La historia está llena de crímenes extraños, asesinos enloquecidos e impostores habilidosos

10 asesinatos brutales captados por las cámaras de TV

En alguno de los casos, el homicida actúa en legítima defensa.

En otros, el pistolero es un simple sicario sin piedad.

Todas las escenas estremecen.

RADIOGRAFÍA DEL CRIMEN

La historia está llena de crímenes extraños, asesinos enloquecidos e impostores habilidosos.

Pasión, avaricia, locura… existen muchas razones por las que las personas acaban cometiendo crímenes y, aunque la mayoría de estos crímenes se olvidan rápidamente, excepto por las personas directamente involucradas, algunos aún se recuerdan y se comentan décadas después. El crimen está en todas partes.

Cuando miras la retorcida mente de un asesino, hay algo diferente. ¿Pero, qué exactamente? ¿Qué empuja a algunas personas a perder todo sentido de la humanidad y la decencia?

Las primeras leyes contra los crímenes

Si bien la delincuencia es un problema en todas las sociedades a lo largo de la historia, la respuesta a los crímenes en las primeras sociedades planteó sus propios problemas. Se establecieron leyes que definían claramente los crímenes y los castigos correspondientes para sofocar el crimen y poner fin a las disputas sangrientas producto normalmente de la venganza.

Estos primeros intentos permitieron que la víctima de un crimen emitiera el castigo, pero tratando de aclarar que la respuesta a un crimen en particular debía ser igual a la gravedad del delito en sí. El Código de Hammurabi es uno de los primeros intentos, y tal vez el más conocido, de establecer una escala de castigo para los crímenes. Los principios establecidos en el código se describen mejor como la «ley de represalias». Se basa en la aplicación de la ley del Talión, que incluye además el principio de presunción de inocencia.

Curiosidades sobre los detectives

  • La palabra «detective» como persona resuelve-crímenes, se usó por primera vez en 1843.
  • El primer uso conocido de la frase «historia de detectives» fue en 1883 en el título de una historia escrita por la autora estadounidense Anna Katharine Green.
  • El primer detective literario fue probablemente C. Auguste Dupin en la historia corta de 1841 de Edgar Allan Poe ‘Asesinatos en la calle Morgue’, quien se pudo haber inspirado en las memorias de Eugène Vidocq de la agencia de detectives Sûreté.
  • La mujer en blanco (1859) de Wilkie Collins fue la primera novela de detectives de larga duración.
  • Uno de los grandes misterios de las novelas policíacas es la identidad del autor de The Notting Hill Mystery (1862-63), que aún no se conoce con certeza.
  • El gran escritor estadounidense de novela negra, Raymond Chandler, decía que «Un detective realmente bueno nunca se casa».

Religión y crimen

En la cultura occidental, muchas de las primeras ideas sobre el crimen y el castigo provienen del Antiguo Testamento de la Biblia. El concepto se reconoce más fácilmente como la expresión «ojo por ojo». En las primeras sociedades, el crimen, junto con casi todo lo demás, se veía en el contexto de la religión. Los actos criminales ofendían ya fuese a Dios o a los dioses. Fue en este contexto en el que los actos de venganza quedaban justificados, como un medio para apaciguar a los dioses por la afrenta cometida contra ellos.

Filosofía y crimen

Gran parte de nuestra comprensión moderna de la relación entre crimen y castigo puede rastrearse a través de los escritos de filósofos griegos como Platón y Aristóteles. Platón fue uno de los primeros en teorizar que el crimen era el resultado de una educación deficiente y que los castigos por crímenes deberían evaluarse en función de su grado de culpa, lo que permite la posibilidad de incluir circunstancias atenuantes. Aristóteles, por su parte, desarrolló la idea de que las respuestas al crimen deberían intentar prevenir actos futuros, tanto por parte del criminal como por parte de otros que puedan estar inclinados a cometer otros delitos.

Los precursores del sistema legal moderno

La primera sociedad en desarrollar un código integral de leyes, incluidos los códigos penales, fue la República romana. Los romanos son considerados los verdaderos precursores del sistema legal moderno, y sus influencias aún se ven hoy en día, ya que el lenguaje latino se conserva en gran parte de la terminología legal. Roma instauró una visión más secular del crimen, viendo los actos delictivos como una afrenta a la sociedad en oposición a los dioses, de ahí que asumiera el papel de determinar y aplicar el castigo como una función gubernamental, con objeto de mantener una sociedad ordenada.

Crimen y castigo en la Edad Media

La introducción y propagación del cristianismo en el oeste provocó un regreso a una conexión religiosa entre crimen y castigo. Con el declive del Imperio Romano, la falta de una autoridad central fuerte condujo a un retroceso en la actitud de las personas hacia la comisión de delitos. Los actos criminales comenzaron a ser considerados como obra e influencia del diablo o Satanás. Los crímenes fueron equiparados con el pecado. Los castigos se toman entonces como objeto para llevar a cabo ‘la obra de Dios’. La idea era liberarlos de la supuesta influencia del demonio.

Fundamentos para la visión moderna del crimen

Al mismo tiempo, el cristianismo introdujo los términos de perdón y compasión en esta ecuación, y las visiones hacia el crimen y el castigo comenzaron a evolucionar. El teólogo católico Santo Tomás de Aquino fue quien mejor expresó estas nociones en su famoso tratado «Summa Theologica». Se creía que los crímenes violaban la ley natural (instaurada por Dios), lo que significaba que alguien que cometía un crimen también había cometido un acto que le había separado de Dios.
Comenzó a entenderse que los crímenes no solo herían a la víctima sino también al criminal. Los criminales, si bien merecían el castigo, también había que compadecerse de ellos, ya que se habían situado en una escena fuera de la gracia de Dios.

