La suerte en la pantalla

¡Temblad ante Hollywoodland¡ También toca madera el mundo del celuloide y se echa sal por encima del hombro. La meca del cine está plagada de supersticiosos irredentos, normas de obligado cumplimiento y muchas anécdotas para todos los gustos. Así, el más famoso cartel del mundo, el de Hollywood, tenía inicialmente trece letras: Hollywoodland. Una actriz fracasada se suicidó tirándose desde la última letra, la número 13.

Alfred Hitchcock
, director lleno de manías y que nació un día 13, tituló Número 13 a su primera película, que no acabó por falta de presupuesto. Aunque decía que siempre salía en sus películas porque era muy buen actor, en realidad lo hacía porque pensaba que le daba suerte.

Marlon Brando consiguió su primer papel por un golpe de suerte, o por su habilidad como fontanero, mejor dicho. Los veinte dólares que le dio Elia Kazan, uno por cada uno de sus años de edad, para que se presentara a Tennessee Williams y le diera éste su opinión sobre si debía encarnar a Kowalski en Un tranvía llamado deseo, le duraron poco en las manos. Tras gastarse el dinero, tardó dos días en llegar en autostop a la casa del autor, haciéndolo cuando se le acababa de reventar una cañería. Su destreza en arreglarla fue esencial para caerle bien a Williams y conseguir el papel que cambiaría su vida.

Douglas Fairbanks, protagonista de la película Robin Hood en 1922, promocionaba la película sobre el tejado del hotel Ritz de Nueva York. Por mala suerte, debemos creer, se le disparó una flecha que vinmo a calvarse en el trasero de un viandante, sastre, por más señas, al que tuvo que visitar en el hospital y pagarle la bonita suma de 5.000 dólares como indemnización.

En los años cincuenta había que tener mucha suerte para alojarse en el hotel Ritz de Madrid, si uno pertenecía al mundo del cine, ya que no estaban bien vistos por sus extravagancias. Tuvieron esa suerte el director Otto Preminger y dos estrellas que fueron también princesas, Grace Kelly y Rita Hayworth.

James Stewart también lo consiguió, aunque después de la primera negativa entró con su maleta en los lavabos y salió vestido de militar, diciendo que era el general Stewart, del Ejército del Aire norteamericano. Aunque eso, más que suerte, es valor…

Pedro Almodóvar consiguió el Oscar -¿casualmente?- con Todo sobre mi madre, la película que hacía la número 13 de su carrera. Al igual que a muchas otras estrellas de la pantalla, se le vio en su día con esas pulseras de la suerte tibetanas tan de modo por el año 2000.

Tyrone Power, como los demás actores de Hollywood que visitaban Madrid, iba al hotel Palace. Compró un décimo de la lotería a la puerta del hotel y no dejó ver el número a su esposa. Lo dobló escrupulosamente sin mirarlo y se lo guardó en el bolsillo «hasta que salga la lisa de
premios». Curiosamente murió poco después.

La película Casablanca se vio rodeada de un cúmulo de casualidades de todo tipo: ni siquiera contaba con lo que se suele entender propiamente como un guión. ¿No serían todas las variadas y curiosas circunstancias las que cimentaron su éxito?

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Autor

Juan Luis Recio

Blogger gastronómico y de tendencias, crítico de vinos (XL Semanal), letrista, sociólogo, mensista, poeta

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