La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Cuando el precio para ser obispo es la muerte de otro cura

Voy a contar la historia de un sacerdote muerto a los 37 años. La versión oficial dijo que murió en un accidente de tráfico, pero su cadáver mostraba las evidencias de una brutal paliza (yo he visto una fotografía del cuerpo y su cuello aparece con un tajo que a punto estuvo de seccionar la cabeza). Si al espanto de la notica unimos que este cura ejercía su ministerio defendiendo la verdad y la justicia, que lo hacía con valentía en el seno de una dictadura y que varios testigos presenciales aseguraron haber visto a varias personas uniformadas huir del lugar de los hechos, muchos se aventurarán a hablar de “asesinato”. Cuando, pese a las dudas, se conoce que no se ha abierto investigación judicial alguna, alguno más se atreverá a reclamar “justicia”. Incluso, puede que haya quien hable de un mártir. Pero no, este sacerdote jamás será declarado mártir y, tal vez, muchos de quienes sigan leyendo, ya tampoco seguirán pronunciando las palabras “asesinato” o “justicia”. Les asustará un posible escándalo eclesial. Como si eso fuera lo más importante.

El cura del que hablo es Jorge Bita. Ejercía su ministerio en la Guinea Ecuatorial del dictador Teodoro Obiang. Murió el 30 de abril del pasado año, junto a su coche. Gran parte del pueblo cristiano, desde el primer día, no dudó en hablar de “asesinato” y en reclamar “justicia”. Pero a estas peticiones no se unió su obispo. Nadie entendió el silencio episcopal, que fue absoluto (ni una declaración, ni una interpelación a las autoridades para que abrieran investigación). Muchos, indignados, lo achacaron al miedo ante Obiang. Otros, decepcionados, dijeron que los obispos guineanos, en el fondo, se sienten protegidos ante un régimen que, con el todopoderoso petróleo, sufraga con dinero público catedrales y templos. Algunos más dieron otra versión.

Esa misa versión es la que, personalmente, me ha ofrecido en un reportaje para Vida Nueva una persona cercana a Jorge Bita y que, por cuestiones de seguridad, mantiene el anonimato. Según esta persona, la muerte de Jorge Bita fue dirigida personalmente por otro cura, quien actuó moviendo los hilos de unos escuadrones de la muerte del régimen. Su última razón es que aspira a suceder a su obispo, que se retira por edad en un año. Veía en Jorge Bita, perteneciente a la etnia mayoritaria en su diócesis, un serio aspirante a ser designado como nuevo obispo y cambiar así la tendencia de la etnia hasta ahora predominante, en la Iglesia y en el régimen de Obiang.

Muchos creerán que esto es más propio de los Borgia. Y no le darán ningún valor. Solo sé que esta misma versión está muy extendida entre los fieles guineanos, aunque el tabú y el silencio imperen. No lo recogería si no hubiera habido una persona, directamente afectada, que me lo hubiera contado. Esa ella quien habla, no yo. Pero, por justicia con este sacerdote que jamás será declarado mártir, quiero contar al menos su historia. Incluida la versión no oficial. Soy católico e hijo de la Iglesia. Y estoy convencido de que al final la verdad, sea la que sea, debe triunfar. Pese a los escándalos.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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