Criminología moderna y la sociedad secular

Con los monarcas, creyendo en autoridad totalitaria ofrecida por la voluntad de Dios, los crímenes contra las personas, la propiedad y el estado fueron vistos como crímenes contra Dios y el castigo era a menudo rápido y cruel, con poca consideración por el criminal.

A medida que la noción de separación de la iglesia y el estado comenzó a echar raíces, las ideas sobre el crimen y el castigo adoptaron una forma más secular y humanista. La criminología moderna se desarrolló a partir del estudio de la sociología.
En esencia, los criminólogos modernos buscan conocer las causas fundamentales del delito y determinar la mejor manera de abordarlo y prevenirlo. Los primeros criminólogos defendieron un enfoque racional para tratar el crimen.

Una llamada a la razón

El escritor italiano Cesare Beccaria, en su libro Sobre Crimen y Castigo, abogó por una escala fija de crimen y castigo basado en la severidad del crimen. Sugirió que cuanto más severo fuese el crimen, más severo debería ser el castigo.
Beccaria creía (en el S. XVIII) que el rol de los jueces debía limitarse a determinar la culpabilidad o la inocencia, y que debían emitir castigos basados en las pautas establecidas por las legislaturas. Los castigos excesivos y los jueces abusivos debían eliminarse de la ecuación. También creía que prevenir el crimen era más importante que castigarlo.

Crimen y demografía

La criminología se desarrolló aún más cuando los sociólogos intentaron aprender las causas del crimen. Con la primera publicación de las estadísticas nacionales delictivas en Francia en 1827, el estadístico belga Adolphe Quetelet observó las similitudes entre las tasas demográficas y de delincuencia. Comparó las áreas donde se registraba una mayor tasa de delincuencia, así como la edad y el sexo de quienes cometieron delitos. Descubrió que la mayor cantidad de crímenes fueron cometidos por hombres mal educados, pobres y jóvenes. También encontró que se cometieron más crímenes en áreas geográficas más ricas y prósperas. Sin embargo, las tasas más altas de crimen ocurrieron en aquellas áreas ricas que estaban físicamente más cerca de las regiones más pobres, lo que sugiere que las personas pobres irían a las áreas más ricas a cometer crímenes. Esto demostró que el crimen ocurría fundamentalmente como resultado de la oportunidad y mostró una fuerte correlación entre el estado económico, la edad, la educación y el crimen.

Llegamos al S. XIX

A finales del siglo XIX, el psiquiatra italiano Cesare Lombroso estudió la causa del delito en función de las características biológicas y psicológicas individuales. En particular, sugirió que la mayoría de los delincuentes profesionales no eran tan evolucionados como otros miembros de la sociedad. Encontró ciertos atributos físicos compartidos entre criminales que lo llevaron a creer que había un elemento biológico y hereditario que contribuía al potencial de un individuo a la hora de cometer un crimen.

Criminología actual

En la disciplina de la criminología moderna, los criminólogos se dedican al estudio de factores sociales, psicológicos y biológicos, haciendo recomendaciones de política a gobiernos, tribunales y organizaciones policiales para ayudar a prevenir crímenes. A medida que estas teorías se desarrollaban, la evolución de la fuerza policial moderna y de nuestro sistema de justicia penal también se abría paso.

El propósito de la policía se refinó para prevenir y detectar crímenes, en lugar de simplemente reaccionar ante crímenes ya cometidos. El sistema de justicia penal sirve, en teoría, para castigar a los delincuentes con el propósito de disuadir futuros crímenes.

La justicia penal

Los componentes de la justicia penal incluyen a la policía, la fiscalía, la judicatura, las prisiones, la libertad y la libertad condicional. El sistema de justicia penal tiene objetivos múltiples y a menudo contradictorios: pues los intereses de la víctima deben ser equilibrados con los derechos del proceso del acusado, el interés público más amplio, así como con cuestiones de rentabilidad.

La prevención del crimen

Prevenir el crimen es tan importante como castigar a los delincuentes. Los principios clave que guían la práctica de la justicia penal en las naciones occidentales incluyen que el enjuiciamiento penal debe ser el último recurso, que las intervenciones de justicia penal deben ser la respuesta mínima necesaria (es decir, si una advertencia es suficiente, mejor no enviar al delincuente a prisión), y que la severidad de la sentencia debería aumentar a medida que el delito se agrave.

¿Cuántos crímenes se denuncian?

Menos de los que nos imaginaríamos. De todos los delitos, solo alrededor del 10% se denuncian a la policía. Las razones para que esto ocurra incluyen pensar que ‘el crimen no era tan grave’, sentir que la policía no puede hacer nada al respecto o imaginar que la policía no va a creer a la víctima cuando le cuente lo ocurrido.

¿Cómo se sanciona un crimen?

Hay varias formas de castigar a un delincuente: sanciones financieras, un castigo basado en la comunidad (es decir, el encarcelamiento), los servicios a la comunidad o el toque de queda, entre otros. De todas formas, la respuesta judicial a la delincuencia varía mucho de una sociedad a otra, a pesar de que las tasas de criminalidad son similares. En Holanda, por ejemplo, las encarcelaciones representan alrededor del 7% de todas las condenas impuestas, mientras que en los Estados Unidos, alrededor del 70% de las condenas implican la pena de prisión.

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