La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

¿Y por qué los católicos no nos manifestamos contra el lobby pederasta?

Boston, Irlanda, Chile, Australia… Desde que Benedicto XVI promoviera la “tolerancia cero”, somos conscientes, a nivel mundial, de que en la Iglesia se ha nutrido desde hace décadas una acción criminal: los abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes y religiosos. Una práctica aberrante que, en todo este tiempo, había sido ocultada por distintas jerarquías eclesiales, siendo su única “respuesta” cambiar al depredador de parroquia y asegurarse el silencio de las víctimas mediante pagos económicos.

Lo que acabamos de conocer sobre Pensilvania lleva directamente al llanto: durante 70 años, 300 curas pederastas han violado hasta un millar de niños. Pero, detrás de las cifras, se esconden detalles aún más horripilantes: niñas obligadas a abortar y el obispo de turno consolando al sacerdote responsable, prácticas fetichistas en sacristías, grabaciones de las escenas… Asco es poco. Como nauseas produce saber que algunos de los obispos que taparon esta montaña de mierda fueron ascendidos a cardenales.

Francisco ha ido más allá de la “tolerancia cero” y busca aplicar esta de un modo concreto en la Comisión de Defensa del Menor, pero la realidad es que encuentra todo tipo de obstrucciones dentro de la mismísima Curia romana. Así, de hecho, lo han denunciado las víctimas que integraban en un primer momento la comisión. A los pocos meses, todas ellas dimitieron denunciando esta lacra.

Los lobos con piel de cordero no son cuatro manzanas podridas. Son un auténtica estructura del mal arraigada, a modo de cáncer, en el seno de la Iglesia. Eso explica que, en todas estas décadas, el modo de actuar de estos criminales haya sido el mismo. Y la “respuesta” de los pastores responsables también la misma: ocultar. La enfermedad extiende sus tentáculos por todo el mundo y tiene su corazón en Roma.

Francisco y el cardenal O’Malley, responsable de la Comisión de Defensa del Menor, son valientes y dan pasos decididos. Pero se encuentran ante un enemigo muy poderoso y que está dentro de casa. Ellos solos no pueden derrotarlo.

Por eso creo que, como en todo movimiento de reforma auténtico, este ha de ser impulsado desde abajo. Los católicos de a pie hemos de movilizarnos activamente. Hemos de rugir con fuerza. Estamos enfadados ante un acto criminal y que marca esta época eclesial contemporánea. Por eso pido desde aquí que el primer domingo de octubre, en todo el mundo, los católicos nos manifestemos contra el lobby pederasta que mancilla la Iglesia de Jesús de Nazaret. Y, si antes de cada marcha, en misa se pide “por las víctimas de los pedófilos consagrados” y por “la conversión» de estos, mucho mejor.

Solo así se dará el primer paso para el mejor modo de combatir a estos seres repugnantes: que la misma Iglesia les denuncie ante los tribunales y que estos paguen las mayores penas de cárcel. Sea un cura, un religioso, un obispo o un cardenal. Sin excepciones. La auténtica tolerancia cero.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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