Los pimientos lavados, se asan, sobre las brasas, en la chapa de la cocina, también en una cacerola de fondo grueso o en el horno y cuando estén tostados por igual, se ponen en un recipiente, tapados, hasta que estén fríos.

Se pelan sin lavarlos y mejor sin mojarlos con agua.

Cuando estén templados se pelan y se reservan.

(Los pimientos, así preparados, pueden congelarse. Para ello basta con envolverlos en papel de plástico transparente formando paquetes bien envueltos, a los que se les pone la etiqueta con la fecha y se introducen en congelador de cuatro estrellas).
Se presentan partidos a tiras, condimentados con sal, ajo picado fino y regados generosamente con aceite de oliva.
Los pimientos, a veces salen picantes. Si así no fuera, o en el caso se desee ponerlos picantes, puede añadirse tiras finas de guindilla.