“¡Vamos a ver a los ‘carrapuchetes’!”. La Semana Santa se acerca y la emoción lo envuelve todo en Tarazona. La ciudad más bonita de la provincia de Zaragoza se engalana para la ocasión y alguna de sus cofradías lo viene haciendo desde el siglo XVI. Por las calles turiasonenses ya casi se puede sentir el olor a incienso y el repicar de los tambores y las carracas al paso de los ‘carrapuchetes’ (así se llama a los nazarenos en Tarazona; es un localismo que, al parecer, proviene de la palabra ‘carrapuchet’, diminutivo de ‘carapuchu’, que puede hacer referencia a una prenda de la cabeza en forma de capirote).
Así que aquí, en este rincón al que el Moncayo no pierde de vista, las procesiones salen cada noche en Semana Santa llenando las calles de tradición, recogimiento y, en el caso de Los Ensacados, de un silencio sobrecogedor. La primera de ellas, una de las más esperadas, la del Viernes de Dolores, que este año recorre la Tarazona más monumental hoy mismo, 27 de marzo, inaugurando así la agenda de procesiones de un programa que dará comienzo este 13 de marzo con más de medio centenar de actos programados.
En total, diez cofradías con casi un millar de fieles procesionan al ritmo de 400 instrumentos entre tambores, bombos, cornetas, timbales y matracas o carracas. Es la Semana Santa de Tarazona, fiesta declarada de Interés Turístico Regional y una de las mejores excusas para acercarse a descubrir por qué este lugar robó el corazón de uno de los primeros influencers viajeros: Gustavo Adolfo Bécquer. Te contamos qué la hace tan especial.
La Semana Santa de Tarazona es una de las celebraciones más arraigadas en esta ciudad, situada a un paso del Parque Natural del Moncayo. Tanto es así que una de sus procesiones se remonta, según los estudios de la historiadora Rebeca Carretera Calvo, a 1555, cuando se instituyó aquí su primera cofradía, la del Nombre de la Sangre de Cristo (posteriormente, de la Santísima Vera Cruz). 
Dicha agrupación se instauró en una capilla del convento de San Francisco, donde aún se pueden observar restos de pinturas murales de la época en su claustro mudéjar. De hecho, fueron los franciscanos quienes dejaron por escrito que debía ser esta cofradía quien se encargase de la procesión de la Santísima Vera Cruz, detallando que debían procesionar “con hachas o otras lumbres encendidas”. Nacía así la Procesión de los Ensacados, una de las más representativas de la Semana Santa turiasonense, que sale por las calles de Tarazona en la noche del Martes Santo (31 de marzo) en medio de un silencio sobrecogedor que únicamente se rompe por el sonido de las cadenas que arrastran los ‘carrapuchetes’ vestidos de negro. Es la Procesión del Silencio de la Cofradía del Silencio del Santísimo Cristo del Rebate y comienza en la iglesia de Nuestra Señora de la Merced.
Pero la encargada de abrir el programa de procesiones de la Semana Santa de Tarazona es la Cofradía de Nuestra Señora Virgen de los Dolores, cuyo origen se remonta al siglo XVIII. Los cofrades salen de la iglesia de San Vicente Mártirel Viernes de Dolores (27 de marzo) vestidos de negro, capirote incluido, acompañando a la imagen de La Dolorosa, de estilo barroco, junto a mujeres de mantilla, tradición que año tras año va cobrando más fuerza entre las devotas. Los instrumentos no acompañan, por lo que el silencio de la noche y el recogimiento envuelven el ambiente.
La historia y la belleza de las procesiones turiasonenses se materializa en la Procesión de la Piedad de la Hermandad de Nuestra Señora de la Piedad, que el Sábado de Dolores (28 de marzo) parte a las nueve de la noche de la Catedral de Santa María de la Huerta con una de las obras más destacadas de Francisco Gutiérrez, escultor de cámara de Carlos III. El paso, reflejo de la transición del Barroco al Neoclasicismo, lo marca el ritmo de los tambores y las cornetas, que se acompañan del sonido inconfundiblemente turiasonense de las matracas y las carracas. El azul oscuro de las túnicas, las capas y los capirotes solo se rompe con el blanco de los guantes y el rojo del emblema de los cofrades.
La Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén es la encargada de procesionar el Domingo de Ramos (29 de marzo). Lo hace a las 11:30 horas saliendo de la Iglesia de San Francisco con hábito de color azul cielo para acompañar al paso de Jesús en la borrica y el Apóstol San Pedro.
El mismo Domingo de Ramos a las 20 horas es el turno de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Flagelación, que sale en procesión desde la Ermita de la Virgen del Río hacia la Catedral con sus hábitos y capirotes color rojo sangre, cubiertos de una túnica blanca. 
El hábito morado de la Real, muy Ilustre y Antiquísima Cofradía Santo Cristo del Consuelo (fundada en 1758) y Santa María Magdalena (1618), unificadas en 1954, sobrecoge a los devotos a su salida el Lunes Santo de la Iglesia de Santa María Magdalena con la oscuridad de las nueve de la noche. Jesús con la Cruz a hombros camino del Calvario es portado por 16 hermanos, mientras que el paso de María Magdalena le acompaña, seguido también de un Cristo de Medinaceli que, desde 2017 portan los niños de la cofradía que están en edad de la Primera Comunión.
El Miércoles Santo es el turno de la Cofradía del Santo Cristo de los Afligidos, que sale en procesión con sus más de 400 hermanos vestidos de blanco con cíngulo morado con la imagen del Santo Cristo clavado en la Cruz y, a sus pies, la Virgen María y San Juan Evangelista. El rimo lo marca la Banda de Cornetas, Tambores y Bombos que hacen sonar 58 cofrades desde su salida de la iglesia de San Miguel Arcángel.
La Cofradía de Nuestro Señor en la Oración del Huerto, a quien se dedica el cartel de la Semana Santa de Tarazona de este año, sale en la noche del Jueves Santo (2 de abril) con sus túnicas color verde del Santuario de la Virgen del Rocío.
Pero si hay una cita marcada en rojo en el calendario de todos los locales y amantes del costumbrismo religioso más simbólico ésa es la Procesión del Santo Entierro el Viernes Santo (3 de abril) a las 20 horas, que viene precedida por la Procesión de las Siete Palabras a mediodía. La Cofradía de las Siete Palabras y del Santo Entierro sale con túnica y capirote negro y, al cuello, la medalla con la efigie del Santo Cristo de la Venerable Orden Tercera, donado en 1565 al convento de San Francisco, momento en el que empieza a rendírsele culto. Es aquí, en el origen de esta cofradía, donde nace uno de los personajes más significativos de la Semana Santa turiasonense, así como uno de sus momentos más simbólicos: los alabarderos y el acto de sellado del sepulcro.
La Procesión del Santo Entierro sale por primera vez por las calles de Tarazona en 1629, y procesiona siempre en sábado hasta 1769, que comienza a hacerlo el Viernes Santo. Desde sus orígenes, la liturgia de la procesión corría a cargo de los Hermanos de la Venerable Orden Tercera de Tarazona, si bien en 1655 aparece en la cofradía la figura de uno de los personajes más significativos de la Semana Santa turiasonense: los alabarderos, quienes a partir de ese momento culminarán la Procesión del Santo Entierro con el cierre y sellado del sepulcro, teniendo también un papel reseñable en la escenificación del Vía Crucis.
El Domingo de Resurrección a las 10 horas sale de la iglesia de la Inmaculada de Tarazona la Cofradía de la Resurrección del Señor, con túnica blanca y tercerol azul, portando a los hombros el paso del Cristo Resucitado; una talla en madera de olmo, obra de José Manuel Val, que se encuentra con su madre Dolorosa a las 11 horas en el Pórtico de la Catedral de Santa María de la Huerta.
El olor a incienso y el rastro de los cirios que se van consumiendo forma parte del viaje a la Semana Santa de Tarazona, que por su originalidad y riqueza aspira a ser declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, un reconocimiento que vendría a poner en valor el legado de una ciudad que siempre ha sido punto de encuentro entre reinos y culturas: la vieja Turiaso, situada en el vértice de Aragón que limita con Navarra, Castilla y León y La Rioja y, por tanto, nexo estratégico en la antigüedad entre las Coronas de Castilla y Aragón y el Reyno de Navarra.
