
Lo pienso y me parece mentira. Ya hace un año… Toda la vida soñé con pisar Tierra Santa. Mi mente elucubraba los colores e imágenes que la harían realidad en este aún inicio del siglo XX. Soñaba con cumplir un anhelo más que profundo, que especialmente se concretaba en una palabra casi mítica: Jerusalén.
Justo hace un año, en estos días, cumplí ese sueño de vida. Fueron algunos de los días más inolvidables de toda mi existencia. Para mí fue un orgullo recogerlos aquí, a modo de sección, en ‘Crónicas de Tierra Santa’. Sin embargo, lo que entonces supuso el hito más alto en mi, a veces, complicado caminar hacia la fe, no tardó mucho en ser desplazado por una inesperada caída por el despeñadero. Hace ya muchos meses que me encuentro abatido en ese camino de búsqueda que siempre he sabido que duraría mientras latiera.
Seguramente, a nadie le importa esto. Es mi problema. Pero se lo susurro a las olas que me acercan el mar en esta noche melancólica: ¿Podéis refrescarme el alma hasta el punto de volver al camino que algún día me lleve de nuevo a Jerusalén?
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

