La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Mis contradicciones ante Juan Pablo II

Yo soy uno de aquellos jóvenes que, orgulloso, presumía de formar parte de la juventud del Papa. Era uno más de la llamada ‘generación Juan Pablo II’. Aquella que, durante mucho tiempo, pudo decir que nunca había conocido otro Papa. Admiré al máximo al sucesor de Pedro que llegó del Este. Por todo: por la fuerza, coherencia y alegría que transmitía; por su denuncia sin colores de la injusticia (ya fuera remarcando los males del comunismo o las lacras del capitalismo); por su capacidad de perdón (con palabras y hechos, abrazando a quien intentó matarle); por cruzar miles y miles de kilómetros para ver a todos, sobre todo a los sufrientes e instalados en la minoría; por no bajarse de la Cruz hasta el final; por ser un joven octogenario y mostrarnos su amor infinito por Jesús de Nazaret. Aquí mismo escribí varias veces sobre lo que sentía ante su simple imagen. Aquí conté mi aventura romana en aquellos días de abril de 2005, cuando fui feliz por el simple hecho de poder postrarme ante su cuerpo muerto y su alma viva. Yo fui uno más de aquella marea espiritual que hizo tambalearse la Plaza de San Pedro con el grito de “Santo Subito”.

Sin embargo, ahora, ante el anuncio de su beatificación, el próximo 1 de mayo, no sé qué siento. Tengo clarísimo que su pontificado fue histórico, por muchísimos motivos. Pero también percibo puntos oscuros, apareciendo las dudas. No entiendo a aquellos que demonizan a quienes las expresan, pues en muchos casos son de buena fe. Tengo dudas, y lo digo, ante todo, por el dramático caso de Marcial Maciel. El fundador de los legionarios de Cristo, a quien el Papa expuso con ahínco como modelo para la juventud, fue un auténtico cáncer en el testimonio de la Iglesia. Pese a las advertencias de muchos, si se descuidan, casi lo canonizan en vida… ¿Es posible que el Papa estuviera tan equivocado con él? De verdad, quiero creer que sí. Pero se equivocó, muy gravemente. ¿Engañado por una Curia “sobornada” con donaciones eclesiales? Puede ser, pero casi peor…

Pero ya no es sólo el caso Maciel. No podemos cerrar los ojos ante los gravísimos casos de abusos sexuales que proliferaron en el clero por esos años, y que vamos conociendo ahora de un modo detallado y público. Realmente, aquí sí creo que es muy complicado que un Papa tenga conocimiento y compilado de casos concretos. Pero algo falló. El modelo, la política, la línea de actuación: eso falló. Ahora, con toda la valentía, Benedicto XVI ha puesto en marcha, de un modo sistemático, otra actuación: luz y taquígrafos, nada de esconder la mierda debajo de la almohada, colaborar con la justicia para que los criminales vayan a la cárcel y, por supuesto, suplicar el perdón de las víctimas.

Concluyo esta hoja de “desagravios” con una última duda. Más que duda, una sensación. No tengo argumentos para rebatirlo, pero me preocupa el excesivo protagonismo que ciertos movimientos laicos tienen desde la segunda mitad del siglo XX. Esto ya venía de atrás, pero con Juan Pablo II éstos vieron su florecimiento y expansión definitiva. Insisto, no puedo explicarlo de un modo analítico y documentado, pero creo que llegará un día en que lamentemos el haber dejado gran parte del testimonio que los católicos damos al mundo en manos de grupos con un cierto componente abrasivo, intolerante y sectario.

Escribo esto con dolor, buena fe y dudas, sabiendo que incurro en contradicción. No renuncio a Juan Pablo II. Me marcó y voy a seguir teniéndolo como referente de por vida. Nadie me llegó tanto como él. Parte de mi ser católico, sea éste mucho o poco, bueno o malo, se lo debo a este santo. Sí, santo. Porque creo que la Iglesia no se equivoca (al menos, en el fondo) al elevarle a los altares. Aunque hoy el modelo esté más abajado. Y, por ello, más cercano, más humano. Como todos nosotros.

¡Juan Pablo II, ora pro nobis!

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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