Cada uno de los 4 nuevos vinos monovarietales gallegos D. Pedro de Soutomaior al descubierto

Tras la descripción general de los nuevos monovarietales de Adegas Galegas que ayer avanzamos, entramos hoy en cada uno de estos cuatro interesantes vinos. Para empezar, el vino Treixadura 2017 de D. Pedro de Soutomaior se caracteriza por su elegancia y floralidad. La uva treixadura es una “caste” de maduración tardía, caracterizada por su floralidad. Tiene una intensidad aromática media-alta.

Destacan los aromas a flores blancas, hierbas aromáticas frescas como la salvia y el tomillo, sobre un fondo mineral. Tiene una boca densa, grasa y persistente, en la que vuelven a aparecer las notas de frutas y flores. Toda una experiencia sensorial, sin duda alguna, y diferente a lo que la mayoría estamos acostumbrados, hecho en el que coinciden las cuatro botellas de este peculiar e interesante estuche de vinos gallegos.

En segundo lugar hablaremos de la Loureira 2017, otra variedad blanca y diferente de la anterior, ya que la loureira es una “caste” vigorosa con alto contenido de aromas terpénicos. Tiene una intensidad aromática alta. Destacan los aromas a laurel, hinojo y romero. Es muy perfumada y floral (gardenia y magnilio) y destaca su acidez fresca y ligera. Una segunda experiencia, diferente pero igualmente atractiva y que hace descubrir en la cata momentos emocionantes en donde se equilibran a partes iguales dos extremos que se podría considerar irreconciliables: elegancia y exuberancia al unísono.

En tercer lugar hablaremos del Caíño Blanco 2017. El caíño blanco es una “caste” con unas características morfológicas de gran rusticidad.
Tiene una intensidad aromática y estructura alta. Destacan las notas cítricas y florales, la manzana verde y los recuerdos a hierba seca. Es un vino potente, estructurado, persistente y de gran frescura gracias a su acidez. Un colofón a la gama de varietales blancos de gran categoría en donde podemos destacar como señas de identidad su buena estructura y gran frescura en nariz y paladar.

Y por último, un tinto, el Caíño Tinto 2017, de D. Pedro de Soutomaior, todos ellos por cierto en las Rías Baixas. El caíño tinto es una “caste” de gran rusticidad y acidez. Tiene una intensidad aromática media-alta, en donde destacan las notas balsámicas con un fondo mineral.Tiene una entrada suave, muy fresca, envolvente y persistente con recuerdos de fruta roja como la frambuesa y la fresa silvestre. Un magnífico colofón a los tres blancos anteriores, especialmente por sus notas balsámicas y minerales.

Por cierto, el estuche con as cuatro botellas lo comercializa la bodega a un precio global de 90 €, que merece la pena degustar. Y comos in duda querrán saber más sobre el lugar donde se elaboran mañana terminaremos con una descripción de un lugar muy especial, el Pazo de Almuiña.

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Autor

Juan Luis Recio

Blogger gastronómico y de tendencias, crítico de vinos (XL Semanal), letrista, sociólogo, mensista, poeta

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