«Fuji-show» en Chile

Parece que el tema de la extradición del otrora presidente del Perú Ing. Alberto Fujimori se va a convertir en un «Fuji-show«, como un «Gran Hermano» latino pero con sólo un participante. El espectáculo está servido. ¿Que no se lo creen?, pues, pasen y vean. Pero…¿cuándo lo nominarán?

El asunto hace rememorar la pasada detención en Londres del ex dictador chileno Pinochet a petición del juez español Baltasar Garzón. Partidarios del ex dictador chileno clamando al cielo para que liberen a su lider. En este caso también hay gente, digamos «fuji-simpatizantes» que apoyan al ex presidente peruano.

Vayamos por partes, Fujimori se encuentra recluido en una celda de tres metros cuadrados que cuenta con una cama, armario, baño, escritorio, radio, televisión por cable y la prensa del día. Pero… siempre hay un «pero». Resulta que se encuentra vigilado las 24 horas del día por tres cámaras de vídeo por circuito cerrado. Cada movimiento suyo está totalmente controlado. Si estornuda, la policía le dice ( tras las paredes) «¡Salud!»; si lee la prensa, está observado al milímetro; si come un bocadillo, a lo lejos se puede escuchar «¡Que aproveche!». Y si va a al baño… No se sabe si también le tienen controlado ahí.

Japón le dice a Chile que sean «justos» con Fuji, lo cual es interpretado por el gobierno peruano como una intromisión del país del Sol Naciente en temas que sólo conciernen a Perú y Chile. Se olvidan que también Alberto Kenya Fujimori es japonés. Sí, tiene doble nacionalidad, pero sigue siendo japonés. Lo lógico es que Japón opine o sugiera un buen trato para uno de sus subditos. Otra cosa es que lo imponga y exija enseñando los dientes y el puño cerrado.

Perú y Chile se encuentran inmersos en un diferendo marítimo, tema del cual nos ocuparemos más adelante, y esta «patata caliente» les ha caído del cielo, pero en forma de tornado el cual está crispando las relaciones bilaterales y más aún está enrareciendo el ambiente pre electoral de ambos países.

En este caso los ideólogos de los partidos que se presentan a las elecciones generales de ambos países están «comiendose el coco» para saber qué rédito ganar de este «fuji-barullo».

Mientras tanto Fujimori sigue detenido en la Escuela de Gendarmería en Santiago de Chile, vigilado las 24 horas del día en espera de una probable extradición. Y decimos probable porque en este camino empedrado en que se está conviertiendo este show hay muchas manos en la sombra que de seguro estarán tramando cómo hacer lo posible para que ésto no ocurra. No será la primera vez que diplomáticamnente el Perú se quede con la miel en los labios. Por el bien del estado de derecho y la justicia, Fujimori tiene que ser extraditado. Este tema tiene para muchos capítulos más.

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Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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