La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

¡Cómo duelen la hipocresía, la falsedad y la mentira en la Iglesia!

Si no tuviera absolutamente claro que soy cristiano por Jesús de Nazaret, a veces me dejaría caer en la desesperanza. Si no tuviera claro mi amor por la Iglesia, a veces creo que ya no tendría fuerzas para seguir en la barca. Si no tuviera claro que la Iglesia la conformamos hombres y mujeres incardinados en la debilidad, a veces ya siento que ni podría defenderla. ¡Cómo duelen la hipocresía, la falsedad y la mentira en la Iglesia! ¡Y lo digo yo, el primer fariseo, demagogo y débil!

Empiezo a estar muy cansado. Agotado de ver tanto odio, tanta división entre cristianos, entre católicos, entre hijos de Jesús. Unos y otros escupen “su” Iglesia en la cara del otro. ¿Qué otro? El rival, el instalado en el modelo “equivocado” de Iglesia. Luchas de egos, reptiles que medran, discursos instalados en la pureza absoluta… cuando detrás de ellos se esconde una persona que hace exactamente lo contrario de lo que exalta con celo.

Sacerdotes, religiosos, laicos. Hay de todo. Muchos son el reverso de lo que dicen ser. Unos levantan cadenas imposibles de sostener… ni para ellos mismos; lo cual no es óbice en su particular conciencia, porque no se molestan en tratar de aguantar el peso exigido al otro. Otros se inventan un credo a su medida. Desvirtúan todo eco de lo que fue e hizo Cristo. Repito: unos y otros.

El propio Benedicto XVI vino a decirlo en su día: ¡Cuánta falsedad, cuánta suciedad se esconden en el interior de la Iglesia! ¡Y cómo duele que así sea! Padres de familia numerosa, amorosos de su mujer a la luz pública… crápulas sinvergüenzas en la sombra. Curas que tienen hijos con una feligresa… y son trasladados a otras diócesis. Así desaparece el “problema”. Homilías obsesionadas con la sexualidad, cuando en los ratos libres se cae en la “debilidad” de la práctica de la propia homosexualidad. Pederastia: silencio por dinero. No hay que causar escándalo público…

Creyentes en el Dios del Amor que se creen Dios, extendiendo ellos mismos la propia condena de “los malos católicos”. Apologetas de la mentira e inquisidores laicos que dan la comunión en su parroquia: con la bendición y el apoyo episcopal. Curas casados que siguen celebrando misa. Cristianos que creen que Jesús fue mejor si no fue Dios, sino sólo hombre. Partidarios de una España cristiana que odian a los inmigrantes. Opositores porque sí a la “jerarquía”. Nostálgicos del cristianismo oficial en una dictadura “católica”. Convencidos de que el verdadero Reino de Dios está en el marxismo: ya saben, Jesús fue el primer comunista…

Mentiras, corrupciones, hipocresías, demagogias, fariseísmos… ¿Dónde queda para algunos el eco de aquel Mesías que murió y resucitó por amor al Hombre, para darnos a todos vida tras morir?

Gracias a Dios –sí, gracias a Dios– que conozco muchos más curas, religiosos y laicos a los que admiro y tengo por ejemplo de fidelidad, misericordia y compromiso. Muchos más. Por mucho que me instalen en la desesperanza los encuentros con los dañinos. Y aunque no fuera ninguno, nadie, el modelo a seguir. Soy cristiano y entusiasta miembro de la Iglesia por una persona. La única que nunca fallará: Jesús de Nazaret.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Lo más leído