EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (LXXIX)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Todo parece indicar que el avión se ha desintegrado en pleno vuelo, tras sufrir un atentado. Pero esto no deja de ser una especulación, como otras/os han largado o soltarán otras.
El atentado del 11-M se parece al espacio sidéreo, en el que los entendidos especulan con la existencia de ene agujeros negros.
Las imágenes de ese vídeo al que te refieres (confeccionado con puñadas y patadas sin número, que no venían a cuento) son manifiestamente violentas. He leído (y hasta escuchado y visto, pero de lo último no estoy del todo seguro —porque en mi mente, últimamente, reconozco que se juntan teselas que, en un primer momento, parece que encajan a la perfección, pero que luego uno se da cuenta de que corresponden a mosaicos distintos—) en varios periódicos las declaraciones de la madre de la adolescente (menor de catorce años, ergo, inimputable). Si la solución que se toma (esa es, por el momento, la que ha adoptado la sociedad) para resolver el problema es la expulsión de la adolescente problemática, el problema (el comportamiento violento de la púber) se habrá procrastinado, porque seguirá existiendo, al no haber sido resuelta la causa u origen del mismo.
La grabación de las imágenes por parte de, al parecer, otra adolescente, da cuenta de la sociedad en la que estamos inmersos, que estamos construyendo (con pies de barro). Que prime la grabación de la violencia que ejerce una chica sobre otra por encima de la mediación para que la paliza acabe cuanto antes dice mucho de qué valores estamos inculcando en las/os niñas/os y adolescentes patrias/os. Como adujo Edmund Burke, “para que el mal triunfe basta con que los hombres de bien se queden cruzados de brazos”. Hannah Arendt en su obra “Eichmann en Jerusalén” (que lleva el subtítulo de “Un informe sobre la banalidad del mal”) acuñó la expresión “la banalidad del mal” para dar cuenta de una realidad inobjetable: algunos individuos actúan según las reglas del sistema sin preocuparse ni reflexionar si lo que hacen está bien o mal.
Como escribió en “Macbeth” William Shakespeare, “quien saque como vosotros bien del mal, y haga amigo al enemigo, llevará la bendición de Dios”.
He escuchado muchas veces (más que leído) “La muralla”, el poema maniqueo (por su notoria valoración dicotómica) del cubano Nicolás Guillén que, para mí, siempre irá unido a la voz de María del Pilar Cuesta Acosta (cuyos nombre de pila y apellidos parecen contener y hasta dar buena cuenta de la mencionada “muralla”: pilar, cuesta y costa —desde la playa hasta el monte y/o viceversa—), conocida artísticamente como Ana Belén. A propósito de la mencionada “muralla”, hoy conjeturo tres pareceres, solidarios entre sí:
1) La muralla, en sí misma, es una creación negativa, porque separa.
2) Entiendo que es más mental que física.
3) Ergo, advierto cierta antítesis o contradicción (como las que refiere el propio poema) en los términos: juntar manos para separar.
Lunes y martes (clara personificación o prosopopeya y cristalino vocativo) son los días de la semana (a los que invoco, llamo o nombro) que aprovecha servidor para urdir. Pero podría mudar esos días por otros, porque también ocurre lo propio los miércoles y los jueves. Y no son la excepción que confirma la regla (sino la misma norma) ni los viernes, ni los sábados, ni los domingos.
Las filias y las fobias (contrarias a las que preceden) son, en esta décima, opciones. O eliges unas u otras (para completar los ocho versos octosílabos pertinentes).
Es lógico que te tenga embobado o embelesado (no eres el único) el soneto anónimo que arranca con ese endecasílabo al que, por cierto, has olvidado colocar las comas preceptivas del vocativo: “No me mueve, mi Dios, para quererte”.
Cuando urdí la décima, seguramente, no estaba pensando ni tenía en mente la famosa frase de Vittorio de Sica, que ahora reparo en que le viene como alianza al anular: “La Biblia enseña a amar a nuestros enemigos como si fueran nuestros amigos, posiblemente, porque son los mismos”.
Te saluda, aprecia y abraza
Ángel Sáez García
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