada por los criterios imperantes, les encantará; al resto nos deja cierto saborcillo amargo: no se libra del peso de lo ‘lorquiano’, lo tiñe de esperpento.

‘La esencia de la obra es el conflicto entre el cuerpo con lenguaje y el cuerpo sin lenguaje’, nos dice este dramaturgo argentino afincado en España, oscureciendo lo que parecía evidente: la recreación lírica de un suceso ocurrido en Almería hace un siglo que tuvo mucha repercusión precisamente por su rareza: antes de la noche de bodas la recién casada se escapa con su anterior novio y en la persecución del marido ambos se matan a cuchilladas.

Messiez ha añadido un prólogo que procede de otra obra de Lorca, además de un poema de ‘Poeta en Nueva Yor’k, el titulado Cielo vivo, y otro -El pequeño vals vienés- al que puso música Leonard Cohen, amén de frases de otros textos del autor. Resultan en escenas llamativas, nada más. Sacado de contexto ese personaje Muerte/Luna que nos introduce al drama resulta incoveniente y hasta perjudicial. Estirado el convite con esas largas disquisiciones poéticas y musicales, se trasmuta en mini aquelarre, griterío y gesticulación de una parte de los invitados, esas prejuiciosas gafas negras con las que hay que mirar a la españa actual para estar en la pomada. Una procelosa escena de sexo explícito triangular completa esa carga de ‘libertinaje’ obsesivo con que la parte más locuaz de la generación mimada ha deformado la libertad sexual que conquistó la generación anterior, una enfermiza desasimilación del sexo y del erotismo, su conversión en sadomasoquismo de andar por casa compatible con la insistencia en los clichés de hembras tontas y machos brutos.

Y no sólo empapa estas bodas de un tufo desagradable a burdel y sexo sucio, sino que además está dispuesta a transmitirlo a las generaciones que vienen, a los de 20 y hasta a los de 14 años. Dado que se esperan muchas visitas de alumnos de institutos de enseñanza media, Messiez declara: ‘El mundo del instituto me interesa mucho. La pieza es mucho más suave que cualquier cosa que hayan podido ver en las películas, pero soy consciente de que puede ser un poco desconcertante para ellos, sobre todo por el hecho de que vienen en grupo. Me encantaría hablar con ellos antes o después de la función y que se sientan tratados como adultos’. No, no se trata de lo que se ve, sino de una atmósfera general más sórdida de lo debido, de la que se ha suprimido cualquier alusión a otros principios y otros ideales que los rampantes que reinan: ‘El tema de la virginidad de la Novia ahora no es lo mismo que entonces y no quiero poner el foco sobre ello.  Creo que este asunto podría dejar a muchos jóvenes fuera de la historia’.

Dicho lo cual, liquidado el fondo del asunto -siempre importante, por lo menos para nosotros- vayamos a las formas. La puesta en escena de Pablo Messiez es uno de las grandes montajes de la temporada con una dirección artística impecable y una dirección actoral sobresaliente. Conjuntando escenografía y vestuario de Elisa Sanz e iluminación de Paloma Parra, el escenario cobra vida propia, variada y atractiva, con esos muros amarillo y rosa que caen del cielo, con esos murales de materia atravesada por una línea, con ese banquete descarnado que hace una década se empezó a aplicar a las tragedias de Shakespeare y que ahora se ha hecho tan frecuente. El espacio sonoro de Óscar G. Villegas resulta perjudicado por esas actuaciones con micrófono, ya tan manidas, y su incorporación repentina con rasgueos de guitarra eléctrica que adorna sin aportar.

Nuestro aplauso sin reservas para estos esposos trágicos, tan creíbles, tan humanos, para Carlota Gaviño y Julián Ortega. Para la madre contenida de Gloria Muñoz, para esa sirivienta que terminaba siendo de la familia, la más lista de la familia, ese personaje que Lorca hereda de nuestros clásicos y borda Estefanía de los Santos. Francesco Carril hace un Leonardo de trazo grueso y los dos invitados a la boda le secundan, mientras que las invitadas sobre todo cuando cumplen su doble papel de limpiadoras, resultan certeros brochazos vitales. Muy bien Carmen León como ese exótico implante de padre de la novia, y desde luego Guadalupe Álvarez, aunque una esposa de Leandro con acento argentino resulta otra extravagancia como la señora del carrito, cosas que suman risas al espectador cómplice. Quede para el final Claudia Faci a la que toca la difícil tarea de mostrarse completamente desnuda en sus largas intervenciones simbólicas, no precisamente ‘porque lo exija el guión’, -eso que se decía en los tiempos del destape-, sino porque se le ha ocurrido al jefe.

En ocasiones anteriores -la que dirigió José Carlos Plaza en 2009 (ver nuestra reseña de entonces) y la que adaptó otro argentino, Jorge Eines, en 2013 (ver también nuestra reseña de entonces)- nos hemos pronunciado sobre el teatro de Lorca y sus connotaciones añadidas, sobre esta pieza y sobre sus posibilidades, así que hoy les ahorramos vana teoría. En cuanto a Pablo Messiez venimos siguiendo su exitosa trayectoria, de más aciertos que fallos, pero no vamos a abrumarles con reseñas, búsquelas el que quiera.

En el estreno de anoche, aclamación general, quizás mayor que la consabida en estas ocasiones. La pieza tiene dos largos meses por delante y se puede apostar porque resultará un éxito.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 7
Versión: 7
Dirección: 8
Interpretación: 8
Escenografía: 8
Producción: 8
Programa de mano: 7
Documentación a los medios: 9

CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL
Teatro María Guerrero
BODAS DE SANGRE
De Federico García Lorca
Versión y dirección Pablo Messiez
Del 18 de octubre al 10 de diciembre de 2017
 
Reparto (por orden alfabético) 
Mujer de Leonardo – Guadalupe Álvarez Luchía
Invitada boda / Mujer que limpia – Pilar Bergés
Leonardo – Francesco Carril
Invitado a la boda – Juan Ceacero
Invitado a la boda – Fernando Delgado-Hierro
La Muerte (como mendiga) / Luna  – Claudia Faci
Novia – Carlota Gaviño
Vecina / Invitada a la boda /  Mujer que limpia – Pilar Gómez
Padre de la novia  – Carmen León
Madre – Gloria Muñoz
Novio  – Julián Ortega
Criada – Estefanía de los Santos
Músico de la boda – Óscar G. Villegas
 
Equipo artístico
Escenografía y vestuario – Elisa Sanz
Iluminación – Paloma Parra
Espacio sonoro – Óscar G. Villegas
Ayudante de dirección – Javier L. Patiño
Fotos – marcosGpunto   
Producción – Centro Dramático Nacional

 C/ Tamayo y Baus, 4 28004 Madrid 
  De martes a sábados, a las 20:30 h. Domingos, a las 19:30 h.
 Encuentro con el equipo artístico de la obra  Jueves 16 de noviembre .

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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