Los colores atrevidos y las prendas de lana dominaron la jornada

La extravagancia seduce a los jóvenes diseñadores

El Ego pusó dió el pistoletazo de salida a la 51 edición de la 'Cibeles Madrid Fashion Week'

La anécdota del día se produjo en este desfile, cuando dos modelos decidieron quitarse los tacones de plataforma en mitad de la pasarela

Extravagancia y sobriedad, color y oscuridad, sofisticación y pragmatismo. Todo cupo en la primera jornada de la 51 edición de Cibeles Madrid Fashion Week, a excepción del miedo y los límites a la creatividad. Diez jóvenes diseñadores han presentado ayer sus propuestas para otoño-invierno en El Ego.

UNA MUJER ALEGRE Y SEGURA

Anjara optó por prendas asimétricas para una mujer segura de sí misma que ansía la comodidad: largas rebecas, abrigos, leggins, chaquetas, chalecos, faldas de talle alto, algunas minifaldas y todo tipo de mangas en materiales puros como son el algodón, la lana, la seda y el cachemir.

El espíritu de la colección se materializa con superposiciones, pliegues y desordenados volúmenes en tonos grises, negros, granates y marrones que aportan personalidad pero no dejan de constituir una segunda piel para la mujer. Tachuelas, pieles y pelos sirven de contrapunto.

Por su parte, Solitas se atrevió con una explosión de colores y estampados sólo rota por la sobriedad de las gabardinas. Vestidos, camisolas de manga larga, batas, monos y leggins llenos de flores, animales y dibujos que parecen salidos de un universo onírico e estampados en licra, chifón y satén.

Sus siluetas son femeninas y recatadas, llamativas pero relajadas, con graciosas superposiciones que añaden movimiento a las prendas, volantes y degradados.

La anécdota del día se produjo en este desfile, cuando dos modelos decidieron quitarse los tacones de plataforma en mitad de la pasarela. No debían de resultar muy cómodos, ya que el resto de compañeras hicieron lo propio en el carrusel final.

HOMBRES ATREVIDOS

La extravagancia ha inundado la pasarela con la colección de Isabel Mastache para hombre, una apuesta provocadora y muy arriesgada, con reminiscencias étnicas indias y centroeuropeas, que ha conseguido arrancar sonrisas y aplausos en la pasarela.

A partir de antiguas mantas de lana estampadas, mohair, algodón, saris y tergales -y muchos guantes-, la diseñadora gallega ha creado trajes y chaquetas de formas imposibles, con estratos desiguales y superpuestos, que en ocasiones recordaban a dinosaurios y astronautas.

La colección de Carlos Doblas, para hombre y mujer, se apoyó en el contraste: plástico frente a lanas elásticas y pelo artificial, pantalones pitillo y campanas, transparencias impermeables y densos abrigos, faldas asimétricas que son mini y de largo cóctel a la vez.

El negro y el color carne aportan sobriedad a figuras entalladas, pero también hay lugar para estridentes verdes, amarillos, azules y naranjas. La camisa blanca, una prenda imprescindible, como lo es el chaleco, la falda de talle alto, el vestido y el abrigo.

UN BARROQUISMO MUY ‘HEAVY’

Maya Hansen, que junto a American Pérez cerraron la jornada, ha intentado mezclar la delicadeza del corsé con la estridencia del heavy metal en prendas sofisticadas.

Las tachuelas, los parches de calaveras, el glitter y la polipiel, típicos de ese contexto musical, decoran vestidos voluptuosos concebidos para ser de alta costura.

American Pérez apostó con su cálida colección por una mujer «femenina y pura», que vuelve a la alegría y la libertad de la adolescencia. Inspiradas en el campo de la América profunda y en «Twin Peaks», las siluetas inocentes beben del «new look» de los años 50 pero son muy cortas y se combinan con líneas masculinas más anchas para no caer en lo naíf.

Lana cachemir, sedas, piel y pelo en colores «robados» de las composiciones de Edward Hopper (mostazas, verde musgo, rosa palo y rojo cereza) consiguen un «look» colegial.

UNA MODA NEUTRA Y SIN ESTRIDENCIAS

Sara Coleman fue la encargada de abrir  la 51 edición de Cibeles y lo hizo con tejidos sin costuras y tiras de lana modeladas sobre la figura para conformar laberintos de agujeros tridimensionales llenos de volumen y fuerza. La diseñadora se rindió a los colores violeta, negro y verde agua.

Beba’s Closet presentó veinte piezas únicas que incorporan detalles antiguos recuperados. Gasas, encajes y cierto espíritu lencero en sus vestidos contribuyen a esculpir el cuerpo a través del modelaje.

Para Cati Serrà, la moda es unisex. Estampados florales adelantan la primavera en monos, pantalones y vestidos, aunque otros materiales como la piel también tienen cabida en cazadoras y leggins con cortes asimétricos.

Muy enlutada y sobria apareció sobre la pasarela la colección de Georgina Ordinas, con prendas de volúmenes geométricos y líneas puras con el negro como único color.

(Agencias)

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Autor

Elena Bellver

Redactora de contenido web & Seo, Copywriter & Community Manager. Es la redactora de las recetas de cocina de Periodista Digital.

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