Esté sábado, cientos de miles de banderas británicas inundaron las calles de Londres.
En el epicentro de la escena, Tommy Robinson arengó a más de un millón seguidores -en cifras de los convocantes- en la mayor movilización de la derecha británica en años.
La imagen de ayer en Londres, con miles de personas coreando “queremos que nos devuelvan nuestro país”, resume el desafío: cómo conjugar la seguridad y la identidad nacional con la convivencia y el respeto a los derechos humanos en una de las democracias más antiguas de Europa.
La figura de Robinson, lejos de diluirse, se consolida como referente —y a la vez como advertencia— de un malestar que crece al calor de la crisis migratoria y la polarización política.
A día de hoy, 14 de septiembre de 2025, el nombre de este activista polariza a la sociedad británica: para unos, es un defensor de la libertad de expresión; para otros, el rostro visible de la islamofobia y el rechazo al inmigrante.
¿Quién es Tommy Robinson?
Detrás del apodo Tommy Robinson se encuentra Stephen Yaxley-Lennon, nacido en 1982 y conocido por su activismo radical desde hace más de una década. Cofundador y exlíder de la English Defence League (EDL), ha centrado su discurso en la denuncia del islamismo radical y la inmigración ilegal, así como en exponer supuestos encubrimientos policiales y políticos relacionados con redes de explotación sexual infantil, cuyos autores, según él, son en su mayoría musulmanes de origen pakistaní y bangladesí.
Robinson abandonó la EDL en 2013, pero su activismo ha continuado a través de nuevos movimientos como Pegida UK y campañas individuales en redes sociales. Ha estado vinculado a partidos nacionalistas y de extrema derecha, y ha intentado, sin éxito, dar el salto a la política institucional. Su historial incluye condenas por agresión, fraude hipotecario y desacato judicial, así como periodos de prisión en varias ocasiones.
Un día de furia: la marcha “Unir el Reino”
El pasado sábado, Robinson convocó la protesta “Unite the Kingdom” en el centro de Londres. El evento, lejos de ser una simple concentración nacionalista, se transformó en un escenario de tensión y violencia. Más de 110.000 manifestantes marcharon bajo consignas como “detengan los barcos” y “ya basta, salven a nuestros hijos”, evidenciando el hartazgo de parte de la sociedad ante el aumento de la inmigración irregular. Entre los asistentes, abundaban banderas de la cruz de San Jorge y la Union Jack, símbolos de identidad nacional.
El ambiente pronto se caldeó. Grupos minoritarios intentaron romper el cordón policial que los separaba de la contramanifestación antifascista, lo que derivó en enfrentamientos directos con la policía. Al menos 26 agentes resultaron heridos —cuatro de gravedad— y se practicaron 25 detenciones. Las fuerzas del orden desplegaron refuerzos, caballería y unidades antidisturbios para contener los incidentes, mientras helicópteros sobrevolaban la ciudad.
La contraprotesta, organizada por colectivos antirracistas, reunió a unas 5.000 personas que coreaban lemas como “refugiados bienvenidos” y “aplastad a la extrema derecha”. El choque de narrativas fue inevitable y reflejó la profunda fractura social que atraviesa el Reino Unido.
El contexto: inmigración, islamismo y polarización
El auge de las movilizaciones lideradas por Robinson coincide con una creciente preocupación social por la llegada de migrantes a través del Canal de la Mancha en embarcaciones precarias. El debate político se ha recrudecido en los últimos meses, con el gobierno laborista de Keir Starmer en el punto de mira de la derecha y los movimientos nacionalistas.
Robinson acusa a las autoridades de minimizar el impacto del islamismo radical y de encubrir delitos cometidos por minorías para evitar ser tachados de racistas. Sus documentales y denuncias sobre las redes de explotación sexual infantil han tenido eco mediático, aunque a menudo han sido cuestionados por su tono sensacionalista y por la falta de rigor en algunos casos. No obstante, informes oficiales han reconocido fallos institucionales en la protección de menores en casos como Rotherham y Rochdale.
En su reciente intervención, Robinson insistió en que “la revolución ha comenzado”, asegurando que las élites políticas repiten ahora argumentos que él y sus seguidores llevan años defendiendo. La presencia virtual del magnate Elon Musk, quien mostró su apoyo en un mensaje grabado, y de figuras europeas de la ultraderecha, elevó el perfil internacional de la marcha.
Por qué esta protesta ha sido diferente
Las movilizaciones de Robinson han sido frecuentes, pero la del pasado sábado marcó un antes y un después. Por tamaño, retórica y contexto político, la “Unite the Kingdom” fue distinta:
- Superó ampliamente en asistentes a manifestaciones previas de la ultraderecha, aunque quedó lejos de las cifras de marchas propalestinas recientes.
- La presencia de figuras internacionales y el apoyo público de Musk amplificaron el impacto mediático.
- El tono de “día de furia” —con referencias a la traición de las élites y la necesidad de “recuperar” el país— radicalizó el mensaje y atrajo a sectores más amplios de la derecha.
- La violencia registrada y el despliegue policial sin precedentes evidenciaron la tensión social y la creciente polarización.
Robinson: símbolo, amenaza o síntoma
El fenómeno Tommy Robinson divide a la opinión pública. Sus partidarios lo ven como un portavoz valiente frente al tabú político, mientras que sus detractores denuncian su discurso como racista y peligroso. Las autoridades, por su parte, han respondido con firmeza ante las infracciones legales, aunque el propio Robinson denuncia una persecución política.
El futuro de su movimiento dependerá de varios factores:
- La capacidad de canalizar el descontento social hacia propuestas políticas concretas.
- La respuesta del gobierno británico ante la presión migratoria y el auge de los discursos identitarios.
- La evolución de la seguridad pública y la gestión de la protesta social.
Mientras tanto, el Reino Unido sigue dividido entre quienes temen perder su identidad y quienes apuestan por una sociedad tibia y sin definición.
