
Se acaba de hacer público que en España, en 2007, se practicaron 120.000 abortos, un 10% más que el año anterior. ¿Qué hacer ante semejante drama? Creo que está todo dicho por parte de los defensores de la vida. Manifestaciones, discursos, proclamas… todo con tal de defender el derecho a vivir por parte de la criatura más indefensa. Pero nada sirve. ¿Qué hacer, entonces?
Pues yo propongo leer la entrevista que ayer publicó en la contraportada de La Vanguardia Víctor M. Amela. La protagonista es Gennet Corcuera, una etíope de 27 años sordomuda y ciega. Con toda la naturalidad del mundo, narra cómo vagaba por las calles, sin poder comunicarse, sin haber sabido nunca nada de sus padres, en medio de una guerra, que no sabía dónde estaba, que su única solución era llorar… y que hoy es inmensamente feliz. Una monjas católicas la acogieron en su orfanato y tiempo después la conoció una voluntaria española, Carmen Corcuera, quien al final la adoptó y la trajo a nuestro país. Hoy estudia 2º de Magisterio, es la primera sordociega universitaria de España y su sueño es impartir educación especial a niños con su mismo problema. Ha tenido novio, escribe cuentos, le gusta chatear, pasear, hacer ganchillo y dormir. Es una chica normal.
Lo mejor es cuando un alucinado entrevistador le pregunta si cree que Dios ha sido injusto con ella. Su respuesta inmediata: “¿Por ser sorda, muda y ciega?”. Tras el asentimiento del periodista, ella no duda en decir que “nada de eso tiene que ver con la felicidad”. Ante el estupor del señor Amela, Gennet concluye: “Me siento muy feliz. ¡Y esto sí es importante! Mi discapacidad no me hace sufrir. Puedo estudiar, ¡puedo comunicarme!, puedo esforzarme, encuentro soluciones, tengo posibilidades…”. Su “creo en Dios y soy católica” me parece un orgullo para los que profesamos esa fe.
Compañeros en la defensa de la vida: ¿Por qué no aparcamos las condenas, los gritos desgarrados y la indignación? ¿Queremos ser efectivos a la hora de impedir la lacra del aborto? ¡Pues cojamos un megáfono y proclamemos a los cuatro vientos que Gennet Corcuera es feliz y da las gracias a Dios por haber tenido la oportunidad de vivir! ¡Digamos bien claro a los que no puedan comprender su caso, que ella es real, de carne y hueso! ¡Que son muchos como la admirable Gennet los que pueden llegar a ser ella! ¡Sólo merecen una oportunidad y tienen derecho a ella! ¡Es su vida!
Yo también creo que el aborto es el Holocausto de nuestra era, que vivimos en una sociedad materialista que sólo busca una existencia hedonista, que la vida puede ser muy digna en la vejez y en la enfermedad… Pero si realmente queremos que haya una chica que se plantee no abortar cuando está en la clínica, hablémosle de otra manera que entienda. Hablémosle de Gennet y digámosle que incluso si el fruto de sus entrañas naciera con alguna enfermedad, puede y debe intentar ser feliz. Es su derecho. Sólo suyo.
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
