EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (XCV)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Ya sabes (no insistiré en ello) que un autor (o autora) elige entre las diversas opciones que advierte o se le muestran, entre las diferentes o varias varillas del abanico. Elegí el vocablo “estomagante” (el DRAE da de la susodicha voz el siguiente significado: “que resulta desagradable o antipático”) porque, entre la gente elegante (o “gente guapa”; traducción más correcta de la expresión inglesa “beautiful people”), hay de todo, “como en botica”; así dice, al menos, aún la locución verbal y coloquial al uso. Algunas actitudes o comportamientos de las personas que he agrupado bajo el citado marbete me parecen o resultan estomagantes.
Ya sabes qué opino de don Rafael Nadal. No sé si se merece más doctorados que muchas/os otras/os. Lo que sí sé es que lo que hace, jugar a tenis, lo hace estupenda o magníficamente. Hasta a la hora de perder (él, que está habituado a ganar) se comporta como un señor, de los pies a la cabeza. Es un ejemplo inmejorable y un espejo modélico (al estilo del quevedesco “Buscón”, llamado don Pablos) para nuestras/os niñas/os y jóvenes, pero al contrario, en bueno o positivo, claro.
Ignoro las razones que adujo entonces y las que ha alegado hoy Nadal, pero, seguramente, estas han resultado apropiadas y correctas a quienes las han escuchado.
Ya sabes qué opino sobre mi tan traído como llevado DES (acrónimo de dedicación, esfuerzo y sacrificio), base o fundamento de la medra o progreso personal y hasta del éxito.
Quien tenía un Miró en el váter, si no marro, anda aún por la trena. Hay quien piensa que el susodicho tenía el rostro tan duro como una roca. Supongo que el mentado pretendía esta extravagancia u otra parecida: miró cómo unir dos apellidos Roca con el apellido Miró y le salió lo que, al ser vox pópuli, todos conocemos.
La subasta que mencionas es una excepción a la regla, porque es óptima, solidaria con la devoción cornaguesa a su compatrón, san Blas.
Abundo contigo o coincido con tu parecer sobre la beata Madre Teresa de Calcuta, el ejemplar padre y/o profesor (pues, a veces, es el mismo —con o sin título— y, a veces, no es el de uno, sino uno o varios curas —los hay de todo tipo—, como los, por tantas razones, inolvidables Daniel, Jesús, Pedro María, Salvador, “Chema”, Ezequiel, Padres Camilos que nos desasnaron y formaron como personas en Navarrete, durante nuestra celestial adolescencia) y demás casos.
Te saluda, aprecia y abraza, como ya es la despedida habitual de y en las epístolas que a ti te dirige quien usa el alias de Otramotro (como pequeño homenaje a don Miguel de Unamuno y Jugo, uno de sus autores predilectos), tu amigo
Ángel Sáez García
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