Antígona, el mito se hace panfleto

Antígona, el mito se hace panfleto

Esta versión de la inmortal tragedia de Sófocles -estrenada hace exactamente 2462 años y la obra más representada en la historia del teatro-, es una impostura clamorosa que apenas conserva nada del original, traiciona completamente su espíritu, y con un montaje deprimente, una interpretación nefasta y una duración insoportable es una auténtica pesadilla para cualquier aficionado al género. Un desastre del que solo se salva Fernando Cayo.

Hasta la Wikipedia explica que en Antígona se enfrentan dos nociones del deber: la familiar, caracterizada por el respeto a las normas religiosas, representada por Antígona, y la civil, basada en el cumplimiento de las leyes, representada por Creonte. El tema es pues la contraposición entre el orden humano y el divino. Y aunque puede también vislumbrarse en ella concomitancias con una problemática más moderna, la libertad personal o los derechos del individuo frente a las leyes del Estado, no deja de ser tangencial. Antígona es símbolo y defensora de las leyes divinas, y se mueve por el respeto a los dioses y el amor a la familia, frente al rey Creonte, que representa la ley y el orden de las sociedades humanas de su época. ¡Qué pesa más, la ley creada por los hombres o las normas divinas? Ese es el tema.

El dramaturgo mexicano David Gaitán no es el primero ni será el último de los osados que se atrevan a corregir a Sófocles y a reescribir el mito de Antígona más que a desentrañarlo. Pero su caso nos parece de antología porque en escasas ocasiones hemos contemplado tamaño desaguisado, tan enorme ‘dramaticidio’, tan demencial osadía. Lo que presenta como Antígona, cuidándose muy mucho de no mencionar a Sófocles, cambia absolutamente el argumento, la trama, los personajes, y es un texto político balbuceante y obsoleto que apenas conserva alguna frase del original.

Confiesa que ‘se sirve de esta tragedia clásica para reflexionar sobre el estado de la democracia y el abuso de poder… La democracia representativa, la transición que las fuerzas políticas de oposición tienen que atravesar una vez que consiguen el objetivo de ocupar el poder, la desinformación como estrategia para incidir en procesos democráticos, la popularidad como disfraz para discursos de odio, son algunos de los temas que pueden abordarse en aras de dialogar elocuentemente con la sociedad española’. No podía llegar en mejor momernto para simbolizar todos los males que la irrupción de Podemos y la politización radical de la izquierda cultural española han aportado al teatro nacional en los últimos años.

No merece la pena comentar en detalle la barrabasada de 120 minutos que nos ofrece. La puesta en escena no puede ser más cutre y, salvo una primera idea original con rampa y trono rodante, todo se reduce a mover sin sentido de un lado a otros montones de sillas y mesas en un caos escénico que solo busca impactar con músicas altisonantes y actores con amplificador, con fragor y destellos que ocultan el absoluto vacío y la inanidad deprimente de la propuesta.

Si Gaitán fracasa como adaptador del clásico y como director de escena, no lo hace menos como responsable actoral. Parece que el reparto sale tan malparado por seguir sus instrucciones, pero realmente esta Clara Sanchis no es la de ‘ Una habitación propia’ de Virginia Woolf o ‘La lengua en pedazos’ de Juan Mayorga; ni Irene Arcos e Isabel Moreno están a la altura sus personajes. Si las actrices dan la impresión de haber confundido la tragedia griega con la comedia cheli, el Hemón de Jorge Mayor está aún más desubicado. Se salva Elías González porque no habla y va enmascarado toda la pieza, pero sobre todo por los cinco minutos de charla con la condenada a muerte, muy buenos pero sin venir a cuento, un injerto quizás traspapelado de otra obra, como el ‘rap’ porque sí de la protagonista, y el final de manifa bullanguera.

Decíamos al inicio que solo se salva Fernando Cayo, y es así. Su Creonte es enorme y su despliegue de facultades expresivas realmente convincente, aunque un poco pasado en histrionismo -y en lucimiento corporal en calzoncillos-, supliendo con oficio carencia de ensayos, y buscando agradar con los guiños gestuales al uso. ‘El mal melodrama que durante décadas el sistema de entretenimiento habitual así como los medios masivos de información han inyectado en nuestras venas está atentando contra nuestros ojos, nos está dejando ciegos. Nuestra retina milagrosamente percibe algunos colores, pero el cerebro ya no; nuestro pensamiento se ha disminuido a dos: blanco y negro. Héroes o villanos. Cien o cero. Sí o no. La percepción se ha vuelto esclava de la sobre-estimulación; tenemos tanta urgencia por ordenar la realidad que el resultado son una serie de etiquetas simples -melodramáticas- para entender el mundo. Como si eso hiciera sentido’, dice ese personaje tan impostado de la Sabiduría que el autor ha creado para conducir la acción como en un show televisado. Pues es precisamente a lo que juega esta anti-Antígona que debía titularse ‘el tirano malo y la activista buena’ o cosa parecida.

Pero en gustos no hay nada escrito y el señor Gaitán al parecer ha dirigido quince montajes con la compañía nacional de teatro de México y la obra que comentamos fue premiada por la asociación mexicana de críticos en 2016. Se estrenó en el Festival Internacional de Mérida y llega ahora a Madrid presumiendo de aquello en una coproducción generosa por parte de la cultura municipal que resulta un dispendio. En 2013 ya programó el Teatro Español una Antígona del mismo porte (ver nuestra reseña de entonces): esta no hacía falta.

Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 4
Texto: 4
Dramaturgia: 4
Dirección: 4
Interpretación: 5
Escenografía: 5
Música: 5
Producción: 7
Información a los medios: 5
Programa de mano: n/h

Naves del Español
Antígona,de David Gaitán
Hasta el 18 de abril de 2021

Intérpretes
Fernando Cayo, Irene Arcos, Clara Sanchis, Elías González, Isabel Moreno y Jorge Mayor

Diseño de iluminación – Fran Cordero
Diseño de espacio escénico y vestuario – Diego Ramos
Música original – Álvaro Rodríguez Barroso
Dirección de producción – DomingoCruz
Ayudante de dirección – Pilar Contreras
Una producción de El Desván Producciones, Festival Internacional de Mérida y Teatro Español.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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