La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Decálogo de un católico revolucionario

En un tiempo en el que decir ciertas cosas, desde la pertenencia a la fe católica, te hace pasar por “relativista” a la vista de otros “compañeros de viaje”, quiero exponer mi propuesta de lo que sería, hoy en día, un católico revolucionario:

1. Aquél que no se limita a repetir, de la A a la Z, el mismo discurso oficialista ante cada uno de los asuntos “mundanos” en los que se pronuncia la Iglesia. Se cuestiona a sí mismo, busca argumentos propios y los expone con claridad, para ser entendido por “el común de los mortales”. ¿O es que no se trata, precisamente, de convencer y, llegado el caso, evangelizar? Ejemplo: expresiones como “la familia, la célula básica de la sociedad” o “resistir ante los embates del laicismo”, por manidas y repetidas hasta la saciedad, no producen ningún efecto en quien las escucha. Aviso: quien esto escribe está completamente de acuerdo con su contenido, pero anima a expresar su sentido de un modo menos artificioso (y pretencioso), con el fin de que sea eficaz.

2. Aquél que, sin por ello dejar de ser menos católico, entiende, respeta y tolera que otras confesiones o ideas no religiosas (como el ateísmo) tengan el mismo derecho a expresarse en una sociedad, como la española, aconfesional. Sin ceder un milímetro ante quienes quieren hacer invisible a la Iglesia en la esfera pública, pero aceptando que ésta ya no tiene una presencia oficial hegemónica. Ejemplo: es consecuente aceptar que los crucifijos no tienen ningún sentido a la hora de presidir, por sistema, las tomas de posesión de los cargos públicos. Muy diferente, por positivo, es dar la opción a dichos representantes de que elijan si quieren jurar o prometer su cargo.

3. Aquél que no añora los tiempos en que la Iglesia era parte política e ideológica del Estado. Ejemplo: los defensores del nacional-catolicismo que pasan por alto que el régimen de Francisco Franco era una dictadura.

4. Aquél que se siente parte de la sociedad aunque ésta no se amolde a su percepción moral y ética de la vida. Ejemplo: dan un pésimo testimonio todos aquellos que se regodean y felicitan de una pérdida cívica tan grave como la desaparición de un medio de comunicación por estar alejado éste de su ideología.

5. Aquél que no asemeja “católico” con, casi exclusivamente, ser “pro-vida” o “pro-familia”. Un católico ha de ser ambas cosas, pero también muchas otras igual de esenciales. Ejemplo: los que defienden a ciertos líderes de opinión que se declaran contrarios al aborto, mientras pasan por alto su apoyo a guerras injustas iniciadas por intereses prioritariamente económicos.

6. Aquél que no sigue el discurso hipócrita de reivindicar la acción social de la Iglesia a la vez que insulta a muchos de los miembros eclesiales que la desarrollan. Ejemplo: numerosos religiosos entregados a los excluidos son tachados de “progres” por sus posturas ideológicas sobre lo que ha de ser la Iglesia, defendiendo sus detractores, precisamente, que “no son Iglesia”. Si no lo son por sus ideas, tampoco lo serán por sus acciones.

7. Aquél que, aun pudiendo entender que es bueno que un sacerdote o religioso sea identificable por su hábito (para facilitar su posible búsqueda por quienes no pertenezcan a su ámbito cercano), no exige este principio como un punto básico para evaluar el desarrollo de su vocación. Ejemplo: no ven más allá de una prenda de ropa quienes condenan como “malos” curas, frailes o monjas a los consagrados que no lucen hábito. Esa falta de miras suele reflejar dureza de corazón y total ausencia de caridad cristiana.

8. Aquél que no busca, en primer lugar, condenar a la persona que a su juicio ha cometido una grave falta. Debe hacer ver a ésta su fallo, siendo luego ella responsable de su subsanación o no. Avisado el pecador, todo queda en su conciencia. Yerran quienes, desde la fidelidad a Dios, no dejan todo en su infinita capacidad de misericordia ante quien sabe que ha obrado mal. Ejemplo: son nocivos quienes se regodean haciendo público los, a su juicio, errores de las personas. Suele suceder que tales críticas suponen para el crítico un íntimo placer, rayano en la dureza de corazón y total ausencia de caridad cristiana.

9. Aquél que no duda en criticar, constructivamente, las palabras de un sacerdote, obispo, religioso o laico significativo que hayan podido causar dolor e incomprensión social. Ejemplo: no todos los que se desmarcan de las injustas y equivocadas palabras de un monseñor son “anticatólicos”.

10. Aquél que sufre y se rebela contra la división existente y palpable en el seno de la Iglesia. Aquél que grita contra la falta de caridad, amor y tolerancia entre los que se dicen cristianos. Aquél que, mirando al Dios hecho Hombre por amor a la humanidad, no pone mayor querencia en su parte humana o divina, desfigurando el increíble valor de su conjunción. Ejemplo: el católico agrio y amargado que vive y exige a los demás vivir una fe alejada del resto de los hombres.

Concluyo aquí mi decálogo con un comentario final: es triste tener que elevar a la categoría de revolucionario lo que habría de ser ordinario. Aunque, visto el panorama entre muchos de los que se dicen hoy católicos, justo es reconocer lo que cada vez es más extraordinario. Casi épico.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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