La historia de las gemelas Romina y Taraneh Rahimi refleja la ferocidad de la represión en Irán contra aquellos que se manifestaron en enero.
Taraneh ha sido condenada a muerte, mientras que Romina corre el riesgo de pasar 36 años en prisión.
Ambas hermanas fueron detenidas tras participar en las manifestaciones en Isfahán, una ciudad situada en el centro de Irán.
Tenían apenas 19 años y aún se hallaban en plena etapa de estudio. Ahora, permanecen encarceladas en la prisión de Dowlatabad, después de haber cumplido ya 20 años tras las rejas.
Un juicio en el marco de una ofensiva más amplia
Taraneh y Romina son parte de un proceso que involucra a 16 personas acusadas por los disturbios que ocurrieron en torno a la plaza Shohada. La Fiscalía las señala por su supuesta implicación en la muerte de un miembro del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, aunque no hay evidencia clara de que ambas hayan sido condenadas por homicidio.
Se les imputa la comisión de delitos como moharebeh, que se traduce comúnmente como «enemistad con Dios» o «guerra contra Dios», además de haber participado en la destrucción de propiedades públicas, así como en reuniones y conspiraciones que ponen en riesgo la seguridad nacional y en propaganda negativa contra el Estado. Es crucial señalar que, en el sistema penal iraní, la acusación de moharebeh puede condenar a muerte.
Los datos disponibles revelan la magnitud del veredicto:
- Diez de los 16 acusados han sido condenados a muerte.
- Taraneh, además de la pena capital, enfrenta otra de 11 años de prisión.
- Romina, en su caso, suma penas que totalizan los 36 años.
- Entre los 16 procesados, organizaciones de derechos humanos reportan un total de 256 años de prisión.
Las sentencias son en principio apelables. Aunque la defensa se encuentra preparando el recurso, la familia teme que las autoridades agilicen el proceso. En los últimos años, Irán ha hecho uso de cargos relacionados con seguridad nacional y delitos religiosos para castigar a manifestantes, activistas y opositores.
Denuncias de torturas y confesiones forzadas
La familia de las jóvenes sostiene que ambas sufrieron maltratos durante su captura. Según sus allegados, han denunciado que fueron golpeadas, sufrieron lesiones en los pies y enfrentaron amenazas de agresiones sexuales. Aseguran que Taraneh firmó una confesión tras ser amenazada con la violencia contra su hermana.
Estas acusaciones aún no han sido confirmadas de manera independiente. Sin embargo, diversas organizaciones de derechos humanos han advertido reiteradamente sobre el uso de confesiones obtenidas bajo coerción en los procesos relacionados con las protestas. La defensa argumenta que no existe evidencia concreta que relacione a las gemelas con actos violentos y que los abogados no pudieron acceder adecuadamente al expediente antes del juicio.
Asimismo, el deterioro de la salud de Taraneh ha intensificado la presión sobre el caso. Sus familiares afirman que presenta dificultades para caminar y que un médico de la prisión recomendó una resonancia magnética, aunque las autoridades no habrían permitido su traslado a un centro hospitalario. También han denunciado limitaciones en el acceso a alimentos y represalias contra la familia por hacer pública la situación.
Qué puede suceder a continuación
El próximo paso será una revisión judicial de la condena a muerte. En teoría, el Tribunal Supremo tiene la capacidad de confirmar, modificar o anular el veredicto. Sin embargo, en la práctica, el margen de maniobra dependerá de la solidez de la defensa, de la presión internacional y del deseo de las autoridades de evitar que este caso se convierta en un símbolo de la represión.
Las opciones pueden seguir tres direcciones principales:
- Anulación o disminución de las penas, si el tribunal superior acepta las apelaciones o encuentra insuficientes las pruebas.
- Confirmación de las condenas, lo que expondría a Taraneh a la ejecución y a Romina a una prolongada estancia en prisión.
- Demoras procesales, una opción que mantendría a las dos hermanas tras las rejas mientras aumenta la presión de las organizaciones internacionales.
La situación se plantea en un contexto de gran preocupación por el uso de la pena de muerte en Irán. Organizaciones de derechos humanos han denunciado que los juicios relacionados con las protestas vulneran garantías fundamentales y que las autoridades recurren a sentencias ejemplarizantes para desincentivar nuevas movilizaciones.
La historia de estas gemelas pone de manifiesto el impacto familiar de tal estrategia represiva. Una madre que apenas puede articular palabras tras conocer la sentencia, abogados que luchan por ganar tiempo, y una familia que teme no volver a ver a Taraneh con vida. Mientras tanto, Romina enfrenta una condena que podría marcar su juventud y buena parte de su vida adulta.
Más allá de la gravedad del contexto judicial, estas hermanas comparten una particularidad que les da una historia única: nacieron como gemelas, estudiaban juntas y fueron arrestadas de forma independiente antes de terminar en la misma prisión. Actualmente, sus destinos aparecen marcados por la desdicha de una sentencia, pero están unidas por el mismo expediente y la incertidumbre sobre lo que les depara el futuro tras la apelación.
