¿Por qué existen contradicciones en los estudios sobre vino y salud?

Para que un consumo de vino se considere saludable importa el cómo, el cuánto y dentro de qué dieta se acompaña. Esa puede ser una de las claves para contestar a la pregunta, pero para empezar debemos recordar que ya nuestros antepasados eran conocedores de los efectos saludables del consumo moderado de vino y por ello formaba parte de su dieta diaria; incluso hubo una época en que el vino fue dispensado en farmacias por su valor reconstituyente. Después llegaría la ciencia con sus numerosos estudios a corroborar esta creencia, demostrando con datos estos efectos beneficiosos.

Sin embargo, en los últimos años han aparecido varios trabajos que han puesto en tela de juicio estas consideraciones. ¿Por qué surgen estas contradicciones en la ciencia? El coctor Ramón Estruch, especialista del Hospital Clínic (Universidad de Barcelona) y de la Fundación Dieta Mediterránea, achaca estas discrepancias a posibles fallos de método. En un artículo titulado “Vino, salud y verdad científica”, Estruch aseguró, a principios de este año, que hay evidencias suficientes para defender el consumo moderado de vino sobre la salud. Además, en los estudios que cuestionan este hecho podrían no haberse tenido en cuenta factores determinantes.

Y es clara la importancia de la metodología en los estudios científicos sobre el vino. La primera explicación para estas discordancias podría ser que la mayoría de los estudios negativos no hacen distinción entre tipos de bebidas alcohólicas. Como comenta Estruch en su artículo, “el consumo de alcohol en forma de vino (particularmente el tinto) podría atenuar los efectos tóxicos del alcohol y sus metabolitos (…) En cambio, los efectos de los destilados y licores podrían ser diametralmente opuestos”.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta el patrón dietético en el que se incluya el consumo de bebidas alcohólicas. “El consumo de vino en el contexto de una dieta saludable como la mediterránea, podría beneficiarse sustancialmente de un ‘efecto matriz’”, asegura el doctor.

Por último, en la mayoría de los estudios se considera el consumo semanal de bebidas alcohólicas y no el diario, de ahí las discrepancias entre “los realizados en países anglosajones, donde el consumo es predominantemente el fin de semana, y en los países mediterráneos, donde el consumo suele ser más regular”, concluye Estruch.

El vino es considerado un alimento, tal y como lo expresa la Ley 24/2003 del 10 de junio de la Viña y el Vino, y forma parte de la Dieta Mediterránea, una de las más saludables del mundo según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Destacar los valores beneficiosos del consumo moderado de vino es uno de los objetivos de la Interprofesional del Vino de España, organización que agrupa a las entidades representativas de la cadena de valor del sector vitivinícola español.

Ramón Estruch es especialista del Hospital Clínic (Universidad de Barcelona), de la Fundación Dieta Mediterránea y del Centro de Investigación Biomédica en Red del Instituto de Salud Carlos III (Madrid).

La Interprofesional del Vino de España (OIVE) es una organización sin ánimo de lucro que agrupa a las entidades representativas de la cadena de valor del sector vitivinícola español. Se constituye como un instrumento al servicio del sector para atajar las debilidades del sector a través de la unión y el trabajo conjunto de los diferentes agentes que la forman.

Autor

Juan Luis Recio

Blogger gastronómico y de tendencias, crítico de vinos (XL Semanal), letrista, sociólogo, mensista, poeta

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