
Después de que Quinto Sertorio (reciente comentarista de este blog que, escondiendo su nombre, utiliza el del político y militar romano del siglo I a. C.), en el debate que ha seguido a dos artículos sobre si existe o no confrontación entre democracia y Verdad, y aun sin enunciarlo explícitamente, me haya tachado reiterativamente de hereje (y, casi, de masón), no me queda otra que situar un espejo ante su dedo acusador. El reflejo de este espejo será aquí una radiografía de lo que considero arquetipo del católico totalitario:
1) El católico totalitario, en su afán por “no ser del mundo”, acaba odiando al mundo. Algo que hace despreciando a todas las personas que no son católicas. Lo que demuestra no teniendo en cuenta, bajo ninguna circunstancia, la opinión de éstas, aunque puedan reflejar la mayoría social.
2) El católico totalitario, centrado en construir discursos teóricos con aparente aire cultivado, llega a decir que el Magisterio de la Iglesia aprueba la confesionalidad del Estado. El hecho de que el Concilio Vaticano II, el último gran encuentro eclesial para fijar la situación de la Iglesia en el mundo, rechazara la confesionalidad del Estado, parece no decirle nada. ¿No será que no considera el Concilio Vaticano II parte del Magisterio de la Iglesia? ¿No le importa que éste haya sido impulsado y refrendado por el Papado, encarnado en estas décadas por Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI? Es más, llega a decir que el actual Papa, que ha desarrollado su concepción de la “sana laicidad” para definir unas deseables relaciones entre Estado e Iglesia en situación de no confesionalidad estatal, apuesta por lo contrario.
3) El católico totalitario, representado aquí por Quinto Sertorio, pone en mi boca esta frase: “Todas las religiones y todas las ideas deben ser respetadas siempre que reconozcan que la democracia está por encima y que la fuente de la autoridad es la soberanía popular. El que diga lo contrario sea tratado de apestado fascista”. Mezclas verdades y mentiras. Todas las ideas y religiones han de ser respetadas per se, más allá de que reconozcan o no la democracia. Muchos países musulmanes no son democráticos y el Islam merece respeto por sí mismo. Hay dos niveles, como te digo, paralelos. En política, lo justo es que la soberanía resida en el pueblo. Y, en este sentido, veo la democracia como el único sistema que puede regular esa convivencia en la que todas las opiniones y derechos sean mantenidos como un principio. En materia de fe, ésta ha de regir, antes que nada (repito, antes que nada) la vida particular de cada creyente. El creyente cristiano, voluntariamente, forma parte de la comunidad cristiana a través de la Iglesia. Los mandamientos de la Iglesia, que recogen la Verdad y la Ley Natural, incumben única y exclusivamente al creyente.

4) Ningún Papa, y esto no aparecerá en ningún texto que conforme la Doctrina de la Iglesia, asegurará jamás que los mandamientos cristianos han de imponerse obligatoriamente por ley al conjunto de la sociedad. Esos mandamientos son reflejo de la Verdad, y por ello son buenos y deseables para todos. Pero nunca, jamás, en ningún caso han de imponerse por las autoridades civiles. De ahí que ciertos malos actos puedan ser pecado, pero jamás delito. ¿Alguien se imagina que pudiera multarse a una persona por no ir a misa un domingo? ¿Queremos volver al franquismo, donde la fe era impuesta? Por cierto, Quinto, ya que me hablas de encíclicas. Las encíclicas papales se dirigen a los cristianos “y a todos los hombres de buena voluntad”. Se invita, no se obliga. Se ofrece, no se impone.
5) Me dirijo directamente a ti, Quinto. Has llegado a justificar el franquismo frente a la democracia desde el punto de vista de la legitimidad divina… Casi nada. Tus argumentos de que ahora hay más gente en las cárceles que antes y que la democracia española ha matado a un millón de no nacidos, como te he señalado, son pura hipocresía. Ahora, en las cárceles, hay delincuentes. Antes había miles y miles de presos por pensar. ¿Es posible la comparación? Respecto al aborto, la actual Ley del Aborto es absolutamente injusta, pero la ley, el Estado, no mata a nadie. Son los padres los que deciden abortar. En el franquismo, y no lo puedes negar, el Estado mató a miles y miles de personas. Por pensar. A otras miles y miles las encarceló, obligó a marchar al exilio o las censuró. Por pensar. Por no ser “buenos católicos españoles”.
6) Quinto, si se te “ocurre” otro argumento que haga legítimo el franquismo a los ojos de Dios, no dudes en decírmelo. Hasta el momento, por odiar y no amar al mundo; por despreciar y no tolerar a tu hermano; por manipular y tergiversar el Magisterio de la Iglesia y el de los Santos Padres Pontífices; por justificar como “cristiano” un sistema político que impone (con las armas) a los hombres la Verdad de Dios que nos hará libres, no puedo menos que hacerme una pregunta. ¿Eres un hereje?
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
