Desde el Atlántico

Carlos Ruiz

Marruecos: y la farsa continúa

Mohamed VI se ha dirigido a sus súbditos para presentarles eso que llama «Constitución». Íntentaré explicar que estamos ante una farsa, en la forma y en el fondo. Lo cual, dicho sea de paso, era previsible. Más preocupante, sin embargo, es la presentación que algunos medios, y en particular el diario «El País» ha hecho de esta farsa. Preocupante porque la forma de presentar la farsa es algo que se acerca mucho a la complicidad con el majzen.

I. NO ES UNA CONSTITUCIÓN POR LA FORMA DE SU ELABORACIÓN
La teoría constitucional es clara al determinar que para que un texto reciba el nombre de «Constitución» formal debe ser elaborado por representantes de la nación designados expresamente por ésta.
En su discurso de presentación de la sedicente «Constitución», Mohamed VI ha dicho:

por primera vez en la historia de nuestro país, hemos velado por que la Constitución sea obra de los marroquíes y para todos los marroquíes.

Y sigue diciendo Mohamed VI:

invito a los partidos políticos, centrales sindicales y organizaciones de la sociedad civil, que con total libertad y compromiso han participado en forjar esta avanzada carta constitucional desde el principio hasta el final

Falso.
No sabemos si será «para todos» pero lo que nadie puede negar es NO es obra «de los marroquíes», sino que es obra de «muy pocos» marroquíes nombrados a dedo por el rey.
Y la prueba es que este texto está elaborado por una Comisión Consultiva del rey cuya creación anunció Mohamed VI el 9 de marzo:

Hemos decidido crear un instrumento político cuyo cometido reside en el seguimiento, consulta e intercambio de opiniones respecto a la reforma propuesta, que comprende esencialmente a los presidentes de las formaciones políticas y sindicales así como al presidente de vuestra Comisión. En este marco, Hemos asignando la presidencia de tal instrumento a Nuestro Consejero Don Mohamed Moatassim

Obsérvese que cuando dice «Hemos» hay que entender que dice «He» porque lo decide él solo.
Y recordemos que los partidos y sindicatos podían enviar sus «sugerencias» pero en modo alguno el texto es obra de un debate entre ellos.

Estamos, por tanto, de acuerdo con el procedimiento formal de su elaboración, no ante una Constitución, sino ante la CARTA OTORGADA de un monarca absoluto.

II. NO ES UNA CONSTITUCIÓN POR SU CONTENIDO
Hay muchas discusiones teóricas sobre el concepto de Constitución. Pero creo que hay acuerdo en entender que una Constitución liberal-democrática exige, como mínimo dos cosas:
1- que se reconozca que el origen del poder radica en el pueblo o nación y
2- que se garantice una separación de poderes.

1-No hay soberanía nacional
Es cierto que el discurso habla de:

los principios de la soberanía de la Nación, la primacía de la Constitución – como origen de todos los poderes

Pero esas bellas palabras son sólo eso, palabras que están desautorizadas en el resto del discurso.
Por un lado, Mohamed VI se erige, él, en

fiel guía y supremo árbitro; custodio de la opción democrática y del buen funcionamiento de las instituciones constitucionales

Para que no haya dudas, en el discurso se dice claramente que las funciones de «garantía y árbitro» son «funciones soberanas» del rey.

Por otro lado, el problema se agrava porque, como luego comentaré, esta «Constitución» establece una teocracia con un órgano, el Consejo Superior de los Ulemas que pone por encima de la Constitución la interpretación que Mohamed VI tenga a bien dar al islam.

2-No hay separación de poderes

2.A. EL PODER EJECUTIVO SIGUE SIENDO DEL REY
Mohamed VI anuncia la creación de un «jefe de gobierno»:

será elevada la categoría constitucional del “Primer ministro” que pasará a ser “Jefe del gobierno” y del órgano Ejecutivo, que será designado del partido que obtenga los mejores resultados en las elecciones a la Cámara de representantes; de este modo, el gobierno resultará de las elecciones generales directas

Sin embargo, estamos ante una figura que no tiene poderes reales, porque el poder ejecutivo sigue siendo de Mohamed VI según el texto del propio discurso:

El Rey tiene el poder de nombramiento, en el Consejo de ministros, a propuesta del jefe del gobierno y por iniciativa de los ministros concernidos, de algunos cargos públicos superiores, como los walis, gobernadores, embajadores y responsables de las administraciones de la seguridad interior y de las instituciones estratégicas nacionales. Hay que recodar que los nombramientos en los cargos militares dependen de la competencia exclusiva y soberana del Rey, Jefe Supremo y Jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Reales.

