Qué mejor ejemplo de cómo la televisión ha contaminado el teatro hasta convertirlo en un sucedáneo. Lautaro Perotti ha escrito una pieza con las fórmulas del éxito de las teleseries y con las actrices de moda, todo medido y calculado, correcto aunque incoherente. Carece de toda verosimilitud, pero a esto el público ya se ha acostumbrado.
Drama, humor negro y suspense bien combinados en un cóctel de ‘thriller’ y ‘movie road’, el jolivú universal afianza sus dictados. Como un curso de guionista, como un master de dramaturgo, el autor combina los ingredientes hábilmente y dirige un montaje bien montado con unas actores bien actuados que tiene aseguradas cuarenta o cincuenta funciones en el circuito peninsular para una producción que dará jugosos ingresos.
Carmen Machi y Macarena García vuelven a ser madre e hija, como en la exitosa serie «La Mesías», y ahora se llaman Azucena y Elena. Junto a ellos Santi Martín es el otro vértice de un triángulo que no podía ser a la vieja usanza, que tiene que ser rarito y morboso. Una madre que no quiere a su hija, una hija que quiere ser madre sin contar con su marido, y un joven lastrado por una discapacidad física, adoptado por Azucena como chico para todo. Explica el autor y director: ‘Es la historia de tres soledades, de tres personas que no pudieron, no supieron o no quisieron construir un entorno, unos vínculos y unas relaciones fuertes. Y las relaciones que sí han podido construir son a base de silencios y omisiones, de cosas no habladas. Son tres personas que están cercanas, pero entre ellas media una distancia inmensa. Su problema es que no tienen la capacidad para pedir ayuda, para acercarse’.
La muerte de Juan, el marido de Elena, en un paraje solitario por el que ambos viajan en coche, desencadena la trama, pues ella pide ayuda a su medio hermano Patri, que no puede evitar que le acompañe la conflictiva madre. Y juntos los tres en medio de la nada irán desbrozando lo ocurrido entre viajes al pasado que explicarían la evolución de sus vidas hasta llegar a un desenlace que tiene que ser, como mandan los cánones, esperado y sorprendente.
Perotti tiene la suerte de apoyar su propuesta, abundante en incoherencias, en un espacio escénico diseñado por Elisa Sanz original -el auto en el tejen y destejen sus coartadas esa noche en una carretera comarcal debe ser empujado todo el tiempo porque no funciona-, aunque los dos espacios habitacionales en sus extremos resulten artificiosos y cueste descifrar los rótulos que desde el asfalto explican las escenas del pasado. Ese viejo seat 133 de dos puertas se convierte sin que nadie lo pretenda en el sutil protagonista: en él se esconde al finado, y de él se sacan los más insospechados contenidos, desde una silla playera a una almohada y finalmente, el instrumento probatorio de la última bajeza.
La pieza es corta y eso la salva. En algunos momentos hace bucles repetitivos, abultados por unos diálogos que quiere ser muy de hoy y muy de la calle, y por eso son a menudo anodinos y repetitivos. Carmen Machi es ella misma, que es lo que el público quiere, y se bandea por oficio con un personaje que a veces tiene alzheimer, a veces es alcohólica y a veces esgrime una lucidez tóxica. Macarena García se acopla a su personaje, una jóvena desnortada, y Santi Marín termina siendo casi caricaturesco de tanto cojear y de tanto latiguillo. Lo que queremos decir no tiene intención peyorativa, los tres hacen su papel y lo hacen bien según los cánones actuales, pero lo que les pasa. cómo se comportan, por qué han llegado hasta aquí y cómo dos deciden librarse del tercero, no termina de conmover, de ser creíble.
Lautaro Perotti escribió y dirigió en 2018 ‘Cronología de las bestias’ (ver nuestra reseña), una pieza también intrigante y morbosa, pero de más calado y sobre la que concluíamos entonces: ‘Una muy buena comedia de suspense con algunos desajustes, una metáfora desmedida acerca de la mentira como rutina en el entorno familiar, con una moraleja certera para evitar ese camino de perdición.Tiene algo que nos recuerda a ‘La familia de Pascual Duarte’, con menos tremendismo extremeño y más introspectiva porteña’. En septiembre pasado, ayudó a su colega Claudio Tolcachir -juntos empezaron con Timbre 4 y juntos continúan con esta compañía y escuela dramática argentina- a adaptar la novela ‘Rabia’ para el Teatro de la Abadía (ver nuestra reseña), después de que en 2019 fuera uno de los dos protagonistas de ‘Próximo’ (ver nuestra reseña), otra entrega de Tolcachir.
Con ‘Nuestros actos ocultos’ -le gustan los títulos indescifrables-, Perotti insiste en su particular psicoanálisis en torno a las familias que antes eran disfuncionales y ahora debe ser ya casi norma. Pero tanto ha apostado por el éxito que ha logrado una obra más vacua que reflexiva, en la que solo hay reflejos de ese nihilismo imperante sobre la maternidad en particular y la procreación en general causante del bonito vacío demográfico que nos aqueja y aquejará aún un tiempo.
VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 6
Texto: 6
Dirección: 8
Puesta en escena: 7
Interpretación: 7
Producción: 6
Programa de mano: n/h
Documentación a los medios: 6
Naves del Español. Sala Fernando Arrabal
NUESTROS ACTOS OCULTOS
Texto y dirección: Lautaro Perotti
Del 16 de enero al 3 de febrero de 2024
CON
Carmen Machi (Azucena)
Macarena García (Elena)
Santi Marín (Patri)
EQUIPO ARTÍSTICO
Diseño de iluminación Juan Gómez Cornejo (AAI)
Diseño de espacio escénico Elisa Sanz (AAPEE)
Diseño de sonido Enrique Mingo
Diseño de vestuario Lua Quiroga Paúl (AAPEE)
Diseño de videoescena Emilio Valenzuela (dLux.pro)
Ayudante de dirección Juan Diego Vela
Una coproducción de Timbre 4, Mamá Floriana SL y Teatro Español.