La huella patrimonial que ha dejado la historia en Tarazona es el escenario por el que procesionan sus pasos de Semana Santa y las visitas que completan la mejor escapada a una preciosa ciudad de cuento en la que disfrutar de importantes manifestaciones del románico, el gótico, el Renacimiento o el Barroco. Sin olvidarnos del mudéjar, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en todo Aragón.
Porque venir a Tarazona en Semana Santa es disfrutar también de su vasto patrimonio, que encuentra su máxima expresión en la Catedral de Santa María de la Huerta, una de las joyas artísticas más importantes de Aragón. “La Capilla Sixtina del Renacimiento español” la llaman. Erigida sobre los restos de un complejo romano del siglo IV, destaca de ella su eclecticismo, donde predominan el gótico francés y el mudéjar con elementos renacentistas únicos en Europa, como sus flamantes pinturas del cimborrio, datadas en el siglo XVI, que le han dado fama en todo el continente. Plasman personajes bíblicos y mitológicos desnudos que simbolizan la lucha entre la virtud y los vicios y estuvieron tapadas desde el Concilio de Trento hasta que se descubrieron recientemente, tras una restauración que la mantuvo cerrada durante 30 años.
Por su peculiar fachada volada hacia el río, también merece especial atención el Palacio Episcopal que representa, además, una de sus imágenes más icónicas. Antigua zuda musulmana y castillo medieval, pasó a ser después un palacio renacentista, sede y residencia episcopal con grandes exponentes de ese estilo. De obligada visita, su flamante Salón de Obispos, sus calabozos y la cúpula sobre la escalera principal de mármol, en la que acaban de salir a la luz frisos ocultos del siglo XVI.
De paseo por el Barrio de la Judería, destaca una serie de edificaciones construidas en saledizo en las que residían las familias nobles. Son las casas colgadas de Tarazona, todas visibles desde la judería para ganar terreno al recinto amurallado.
La Plaza de Toros Vieja (completamente restaurada y de planta octogonal) es otro de los monumentos que hace de Tarazona una escapada única. Declarada Bien de Interés Cultural (2001) y una de las seis integrantes de la Unión de Plazas Históricas de España, culminó su construcción en 1792 regalando a la ciudad una auténtica obra de arquitectura con capacidad para 5500 personas; una cifra nada desdeñable si se tiene en cuenta que la población turiasonense no alcanzaba los 9000 habitantes en el siglo XVIII. Su construcción, a base de mampostería, tapial y ladrillo y teja árabe en la cubrición, vino a consolidar la expansion de la población fuera del perímetro medieval de la ciudad.
Para aquellos que buscan la exclusividad, nada como detenerse ante la fachada del Ayuntamiento de Tarazona a admirar su riqueza escultórica. Levantado el edificio entre 1557 y 1563 en la Plaza Mayor, fue concebido como Lonja y no fue hasta el siglo XVII que se trasladó hasta aquí la Casa Consistorial. El largo friso tallado en yeso que divide la fachada y data de los mismos años de su construcción, representa con todo detalle la marcha de Carlos V tras su coronación en Bolonia y le roba buena parte del protagonismo. Destacan además tres escudos sobre cueros recortados y dos figuras alegóricas que representan la Justicia y la Sabiduría bajo los dos que enmarcan la puerta principal. El tercer escudo, el de Tarazona, da seguimiento a tres personajes hercúleos que aluden a la fundación de la ciudad.
Además, la escapada a Tarazona se puede completar con un plan de naturaleza en cualquiera de los senderos, excursiones o centros de interpretación que ofrece el Parque Natural del Moncayo y los pueblos de su comarca. Perderse entre sus hayedos y alternarlos con pueblos de postal, como Trasmoz y sus leyendas, Los Fayos y sus buitreras, San Martín y sus setas, o Vera de Moncayo y el singular Monasterio de Veruela son alternativas que garantizan un viaje que nos va a dejar con ganas de volver.
Por cierto, el Monasterio de Veruela, donde se hospedaron los hermanos Bécquer y donde Gustavo Adolfo escribió sus “Cartas desde mi celda”, será próximamente el nuevo edificio que engrose la lista de Paradores Nacionales de España… ¿De verdad te vas a perder conocer esta maravilla de destino con tantas posibilidades para que tus próximas vacaciones de Semana Santa sean inolvidables?