Para que no haya ninguna duda, Mohamed VI dice:

Así pues, bajo la presidencia del Rey y por su iniciativa o a petición del Jefe del gobierno, se celebra el consejo de ministros

No sé si alguien piensa de verdad que en el consejo de ministros va alguno a contradecir lo que diga el rey….

2.B. EL PODER SUPRA-LEGISLATIVO SIGUE SIENDO DEL REY
En su discurso, Mohamed VI reitera lo que sigue existiendo ahora, a saber, que el parlamento aprueba «leyes». Eso lo dice el texto «constitucional» vigente en Marruecos.
Lo que se omite es que el rey ha tenido, y sigue teniendo el poder de dictar «decretos reales» QUE SE HALLAN POR ENCIMA DE LAS LEYES.
En definitiva, da igual que el Parlamento supuestamente elegido libremente pueda hacer leyes… si el rey puede ordenar lo contrario mediante un «dahir» real.

Por cierto, la segunda cámara del Parlamento, la «Cámara de los consejeros» tiene una composición propia del corporativismo fascista:

a propósito de su representación en la segunda cámara, Hemos decidido, en el marco de Nuestras funciones arbitrales, incluir en el proyecto una representación sindical adecuada, así como de las organizaciones profesionales y corporaciones empresariales nacionales

2.C. EL PODER JUDICIAL SIGUE SIENDO DEL REY
Mohamed VI dice que quiere:
Afianzar un poder judicial independiente de los poderes ejecutivo y legislativo

pero la realidad es muy diferente porque se habla de

la independencia judicial, por Nos garantizada

Y para que no haya dudas

Hallamos igualmente la creación del “Consejo superior del poder judicial”, una institución constitucional presidida por el Rey
(…)
se amplían las competencias del Consejo

III. MARRUECOS SIGUE SIENDO UNA TEOCRACIA: EL REY MANTIENE EL PODER RELIGIOSO, ADEMÁS DE TODOS LOS PODERES CIVILES
El problema de este texto se acentúa cuando se constata que no sólo el rey sigue teniendo el poder ejecutivo, el supra-legislativo y el judicial.
El problema es que el rey sigue siendo el dueno del poder religoso. Dice Mohamed VI:

el contenido viene a fundar un destacado modelo constitucional marroquí asentado en dos pilares complementarios:
El primero consiste en el aferramiento a los arraigados valores de la Nación marroquí, cuya perennidad Nos es confiada, en el seno de un Estado musulmán en el que el Rey, Emir de los Creyentes, vela por el respeto del Islam, así como garantiza el ejercicio de la libertad de cultos religiosos

Por cierto, hay ya pruebas de sobra de cómo el autotitulado «emir de los creyentes» ha «garantizado» la libertad de cultos a los cristianos y a los musulmanes chiítas: no hace muchos meses que Marruecos expulsó a más de cien cristianos (norteamericanos, e incluso espanoles).

Pero el tema es más grave porque se quiere convertir al «Consejo de los Ulemas», que por supuesto está subordinado al rey, en una institución constitucional. Estamos ante una medida que acerca a Marruecos al modelo teocrático iraní.

IV. Y, HOY COMO AYER, COMPLICIDADES CON LA FARSA
Hoy, como ayer, estamos ante un anuncio vacío. Nada cambia. El régimen marroquí se mantiene intacto.
Hoy, como ayer, el lobby pro-marroquí empezará a repetir lo mismo que ya dijo otras veces en el pasado y que el presente demuestra como falso.
Dirán lo que dijeron con Hassán II y en los primeros tiempos de Mohamed VI: que se hacen reformas.
No debieron ser tan importantes o eficaces como decía el lobby si ahora hay que presentar esta nueva «reforma».
Por eso resulta escandaloso leer en «El País» que «Marruecos entra en una nueva era» y que:

Marruecos no va a ser ya una cuasi monarquía absoluta, aunque en la práctica no tan autoritaria

La teocracia absoluta marroquí no ha cambiado.
Quien diga lo contrario, miente.

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Autor

Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental Universidad de Santiago de Compostela

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Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional
Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental
Universidad de Santiago de Compostela

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